DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

Doklam Plateau

El capítulo más reciente del enfrentamiento entre el dragón chino y el elefante indio en el Himalaya terminó. El 28 de agosto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la India publicó un comunicado oficial señalando que durante toda la crisis en la región de Doklam había mantenido canales alternativos de comunicación diplomática con su rival chino; “En el transcurso de estas comunicaciones, pudimos expresar nuestros puntos de vista y transmitir nuestras preocupaciones e intereses… Sobre esta base, hemos acordado una rápida retirada del personal fronterizo en Doklam.”

Semanas de esfuerzos diplomáticos tras bambalinas lograron desactivar lo que una vez pareció ser una crisis de gran envergadura. Los ministerios de Relaciones Exteriores de ambos paìses emitieron declaraciones reconociendo la disminución de la tensión. Sin embargo, la declaración de cada país acerca de los detalles del fin del enfrentamiento varió en el énfasis. India destacó el “entendimiento” entre las dos partes que llevó al “pronto retiro del personal fronterizo”. La RPC optó por subrayar cuidadosamente que las tropas indias se habían retirado del territorio situado en el centro del impasse – territorio que la RPC considera incuestionablemente chino.

Cabe recordar que el 16 de junio, las tropas del Ejército indio cruzaron una cresta que separa el estado indio de Sikkim de lo que Nueva Delhi ve como el territorio de su aliado, Bután, a  fin de impedir la extensión de una carretera existente. Durante el enfrentamiento de casi tres meses de duración, India y Bután buscaron un resultado único: impedir la extensión de dicho camino.

Nueva Delhi logró alcanzar este resultado sin que Bután tenga que salir de su cuidadosamente calculada posición de silencio. Bután no tiene relaciones diplomáticas con la RPC y mantiene con este país varias disputas territoriales pendientes más allá de Doklam. La RPC, por su parte, afirmó que seguiría patrullando la zona, como lo hizo antes del inicio del enfrentamiento y, más ambiguamente, ejerciendo “soberanía” en la zona. La declaración de la RPC ofrece a Beijing una manera de “salvar cara” (save face). Sin embargo, a pesar del formalismo y mesura de la reacción oficial de Nueva Delhi, los medios de medios de comunicación indios hablan de una “victoria” de su país sobre la China.

Por supuesto, la crisis de Doklam siempre fue más sobre algo más importante que un simple camino en un oscuro pedazo de territorio disputado; en última instancia, el conflicto era acerca de cómo se miden las dos grandes potencias nucleares asiáticas. La India ya había criticado duramente la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative) del Presidente chino, Xi Jinping, señalando las condiciones que deben cumplir las iniciativas de infraestructura y conectividad en Asia. La oposición de la India también sirvió como una forma de devolverle el golpe a Beijing por la negativa de la RPC de apoyar la adhesión de su país al Grupo de Suministradores Nucleares; un grupo internacional destinado a contrarrestar la exportación de equipos para fabricar armas nucleares.

Para la RPC, la experiencia en Doklam servirá como una fuente de importantes lecciones. La más significativa es la clara determinación india cuando sus intereses de seguridad nacional están involucrados. El enfrentamiento sirvió también para que la RPC entienda que deberá gastar más recursos y exponerse a mayores riesgos si desea enfrentarse nuevamente a la India. Finalmente, una vez que quedó claro que la única manera de salir del estancamiento en Doklam era un conflicto militar – lo que ninguno de los dos países deseaba en este momento – prevaleció la diplomacia.

Por otro lado, las consecuencias económicas de un eventual conflicto entre las dos grandes potencias asiáticas, hubiese tenido efectos significativos para ambos contrincantes. China habría perdido un mercado de exportación valorado en el 2016 en 61,300 millones de dólares y la India 10,200 millones de dólares en el mismo período. Nueva Delhi es consciente del enorme potencial económico de la RPC y, a este respecto, ha señalado las dificultades para acceder a sectores clave, como la agricultura, las tecnologías de la información y los productos farmacéuticos. Coincidentemente, estos sectores han sido uno de los principales impulsores del creciente déficit comercial bilateral (51,100 millones de dólares en el 2016). India ha impuesto derechos antidumping a 93 productos chinos – entre ellos químicos y petroquímicos, productos de caucho y plástico, así como artículos eléctricos y electrónicos. La respuesta de las autoridades chinas, que tratan, en la medida de lo posible, mantener un equilibrio entre sus deseos geopolíticos y su expansionismo económico, ha sido decidir el envío de una delegación oficial de alto nivel, liderada por el ministro de Comercio, Zhong Shan, a la India, a finales de diciembre próximo, con el objetivo de tratar la cuestión del creciente déficit comercial.

Desde el punto de vista chino, la solución al problema del Doklam una semana antes de la 9ª Cumbre de los BRICS, de la que la RPC es anfitriona en la ciudad de Xiamen, entre el 3 y el 5 de septiembre, permitió evitar la casi inevitable ausencia de las autoridades indias a dicha cita. Esto hubiese comprometido la imagen que la RPC desea proyectar: la de una superpotencia, con un enorme poderío militar y económico, pero razonable y responsable. India ya había boicoteado la Cumbre sobre la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative), celebrada en mayo de este año, en señal de protesta por el lanzamiento del Corredor Económico China-Pakistán. Si hubiese hecho lo mismo con la Cumbre de los BRICS, no sólo habría afectado gravemente la imagen de los BRICS, sino que habría golpeado la imagen política del presidente Xi Jinping en la escena internacional, algo mucho más importante para los intereses chinos.

El resto del continente asiático ha seguido con atención el desarrollo de la disputa. La posición estratégica de Nueva Delhi salió reforzada; esta es la segunda vez que la India se mantiene firme frente a su vecino más grande y mucho más poderoso. La India consiguió lo que quería: la restauración, en el terreno, del statu quo al 18 de junio pasado. Lo que viene después será de gran importancia para la relación entre China e India. Su frontera seguirá siendo disputada. Su relación mantendrá un equilibrio inestable entre la cooperación en algunos asuntos y la intensa competencia en otros. Lo que queda por ver es si la experiencia amarga de Doklam dejará una marca indeleble en las autoridades chinas.

Finalmente, vale la pena recordar que la RPC mantiene disputas territoriales con casi todos sus vecinos – incluyendo Japón, Filipinas y Vietnam. Los países asiáticos – desde Vietnam hasta Indonesia, pasando por Japón y Singapur, así como Nepal y Bután – también pueden extraer valiosas lecciones. En primer lugar, saben que la India puede transformarse en un contrapeso importante a las veleidades chinas. Si la India es capaz de respaldar este respeto recientemente ganado, con acciones geopolíticas y económicas adecuadas, podrá desarrollar nuevos lazos estratégicos con los países del Sur y del Este asiático.