DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

En el marco de la cumbre más reciente de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), celebrada en Bishkek, capital de Kirguistán, el 4 de noviembre pasado, el primer ministro chino, Li Keqiang, instó a los participantes a analizar la posibilidad de crear una zona de libre comercio en el marco de dicha organización, a fin de potenciar el crecimiento económico de todos los países de la región. Durante su intervención, el jefe del Consejo de Estado chino señaló que su país está dispuesto a elaborar un estudio de factibilidad sobre un potencial TLC, así como sus beneficios, destacando los esfuerzos en curso para mejorar las sinergias entre la iniciativa “One Belt, One Road” (OBOR) del presidente Xi y la Unión Económica Euroasiática (UEE).

Es probable que la iniciativa china encuentre cierta reticencia por parte de Moscú, puesto que la UEE fue específicamente establecida para apoyar los intereses geopolíticos rusos. Por otro lado, la economía rusa tendría dificultades para lidiar con la negociación y posterior establecimiento de una nueva zona de libre comercio, al estar actualmente enfocada en solucionar las tensiones y problemas internos de la UEE. Asimismo, la idea china de transformar a la OCS en una zona de libre comercio levantaría los temores de Moscú que los productos chinos, en muchos casos más baratos, invadan sus mercados a través de los países de Asia Central, particularmente Kirguistán y Kazajistán. En ese sentido, el primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, señaló la necesidad que tiene su país de pensar en los aranceles de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad a la que ingresó después de largos años de espera, como una de las dificultades que tendría su país para abordar sustancialmente la propuesta china.

Las cifras macroeconómicas parecen indicar que la zona de libre comercio propuesta por la RPC se transformaría en una carga adicional para Rusia, cuya economía ya se encuentra estancada debido a los bajos precios del petróleo y las sanciones internacionales; por ejemplo, el 15 de diciembre, la Unión Europea tomaría la decisión de extender por seis meses más las medidas aplicadas por la anexión de la región ucraniana de Crimea y el apoyo de Moscú a los rebeldes del este de Ucrania. Asimismo, la mayoría de miembros de la UEE no ha recibido hasta el momento los beneficios esperados de su membresía, habiéndose más bien visto envueltos en numerosas disputas arancelarias y para arancelarias.

Las tensiones entre los miembros se agudizaron aún más cuando, el 30 de noviembre del 2015, Kazajstán ingresó a la OMC, cuyas condiciones de adhesión exigen aranceles más bajos que los adoptados por la UEE. Kirguistán, que ingresó a la OMC en 1998 y durante muchos años gozó de aranceles bajos y productos chinos baratos, se encuentra actualmente en la situación más complicada; la decisión de la UEE de aumentar los aranceles impuestos a los productos chinos le hizo perder su capacidad para reexportarlos, afectando así seriamente una importante fuente de ingresos. Mientras espera que se materialice el prometido milagro económico de la UEE, Kirguistán, cuyo presidente es pro ruso, depende en la actualidad de la asistencia financiera ad hoc proveniente de Moscú.

Es preciso reiterar lo que diversos expertos, incluyendo varios del Banco Mundial, han señalado en múltiples oportunidades. El propósito central de la UEE es permitirle a Rusia expandir sus exportaciones y su presencia en Asia Central, en detrimento de las exportaciones e influencia provenientes de otros países, como la Unión Europea o China. La UEE es un bloque cuyo propósito casi exclusivo es servir los intereses rusos, cuya economía representa alrededor del 86% del PIB total de dicho organismo. En comparación, el PBI de Kazajstán, la segunda economía más grande, tanto en tamaño como potencial económico, representa menos del 10%. En ese sentido, Rusia domina el proceso de toma de decisiones al interior de la UEE, lo que le permitió adoptar e implementar un arancel externo común basado en sus aranceles preexistentes; los kazajos que compran automóviles pagan ahora mucho más a pesar de no contar con una industria automotriz propia.

El objetivo político de Moscú es mantener su estatuto de potencia euroasiática; uno de los objetivos del Kremlin al establecer la UEE fue evitar que las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central y otros países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) graviten en dirección a otros países o bloques regionales, lo que incluye necesariamente a la RPC. Hillary Clinton alguna vez calificó la actuación diplomática rusa como un esfuerzo por “resovietizar” el corazón del continente euroasiático. Por lo tanto, Rusia consideraría una integración económica más profunda de la región con la RPC como una “intromisión en su hinterland.

Sin embargo, la realidad empujó a Rusia a por lo menos iniciar conversaciones con la RPC en el 2016 sobre las posibilidades de cooperación entre el proyecto OBOR y la UEE; lo que en su momento fue descrito extra-oficialmente por algunas fuentes chinas como un elemento de cambio significativo en la relación bilateral. Transcurrido un año, este diálogo sigue en la etapa de consulta, pero es innegable que los lazos entre ambos países se han profundizado, como lo demuestran los nuevos acuerdos comerciales, incluida la reanudación de la venta de armas, las que habrían superado los US$ 5,000 millones en el 2016.

La iniciativa OBOR cubre 65 países, en los que la RPC tiene la intención de invertir directamente US$ 890,000 millones en más de 900 proyectos; US$ 40,000 millones sólo en infraestructura para la creación de rutas comerciales desde el oeste chino al Medio Oriente y Europa, pasando por Asia Central y Rusia. Con un costo total estimado en US$4 billones (US$ 4 trillion en inglés), el proyecto OBOR se convertiría en el programa de desarrollo económico más grande de la historia, superando al Plan Marshall que permitió la reconstrucción del continente europeo después de la Segunda Guerra Mundial.

China ha reiterado en diversas oportunidades que sus ambiciones económicas no esconden una agenda política, pero la realidad es que OBOR es un proyecto global que permitirá una de las más importantes redefiniciones geopolíticas, cuyo centro de poder sería la RPC bajo el claro liderazgo de Xi Jinping. En el caso de Rusia, el proyecto OBOR le permitiría a la RPC circunvenir al oso; la troncal principal de la Nueva Ruta de la Seda terrestre iniciará su recorrido en Xinjiang y pasará por Kirguistán, Kazajstán, Azerbaiyán y el Mar Caspio hasta llegar a Turquía y la Unión Europea (UE).

Por otro lado, en junio del 2017, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma junto con la Administración Oceánica Estatal de la RPC publicaron el documento de política “Visión para la cooperación marítima en el marco de la Iniciativa OBOR”, cuyo objetivo es “sincronizar los planes de desarrollo y promover acciones conjuntas entre los países a lo largo de la Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI”. Uno de los aspectos más interesantes del documento es que menciona “3 rutas marítimas planificadas” para OBOR. Dos son las rutas comerciales conocidas y predominantes, el Canal de Suez / estrecho de Malaca y el Océano Pacífico. La tercera es el Océano Ártico, que con el cambio climático y el deshielo está emergiendo como una nueva ruta comercial global.

En abril pasado, después de una reunión con el presidente de los Estados Unidos en Mar-a-Lago, el presidente Xi Jiping visitó Alaska en su viaje de regreso a China. En la reunión que sostuvo con el gobernador de dicho estado, Bill Walker, discutió temas relacionados al Ártico. Cabe señalar que la RPC es hoy en día el principal mercado de exportación de Alaska; aproximadamente US$ 1,200 millones en productos marítimos, minerales y petróleo en el 2016.

Camino a la reunión que sostuvo con el presidente de los Estados Unidos, Xi había realizado una visita oficial a Finlandia; país que actualmente ocupa la presidencia ártica por un período de dos años. La agenda se centró en diversos temas relacionados con el Ártico y la cooperación económica, particularmente el aporte del proyecto OBOR al desarrollo económico de los países nórdicos. En el marco de las visitas a la RPC realizadas por los primeros ministros de Noruega y Dinamarca, en abril y mayo del 2017 respectivamente, se inició un intercambio de ideas sobre la participación nórdica en la iniciativa OBOR; por ejemplo, los proyectos de infraestructura nórdicos como el Corredor Ártico tienen sinergias obvias con la iniciativa china.

La participación china en la temática relacionado con el Ártico se desarrolla a un nivel muy amplio. En el Foro Internacional sobre la Iniciativa OBOR, celebrado en Beijing en mayo del 2017, el Viceprimer Ministro de China, Wang Yang, destacó la contribución de China durante el 4° Foro Internacional Ártico, celebrado en Arkhangelsk, Rusia, en marzo del 2017. El Centro de Investigación China-Nórdicos sobre el Ártico (CNARC) celebró su quinto Simposio Anual de Cooperación en la ciudad portuaria de Dalian, con la iniciativa OBOR como tema clave de los debates entre los principales responsables de la formulación de políticas, representantes de la industria y académicos. Asimismo, una de las cuatro sesiones inaugurales de la 5ª Asamblea del Círculo Polar Ártico, celebrada en Reykjavik entre el 13 y 15 de octubre del 2017, estuvo a cargo de Lin Shanqing, Subdirector de la Administración Oceánica Estatal de la RPC con el título “El Ártico en la Iniciativa OBOR”.

Por el lado empresarial, la empresa China COSCO Shipping se ha convertido en una de las navieras árticas líderes, habiendo utilizado la ruta ártica en seis oportunidades en el transcurso del 2017, para el transporte de mercancías hacia Europa. Asimismo, la China Poly Group Corporation ha suscrito una carta de intención para el desarrollo de un proyecto portuario cerca de Arkhangelsk. Teniendo en cuenta que las inversiones portuarias realizadas por empresas chinas en el extranjero alcanzaron los US$20,000 millones en el 2016, es predecible que nuevos proyectos de inversión portuaria en el Ártico se concreticen en el futuro cercano.

Al ser el mayor país exportador del mundo desde el 2010 y tener una de los flotas navieras más importantes del planeta, China aventaja en muchos frentes a su vecino ruso – menores costos de producción, una cartera de bienes y servicios cada vez más diversificada, así como canales de distribución bien establecidos – por lo que no es sorprendente que los países de Asia Central muestren un creciente interés por el desarrollo de mayores y más estrechos vínculos de toda índole con la RPC. Sin, por el momento, contradecir abiertamente a la Federación Rusa, la que tratará de proteger a toda costa los acuerdos alcanzados en el seno de la UEE, aun cuando muchos de estos no estén funcionando adecuadamente.

Pero sus autoridades son conscientes que Rusia se encuentra en una posición económica complicada; aislada por las sanciones y golpeada por los bajos precios del petróleo y la devaluación del rublo. Según los cálculos del Economic Expert Group, una empresa de consultoría rusa, una disminución anual de US$ 1 en el precio del barril de crudo genera una pérdida de US$ 2,300 millones al presupuesto público de ese país. Moscú sabe que necesita a la RPC como aliada, por la enorme capacidad económica y de inversión con la que cuenta Beijing. En ese sentido, intentará transformar lo inevitable – la realización del OBOR y la consecuente expansión geopolítica china – en una oportunidad para incrementar la legitimidad internacional de la UEE y por lo menos mantener su propia influencia en el continente euroasiático.

Existe un consenso casi universal en torno a la idea que la RPC será uno de los principales actor geopolíticos del futuro, por lo que Moscú se ve en la necesidad de adoptar medidas adicionales para mantener su estatus global, más allá de la influencia que le pueda otorgar su arsenal nuclear. El 2013, el comercio entre la RPC y los cinco estados que constituyen Asia Central superó los US$ 50,000 millones. Durante el mismo año, el comercio de esos mismos cinco estados con Rusia ascendió a US$ 30,000 millones.

Rusia debería negociar con la RPC la elaboración de una nueva relación estratégica donde cada uno tiene un rol definido en el continente euroasiático, particularmente en Asia Central, debido a la presencia de importantes recursos naturales. China sería la potencia hegemónica, responsable del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y de un eventual banco de desarrollo de la OCS. Rusia podría transformarse en el garante de la estabilidad regional, a través de un uso adecuado de sus numerosas bases militares. Como lo señaló Alexander Gabuev, alto directivo del Centro Carnegie de Moscú, en una entrevista concedida a la revista Foreign Policy, “China sería el banco y Rusia el arma”.

Tigran Sargsyan, Presidente de la Comisión Económica Euroasiática, organismo responsable por la administración de la Unión Económica Euroasiática (UEE), indicó en una entrevista reciente que la cooperación económica de la UEE con China está destinada a beneficiar los intereses económicos mutuos. La RPC y la UEE tienen muchos puntos de interés común; por ejemplo, ambos consideran necesaria la armonización de las normas para estimulará la cooperación empresarial así como disminuir la injerencia burocrática.

Si la RPC y Rusia prosiguen con sus consultas para acordar medidas concretas de coordinación entre el proyecto OBOR y la UEE, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) puede transformarse en el mecanismo más idóneo para profundizar los lazos entre los dos actores dominantes en Asia Central. Tanto la RPC como Rusia deberán realizar concesiones para alcanzar una fórmula win win.