DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

El 25 de febrero de 1956, en una sesión cerrada del 20º Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, Nikita Khrushchev pronunció el que sería luego conocido como el “Discurso Secreto“, en el que denunció a Stalin y su culto a la personalidad. En Beijing, este duro cuestionamiento de la doctrina comunista llevó a Mao Zedong a señalar que era necesario “permitir que 100 flores florezcan y que 100 escuelas de pensamiento compitan”. Sin embargo, esta invitación al diálogo fue rápidamente seguida de una dura represión de todos aquellos que expresaron opiniones contrarias al Gran Timonel. En 1958, Mao embarca a la República Popular China (RPC) en el Gran Salto Adelante, un programa económico arrollador y, en última instancia catastrófico, que procuraba superar los logros de la industrialización occidental.

En 1978, Deng Xiaoping asume el control del Partido Comunista Chino (PCC) e inicia un amplio y ambicioso programa de reformas económicas y modernización del aparato productivo. Cuarenta años después, cientos de millones de chinos han salido de la pobreza y más del 50% de la población pertenece a la clase media. China es hoy en día la segunda economía más grande del mundo y la mayoría de expertos señala que superará en tamaño a la de los Estados Unidos antes del 2030. Su ascenso es uno de los eventos más significativos de la historia moderna.

El 19º Congreso del PCC ha abierto un nuevo capítulo en la historia moderna de China. En su discurso del 18 de octubre, Xi Jinping señaló que su país se dirige hacia una “nueva era”. Estamos ingresando así a la siguiente fase de la consolidación del poder chino a nivel global y dejando de lado el enfoque diplomático más conservador del período iniciado por Deng.

Una comunidad de futuro compartido para la humanidad

Uno de los principales conceptos del presidente chino es la construcción de “una comunidad de futuro compartido para la humanidad”, idea planteada originalmente en marzo del 2013 durante una intervención en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú. En enero del 2017, Xi reiteró la idea en su discurso ante el Foro Económico Mundial en Davos. Algo que muy pocos medios occidentales remarcaron es que en el marco de los trabajos de la Primera Comisión (Desarme y Seguridad) de la 72ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el concepto fue incluido en dos resoluciones sobre la prevención de una carrera de armamentos en el espacio ultraterrestre.

Aunado a este quizás simbólico ejercicio diplomático, el Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, explicó en una reciente alocución la esencia de la nueva estrategia de manera más precisa, indicando que “la construcción de un nuevo tipo de relaciones internacionales… hace que sea necesario que China haga esfuerzos prácticos y sirva de ejemplo, además de seguir inquebrantablemente su camino para ser nuevamente una gran nación, diferente de los poderes tradicionales”. En esencia, el modelo chino, diferente al occidental, es igualmente capaz de liderar la humanidad.

En el discurso de inauguración del Diálogo de Alto Nivel del PCC con Partidos Políticos del Mundo, celebrado en Beijing del 30 de noviembre al 3 de diciembre, Xi Jinping, señaló que la iniciativa de construir “una comunidad con un futuro compartido para la humanidad” está transitando de la etapa de concepto a un conjunto de acciones en el sistema internacional.

El 9 de diciembre, el canciller chino, Wang Yi, inauguró el Simposio sobre Desarrollos Internacionales y Diplomacia de China en el 2017, haciendo un repaso de los principales logros de la política exterior de su país, así como presentó una idea general de la manera como Beijing conceptualiza sus prioridades en la región, el Pacífico y el mundo. “El año saliente es de especial importancia para China y el mundo”, observó Wang, destacando que el 2017 no solo incluyó la celebración del 19º Congreso del Partido Comunista de China en octubre, sino también la primera reunión del Foro sobre la Iniciativa OBOR en mayo; posiblemente el punto culminante de la agenda diplomática china. Sobre este último tema señaló que “…hasta ahora, hemos firmado acuerdos de cooperación con 80 países y organismos de toda índole, hemos otorgado cooperación para capacitación industrial a más de 30 países y hemos construido 75 zonas de cooperación económica y comercial en 24 países bajo el esquema de OBOR… Las empresas chinas han invertido más de US$50,000 millones y creado cerca de 200,000 empleos locales en los países a lo largo del OBOR”.

En su intervención, Wang también reiteró el apoyo incondicional de China a la globalización, ya señalado por Xi durante la última reunión de Davos, así como ofreció algunas reflexiones sobre las relaciones de su país con los Estados Unidos, Japón y Rusia, dando a entender que el equilibrio de poder se encontraba transitando desde Occidente (Washington) en dirección al Oriente (Beijing). Dejó claro que China busca “tener un papel más relevante y una participación más constructiva en defensa de la estabilidad mundial… (a través de) acciones con características chinas”. Mencionó específicamente que su país realizará mayores esfuerzos para ayudar a resolver el conflicto israelí-palestino, los problemas sirio y afgano, así como la crisis norcoreana y la disputa territorial en el Mar de China Meridional de China.

El aparato diplomático chino post 19º Congreso del PCC

Teniendo en cuenta el mayor énfasis otorgado a las relaciones internacionales y la diplomacia por los principales líderes del PCC, es particularmente relevante señalar que el equipo encargado de asuntos exteriores de la RPC ha salido reforzado del 19° Congreso del PCC.

El ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, sigue en el Comité Central del PCC y Song Tao, jefe del Departamento de Enlace Internacional del Partido Comunista, fue promovido a ese mismo órgano. El Consejero de Estado Yang Jiechi, jefe del Grupo de Relaciones Exteriores del PCC, que en la estructura de poder de la RPC es la figura más relevante en temas de política exterior (por encima del Ministro de Relaciones Exteriores) fue promovido al Politburó del Comité Central. Finalmente, el exrepresentante Permanente de China ante las Naciones Unidas, Liu Jieyi, ingresa al Comité Central, lo que podría reflejar el interés chino por el organismo multinacional ahora que los Estados Unidos de Trump priorizan sus relaciones bilaterales. Diversos analistas indican que Liu pasaría a dirigir la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado; otrora dirigida por Wang, antes de su nombramiento como Ministro de Relaciones Exteriores.

Cabría igualmente mencionar que existen Pequeños Grupos de Trabajo sobre temas específicos de política exterior, muchos de los cuales son presididos por Xi Jinping. Por ejemplo, es probable que Yang Jiechi sea promovido de director a vicepresidente del Grupo Líder de Asuntos Exteriores y Seguridad Nacional del PCC, para cubrir la vacante dejada por el antiguo miembro del Politburó y Vicepresidente Li Yuanchao. El nuevo miembro del Comité Permanente, Li Zhanshu, también podría ser ascendido a vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional y es probable que uno de los dos nuevos miembros del Comité Permanente, Wang Yang o Wang Huning, asuma la presidencia del grupo sobre la iniciativa OBOR luego de la jubilación de Zhang Gaoli; ambos han sido vicepresidentes de dicho grupo.

Período de oportunidad estratégica

Según el informe anual 2017 de la Comisión de Evaluación Económica y de Seguridad EEUU-China (U.S.-China Economic and Security Review Commission -USCC) . organismo apolítico del Congreso estadounidense encargado de analizar las implicancias de los cambios ocurridos en la RPC para la seguridad nacional de los Estados Unidos – los líderes chinos perciben estar en un “período de oportunidad estratégica” durante el cual podrían expandir su poder nacional y alcanzar ciertos objetivos como la reunificación de Taiwán o el control de los territorios en disputa en su periferia.

Tres comisionados de la USCC, incluido el ex senador Jim Talent, señalaron que “…China no solo es una amenaza asimétrica para los Estados Unidos, o incluso un competidor cercano. Se ha convertido, en su región, en el poder militar dominante. Este hecho, más que cualquier otro, explica por qué las agresiones de China en los últimos cinco años han tenido éxito”. Según dichos comisionados, estas acciones incluyen, particularmente, la gran muralla de arena en el Mar de China Meridional, la coerción ejercida sobre Vietnam con relación a las Islas Spratly, la creciente presión sobre Taiwán, el acoso constante sobre el territorio japonés de las islas Senkaku, el enfrentamiento con India en la región de Doklam.

Beijing también ha comenzado a desplegar su influencia en el escenario mundial, más allá de sus fronteras. El 1 de agosto del 2017, la RPC inauguró su primera base militar permanente en el extranjero, en Djibouti, ubicación estratégicamente cercana al Golfo de Adén, al mar Arábigo y a corta distancia de la base militar estadounidense Camp Lemonnier, el más importante centro antiterrorista que posee en la zona. En el 2017, la RPC también propició la expansión de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y fue la anfitriona de la 9ª Cumbre de los BRICS. Asimismo, en contraposición al retiro de los Estados Unidos de la Asociación Transpacífico (TPP), Beijing ha seguido negociando la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), un acuerdo de libre comercio que involucra a 16 países de la región Asia-Pacífico que representan la mitad de la población mundial y casi un tercio del PIB mundial.

Modernización militar y armamento avanzado

Esta búsqueda de mayor protagonismo, viene necesariamente acompañada de un acelerado programa de modernización militar. Beijing sigue mejorando los sistemas operativos de sus estructuras militares, principalmente de comando y control. Por otro lado, en los últimos dos años, ha centralizado y consolidado sus capacidades espaciales, de guerra electrónica, de interceptación electrónica y servicios de inteligencia bajo la dirección de la “Fuerza de Apoyo Estratégico” perteneciente al Ejército de Liberación Popular (ELP). Según el mismo informe de la USCC, esta nueva organización mejoraría la capacidad del ejército chino para llevar a cabo operaciones integradas conjuntas al proporcionar una amplia gama de opciones de recopilación de información, particularmente inteligencia, vigilancia y reconocimiento. En caso de conflicto, la USCC señala que Washington debe suponer que esta modificación estructural contribuirá a incrementar las capacidades A2/AD (anti-access / anti-denial) de Beijing. Asimismo, la RPC sigue incrementando el presupuesto asignado a mejorar sus equipamientos militares; el presupuesto de defensa ascendió en el 2017  a aproximadamente US$ 151,000 millones (7% más que el el año anterior).

La USCC concluye señalando que los “Estados Unidos enfrentan por primera vez a un competidor tecnológico. Un país que también es uno de sus principales socios comerciales y el cual intercambia alta tecnología con diversos otros países.” En un entorno internacional de guerras multidimensionales (tierra, mar, aire, espacio y electrónica), el desarrollo de tecnologías de punta determinará el equilibrio de poderes del futuro.

Grandeza nacional y equilibrio esquivo

Esto sólo demuestra que la dinámica actual del sistema de seguridad internacional es impredecible. Lo que es claro es que tanto China como los Estados Unidos apelan al más primitivo nacionalismo para movilizar las masas, creando nuevas tensiones. Xi, convertido en el líder chino más poderoso desde Mao, ha prometido alcanzar el nuevo “sueño chino”, a saber, la restauración del lugar que le corresponde a la China en el sistema internacional y la recuperación de los territorios “perdidos”.

Este incremento del poderío chino, se enfrentará cada vez más a la arquitectura de seguridad establecida por los Estados Unidos y respaldada por su enorme poderío bélico en el Pacífico. A su vez, Donald Trump, utilizando la ola nacionalista que lo llevó a la Casa Blanca, ha reiterado en varias oportunidades la necesidad de una renovada soberanía y patriotismo estadounidense, respaldadas por un aumento sustancial del gasto en defensa. Ha igualmente amenazado con iniciar un conflicto armado en la península coreana si lo considera necesario para defender los intereses nacionales de los Estados Unidos.

Este frágil equilibrio será cada vez más elusivo si tenemos en cuenta las visiones antagónicas de ambos países. Henry Kissinger observó alguna vez que “ningún poder se someterá a un acuerdo, por más equilibrado y seguro que pueda ser” que niegue la visión que tiene de sí mismo un Estado poderoso. Esto significa que la China de Xi Jinping seguirá presionando para resolver sus reclamos territoriales pendientes, así como continuará propugnando un nuevo orden regional e internacional que refleje adecuadamente el estatuto de la RPC. Esto llevará a la administración de Trump ha reevaluar sus compromisos militares y comerciales en el continente asiático, así como a reafirmar el poder de los Estados Unidos. Todos estos elementos nos conducen inexorablemente hacia una nueva y peligrosa fase en las relaciones internacionales.

El futuro de la arquitectura de seguridad del Asia-Pacífico

El 11 de enero del 2017, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino publicó por primera vez un libro blanco describiendo sus políticas sobre “Cooperación de Seguridad Asia-Pacífico”. El documento articula de manera coherente la visión de la política exterior china para los próximos años. Su análisis es interesante a la luz de la cambiante y por veces errática política exterior de la administración Trump en los Estados Unidos. El pensamiento chino sobre la posibilidad de una nueva arquitectura de seguridad asiática reside en la premisa que los Estados asiáticos son fundamentalmente diferentes y sólo pueden ser dirigidos por una potencia regional como la RPC. En el 2011, en el marco del Diálogo de Shangri-La, el general Liang Guanglie, ex ministro de defensa nacional de China, había señalado algo muy parecido.

El libro blanco comienza por analizar los factores que impulsan las políticas de la RPC hacia el Asia-Pacífico, antes de realizar una revisión de los principales desafíos, las relaciones bilaterales y los foros multilaterales. Desde el inicio, el documento aborda múltiples factores desestabilizadores e inciertos, citando el “problema nuclear en la península de Corea”, “el proceso de reconciliación en Afganistán” y, finalmente, “las disputas sobre la soberanía territorial y los intereses marítimos”. El orden en que estos problemas se mencionan es revelador de las áreas prioritarias para la política exterior china. Pero uno de los aspectos más interesantes del documento son las seis recomendaciones principales de China sobre seguridad regional, las que posiblemente definan la dirección de la política exterior de la RPC a partir del 2018:

  1. Promover el “desarrollo común, así como sentar bases económicas sólidas para la construcción de la paz y la estabilidad en la región del Asia y el Pacífico”
  2. Promover “la construcción de alianzas y el fortalecimiento de las bases políticas para la consolidación de la paz y la estabilidad en la región del Asia y el Pacífico”
  3. Mejorar “los mecanismos regionales existentes, así como fortalecer la estructura en la que se sustentan la paz y la estabilidad en la región del Asia y el Pacífico”
  4. Promover el “establecimiento de reglas claras y el mejoramiento de las salvaguardias institucionales para la paz y la estabilidad en la región del Asia y el Pacífico”
  5. Intensificar “los intercambios militares y la cooperación, a fin de ofrecer mayores garantías para la paz y la estabilidad en la región del Asia y el Pacífico”
  6. Resolver adecuadamente “las diferencias y disputas, así como mantener un ambiente sano de paz y estabilidad en la región del Asia y el Pacífico”

Un cambio importante entre el libro blanco y las declaraciones chinas anteriores es la existencia de “países importantes”, dejando de lado la insistencia previa de la igualdad de los estados – “grandes o pequeños, fuertes o débiles, ricos o pobres” – y elevando a esta categoría a los Estados Unidos, Rusia, India y Japón (además de la RPC obviamente).

Esta separación entre “países importantes” y los demás significa que “los países más importantes deben tratar las intenciones estratégicas de sus pares de manera objetiva y racional, rechazar la mentalidad de la Guerra Fría, respetar sus intereses e inquietudes legítimos, fortalecer las interacciones positivas y responder a los desafíos con esfuerzos concertados. Los países pequeños y medianos no necesitan ni deben tomar partido en las disputas que puedan involucrar países importantes”.

No es accidental que estas ideas hayan sido codificadas en un libro blanco. El objetivo es rechazar contundentemente la idea presentada por el entonces Secretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, durante el Diálogo Shangri-La del 2016 sobre la construcción de una “red de seguridad de estados afines basada en principios”. China comprensiblemente percibió este planteamiento como un intento de los Estados Unidos de alentar a los estados más pequeños de la región para unirse y oponérsele.

En su esencia, el libro blanco señala que la RPC ha entrado en una nueva etapa en la que participará activamente en la elaboración y la aplicación de las reglas regionales. La conclusión del documento es reveladora; “El pueblo chino trabaja arduamente para realizar el sueño chino de la gran renovación de la nación china. En este proceso, China brindará mayores oportunidades y beneficios para el desarrollo y la cooperación en la región del Asia y el Pacífico”. En otras palabras, la China de Xi Jinping ingresa a la etapa en que el establecimiento de la agenda regional y el liderazgo de Beijing dejan de ser opcionales para los países pequeños y medianos, pero también para los “países importantes”. La última frase del documento alude al objetivo primordial de la política exterior china; la “construcción de un nuevo modelo de relaciones internacionales”.

Hacia un nuevo equilibrio de poderes

El 26 de junio del 2016, Panamá celebró la apertura oficial de las nuevas esclusas que permiten el tránsito de embarcaciones Neopanamax; los gigantescos buques de carga que conforman la columna vertebral de la cadena global de suministros. Desde que el USS Ancón utilizó por primera vez su amplio sistema de esclusas en 1914, el Canal de Panamá ha sido uno de los símbolos más importantes del poder, la ambición y la capacidad tecnológica de los Estados Unidos. Dados los cambios en los patrones de comercio y la creciente importancia de la región del Asia y el Pacífico para la economía mundial, fue bastante oportuno que la primera embarcación en transitar por las nuevas y expandidas esclusas haya sido el buque chino M.V. COSCO Shipping Panama, proveniente de la nación comercial más grande del mundo.

Después de heredar dos guerras terrestres, Barack Obama buscó un “reequlibrio” hacia el Asia Pacífico; en el discurso del 17 de noviembre del 2011 ante el Parlamento australiano, presentó su visión del siglo XXI sobre el liderazgo estadounidense en la región a través de la promoción de la seguridad regional, la prosperidad económica compartida y el buen gobierno. Desde el inicio de su mandato, Trump ha tratado de “reequilibrar” nuevamente los compromisos estadounidenses al pregonar su conocido eslogan “América primero”. Si el arte del trato – del que tanto se vanagloria Trump – comienza con señalar claramente nuestra posición, la esencia de cualquier negociación es lograr medir acertadamente los intereses de las partes y lograr el mejor resultado posible. Las máximas autoridades chinas parecen tener muy claros los objetivos que perseguirán a corto, mediano y largo plazo. Lo que está en juego es nada menos que el panorama geopolítico global.

La azotea del segundo edificio más alto de América Latina, la Torre Trump Ocean Club International Hotel de la ciudad de Panamá, ofrece una vista impresionante y amplia del canal adyacente y del Oceáno Pacífico, muy diferente de las vistas limitadas y estrechas que ofrecen las calles aledañas. No ver ni entender el terreno cambiante de las relaciones internacionales puede traer consecuencias importantes para países como el Perú, que deben mantenerse vigilantes sobre el reordenamiento del equilibrio de poderes global, puesto que poco o nada pueden hacer para influenciar el resultado final, pero si sentir sus consecuencias.