DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

Los acontecimientos de las últimas 4 semanas en Corea del Norte – desde el lanzamiento de misiles balísticos sobre el Japón hasta la prueba de lo que todo indica sería su primera bomba de hidrógeno – apuntan a que Pyongyang está decidida a seguir incrementando la tensión.

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En el discurso pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 19 de septiembre pasado, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, señaló que su país “tiene gran fuerza y paciencia, pero si se ve obligado a defenderse, o a sus aliados, no tendrá más remedio que destruir totalmente a Corea del Norte”. Para utilizar una palabra tan de moda en la política nacional actual, Trump está pechando a Kim. A pesar de los esfuerzos de diversos países y organismos internacionales en las últimas dos décadas, las sanciones, el aislamiento y el ostracismo de una buena puerta de la comunidad internacional, la República Popular Democrática de Corea (RPDC) ha logrado mucho más de lo que la mayoría de analistas y expertos predecían hace sólo algunos años: una capacidad viable y con proyección extra regional de su cada vez más sofisticado arsenal nuclear. Todo esto con uno de los PIB per cápita más bajos del mundo y una población de apenas 23 millones de habitantes.

Entre los principales culpables de la situación actual, podemos señalar a la dirigencia del Partido Comunista Chino (PCC). A pesar del papel vital que sigue teniendo para la sobrevivencia del régimen norcoreano no sabe (o quiere) utilizar su influencia para persuadir a su truculento y problemático vecino de abandonar sus acciones cada vez más belicosas. La República Popular China (RPC) enfrenta las consecuencias de su pasividad. A sus vecinos (India, Rusia y Pakistán) con capacidad nuclear debe agregar ahora a los norcoreanos como potencia nuclear plena (armas nucleares y capacidad balística avanzada) capaz de resistir la presión que pueda eventualmente querer ejercer. Estar rodeado de cuatro Estados nucleares es una situación por lo menos incómoda para cualquier país que desea incrementar su proyección de poder, tanto a nivel regional como global.

China´s nuclear neighbourhoodNúmero de ogivas nucleares.

La capacidad balística de las armas nucleares de la RPDC incrementa significativamente la inestabilidad en la esfera de influencia inmediata de la RPC, impactando negativamente en sus planes de mediano y largo plazo de transformarse en el actor regional dominante y una superpotencia global. Todo en el preciso momento en que la RPC parecía estar a punto de cumplir el principal sueño de sus autoridades, particularmente el Presidente Xi Jinping, de lograr restaurar su condición de potencia mundial; por ejemplo, a través de su proyecto de nueva ruta de la seda, One Belt One Road.

Claro que desde el punto de vista de las autoridades de Pyongyang, su capacidad nuclear es la mejor garantía que no podrán ser derrocados si sus enemigos no están dispuestos a asumir los enormes costos civiles de un conflicto armado. Este juego de suma cera de Corea del Norte, está basado en una diplomacia sin principios, cuyo accionar tiene como único fin mantener en el poder al régimen de los Kim, pase lo que pase y a cualquier costo. Hasta el momento, todo parece indicar que ha logrado su cometido. Nadie, en su sano juicio, está dispuesto a sacrificar Seúl o una de las grandes metrópolis japonesas.

Los sucesivos Kim han sabido atizar la mentalidad paternalista de los líderes chinos, cuyas élites los han considerado siempre como los hermanos más pequeños; unidos por un sistema político común, pero demasiado pobres, ignorantes y aislados como para causarles problemas. Los chinos han afirmado reiteradamente que los norcoreanos son tercos y que arrinconarlos es contraproducente. La situación en el terreno demuestra que en todo caso en lo relativo a la terquedad tienen razón; los avances balísticos y nucleares de un país tan pobre como Corea del Norte son realmente impresionantes.

El orgullo y el miedo a “perder cara” (diu lian) de los líderes chinos les impedirá reconocer que los Kim lograron no sólo “chantajearlos”, sino utilizaron sus miedos y complejos de inferioridad, para lograr extraer ventajas en beneficio propio. Ahora deben enfrentarse a la realidad del problema que tienen ad portas en un sistema internacional modificado por las elecciones presidenciales del 2016 en los Estados Unidos. Los norcoreanos han logrado pasar de ser una espina fastidiosa a algo más parecido a una herida abierta. Y las opciones a disposición de las autoridades chinas son cada más limitadas. Cualquier acción requerirá aceptar la necesidad de una intervención más activa en la Península Coreana. Esta última idea va en contra del conservadurismo de la dirigencia china actual. Es difícil ver cómo el liderazgo de la RPC, en especial Xi Xinping, será capaz de aceptar este cambio de estilo. Por otro lado, hay figuras destacadas del actual Politburó como Zhang Dejiang que estudiaron en Pyongyang en los años setenta.

Por ejemplo y a pesar de haber sido acusados en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por la Representante Permanente de los Estados Unidos ante dicho organismo de “sostener” al régimen en Pyongyang, la respuesta de las autoridades de Beijing sigue siendo la misma. Luego del primer lanzamiento exitoso de un misil balístico intercontinental (ICBM), el 4 de julio pasado, reiteraron su propuesta de que Pyongyang declare una moratoria a sus pruebas nucleares y de misiles, a cambio que los Estados Unidos y Corea del Sur suspendan sus ejercicios militares conjuntos; les han puesto el nombre de “suspensiones duales”.

En un documento recientemente publicado por el Ejército Popular de Liberación (EPL) de la RPC, algunos expertos chinos analizaron diversos aspectos relacionados con los acontecimientos recientes en la Península Coreana. Lo primero que hicieron fue explicar las motivaciones detrás de la política del PCC en Corea del Norte, afirmando que el interés inmediato de la RPC es prevenir la guerra en la Península Coreana y que su interés más amplio es preservar la estabilidad de la misma. El objetivo deseado es que China adquiera un entorno externo pacífico que le permita continuar con su construcción económica.

Sobre el particular, es importante recordar que la legitimidad del PCC se debe en gran medida en la capacidad que tenga de generar un crecimiento económico sostenido; este es uno de los principales objetivos para promover el proyecto One Belt One Road. Si la economía china colapsa, también lo hará el PCC. Por lo tanto, uno de los pilares de su política exterior es promover la estabilidad en los estados vecinos para poder seguir concentrando recursos en el crecimiento económico. A ambos objetivos, estabilidad y crecimiento económico, habría que sumar el deseo de Xi Jinping de concluir la transformación de la RPC en la potencia regional dominante y una de las grandes potencias con capacidad de proyección global.

En ese sentido, el informe señala que Washington estaría intentando utilizar la crisis en la Península Coreana para reducir el espacio estratégico de China y contener su expansión. Afirma que la arriesgada política de Pyongyang tendría como principal objetivo forzar a los Estados Unidos a no tener otra opción que abolir las sanciones económicas y los bloqueos de todo tipo contra Corea del Norte; al final de cuentas, Pyongyang se está jugando la supervivencia de sus líderes. Independientemente del desarrollo nuclear norcoreano, afirma que la RPC debe seguir desempeñando el papel de mediador, árbitro, promotor de la paz y facilitador del diálogo.

Esta preferencia china por mantener la paz y la mayor estabilidad posible en la Península Coreana es una política de muy larga data; fue heredada por la República Popular China de la República China (1912-1949), cuya visión sobre el tema había sido forjada por la dinastía Qing y sus antecesores en el trono imperial. Mao Zedong se opuso desde un inicio, aunque sin éxito, al plan de Stalin y Kim Il-sung para iniciar el conflicto armado de 1950 (la Guerra de Corea). En los años setenta, cuando Kim Il-sung, después de presenciar la victoria de los comunistas en la guerra de Vietnam, propuso un nuevo intento de reunificar la península por la fuerza, Mao rechazó y bloqueó el plan. La RPC se ha opuesto siempre, a veces sin éxito, a cualquier intento de desestabilizar la Península Coreana, independientemente del instigador. Por eso, incluso bajo fuertes críticas de la comunidad internacional por su indulgente aplicación de las sanciones económicas a Corea del Norte, es importante recordar que Beijing sigue creyendo firmemente, como lo demuestra el informe del EPL, que el problema de seguridad de la Península Coreana en sí, es inseparable de la seguridad nacional de China.

¿Cómo debemos entonces analizar lo señalado por la Administración Trump como una victoria diplomática, la reciente votación de 15-0 de una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que impone nuevas sanciones a la RPDC? Éstas incluyen una prohibición completa de las exportaciones de carbón, hierro y plomo – importantes fuentes de divisas para el régimen de Pyongyang.

El éxito de estas nuevas medidas dependerá en gran medida de la eficacia con la que China, como principal interlocutor comercial de Corea del Norte, las haga cumplir. Para decidir qué tan vigorosamente las implementa, Beijing sopesará diversos factores que compiten entre sí: 1) las reacciones de Corea del Norte; 2) las expectativas del público chino; y 3) la posibilidad de sanciones secundarias adicionales por parte de los Estados Unidos a firmas chinas que sean declaradas culpables de incumplir las decisiones del Consejo de Seguridad.

Una variable menos obvia, pero potencialmente más importante en el cálculo de China, es si Rusia aprovechará la situación para fortalecer su propia influencia en Corea del Norte. Por el momento, la presencia económica rusa en Corea del Norte es marginal; el intercambio comercial es inferior a los 100 millones frente a los casi 7,000 millones de dólares con la RPC. Pero eso podría cambiar, como lo señaló la Representante Permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, cuando advirtió que Rusia podría reaprovisionar a la RPDC a medida que disminuye el papel económico de China. Es preciso recordar que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ya puso en la lista negra a dos firmas rusas, incluida una petrolera, por evadir las sanciones a Corea del Norte.

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Desde el punto de vista de la política interna china, la posibilidad que Rusia pueda explotar la reducción del comercio chino en beneficio propio puede darle a Beijing los argumentos necesarios para no presionar tan agresivamente a Pyongyang. Lazos económicos más fuertes entre Rusia y Corea del Norte podrían no sólo negar el impacto deseado de las sanciones, sino debilitar la (¿disminuida?) influencia política de China sobre la RPDC. Uno de los resultados posibles de esa evaluación sería la aplicación laxa de las sanciones y otro, la compensación a través de la cooperación en áreas difícilmente sancionables, como la salud.

Sobre el particular, podemos identificar dos preocupaciones principales de las autoridades chinas sobre un reforzamiento de la relación bilateral entre Rusia y Corea del Norte. En primer lugar, los analistas chinos sospechan que el objetivo de Putin es volver al nivel de relaciones que mantuvieron diversos líderes soviéticos y Kim Il-sung. Por ejemplo, en el 2003, el ahora presidente de los influyentes Institutos Chinos de Relaciones Internacionales Contemporáneas, y experto en Rusia, Ji Zhiye, argumentó que Putin estaba ayudando a Corea del Norte a fin de desarrollar sus exportaciones de armas, energía y tecnología, al mismo tiempo que explotaba la mano de obra barata proveída por la RPDC para revitalizar las zonas industriales del Lejano Oriente ruso. En el 2015, otro analista de los referidos institutos señaló la evolución “sin precedentes” de los vínculos económicos ruso-norcoreanos, incluyendo el aumento del comercio bilateral, préstamos en forma de exportaciones de granos rusos y derechos de tránsito derivados de un ferrocarril que conectaría eventualmente Siberia con Corea del Sur. Una reducción del comercio RPC-RPDC podría otorgarle a Putin la oportunidad de promover la agenda bilateral. En segundo lugar, a pesar de la asociación estratégica entre China y Rusia y la coordinación entre ambos países sobre diversos temas relacionados con Corea del Norte, algunos analistas chinos señalan que como parte de su propio “reequilibrio” asiático, Moscú podría tratar de reforzar su influencia en la región a través de lazos más fuertes con Corea del Norte, complementando el deseo de Pyongyang de reclutar nuevos benefactores.

Sin embargo, también hay analistas que apuntan en la dirección opuesta, argumentando que el liderazgo chino es consciente que Corea del Norte siempre busca aprovechar las divergencias entre las principales potencias para lograr sacar beneficios de cada una; no llegando nunca a ser totalmente dependiente de una sola. Incluso si Rusia quisiese cultivar una influencia duradera, Pyongyang “cubriría sus apuestas” y volvería a pivotar hacia China. Asimismo, un reciente editorial del Global Times, diario cercano al Partido Comunista Chino, ofreció dos argumentos en contra de cualquier posibilidad intervencionista rusa. En primer lugar, Rusia carece de los medios económicos para compensar las pérdidas de Corea del Norte debido a la aplicación de sanciones por parte de China. Por otro lado, Moscú es el aliado “junior” de la asociación estratégica entre los dos países y necesita más a China de lo que la RPC necesita a Rusia.

Es más probable que Beijing presione económicamente a Corea del Norte si llega a la conclusión de que Rusia no podrá explotar la situación para perseguir sus propios objetivos económicos y geopolíticos. Los Estados Unidos y sus aliados deben apoyar esa conclusión más benigna, imponiendo de manera proactiva nuevas sanciones a las firmas rusas que violen las sanciones y al seguir presionando a Moscú para que cumpla con los términos de la resolución que aprobó. Washington también debe instar a Beijing a utilizar su condición de miembro “senior” de la asociación estratégica con Rusia para alentar su moderación.

Pero las autoridades en Beijing también pueden llegar a la conclusión que, por razones estratégicas y/o políticas, evadir las sanciones o, en todo caso, aplicarlas sin mucho esfuerzo – manteniendo el nivel actual de relacionamiento comercial con Corea del Norte – sirve mejor sus intereses geopolíticos y económicos. Podría, en ese sentido, aprovechar la percepción de los motivos ocultos rusos para rebajar las expectativas estadounidenses y de sus aliados de que China cumpla las sanciones, al insinuar que sus manos estarían atadas por las maquinaciones rusas.

Separar el grano de la paja sólo será posible a través de una evaluación meticulosa de los principales objetivos de la RPC, así como de las capacidades reales de Rusia. Obviamente nada de lo hasta ahora expuesto garantiza que las últimas sanciones frenen las aspiraciones nucleares y balísticas de Pyongyang; y el pasado no inspira confianza.

Pero la RPC aún cuenta con cierta influencia en Pyongyang, así como los instrumentos necesarios para ser más decisivos y proactivos en el tratamiento de la crisis en la Península Coreana. Por otro lado, las autoridades en Beijing también saben que no pueden contar con la predictibilidad pasada de los Estados Unidos; el irascible Donald Trump es perfectamente capaz de respuestas petulantes y desproporcionadas.

A las autoridades chinas les gusta mencionar el término “win-win”. En el caso de la Península Coreana, pueden poner en práctica lo que predican. Una respuesta fuerte y clara de la RPC es la oportunidad de demostrarle al mundo que es verdaderamente una gran potencia; y no simplemente una capaz de hablar sobre temas importantes lejanos, pero pasiva al momento de tratar algo tan fundamental para la paz y la seguridad internacionales.