DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

En los casi 80 años transcurridos desde la Segunda Guerra Mundial, los recursos naturales, el capital financiero, las tecnologías y el talento profesional se han globalizado, estimulando un crecimiento económico rápido, constante y sin precedentes. El Internet reforzó la globalización, al facilitar nuevas y más complejas interconexiones en la economía global.

Estos enormes cambios paradigmáticos, particularmente los acelerados saltos tecnológicos, tienen importantes consecuencias políticas y económicas. Las transformaciones radicales en la tecnología y los procesos de producción están modificando las cadenas de valor globales y redefiniendo la competitividad de los países.

Por otro lado, el consenso institucional global post-Segunda Guerra Mundial está siendo alterado por el surgimiento de nuevos actores, a la vez que los centros de poder tradicionales intentan contener el avance de la liberalización económica, enfrentado demandas crecientes de sectores importantes de sus poblaciones para tomar medidas proteccionistas.

Después de la crisis financiera internacional del 2008, estos sectores ganaron mayor relevancia, pidiendo una “desglobalización”; Brexit fue el precursor de este nuevo desafío. Para algunos países desarrollados, el proteccionismo puede proporcionar beneficios económicos temporales, lo que hace comprensible la popularidad de la “desglobalización” como solución a los problemas más apremiantes de los países económicamente más avanzados.

A la par de estos sucesos, el impresionante crecimiento de la economía china, y en menor medida de la India, ha desatado una intensa competencia por los recursos energéticos, minerales y alimentarios. Una de las principales herramientas para garantizar el acceso a dichos recursos es la diplomacia económica.

En el nuevo escenario de la economía global, la diplomacia económica tiene cinco objetivos clave: 1) asegurar el acceso a los mercados para los bienes y servicios producidos; 2) desarrollar una conectividad física que asegure el flujo de materias primas, alimentos, productos manufacturados, etc.; 3) garantizar el acceso a la tecnología y el conocimiento; 4) evitar restricciones al libre flujo de la información; y 5) garantizar la movilidad laboral global.

También se señala la necesidad de una mayor colaboración entre los organismos gubernamentales y el sector privado, así como un renovado énfasis en organismos como la OMC y la negociación de acuerdos de libre comercio de nueva generación, relacionados, por ejemplo, con la protección y promoción de inversiones, la doble tributación, los servicios financieros o la lucha contra la evasión fiscal.

La diplomacia económica es así un tema central de la política exterior de cualquier país; por su ineludible impacto en la prosperidad de una nación. Cuando la ocasión lo exige y las oportunidades lo permiten, es también una herramienta útil para maniobrar sus relaciones comerciales y financieras en apoyo de su política exterior; a fin de incrementar los flujos y montos de inversión, atraer nuevos negocios, permitir la transferencia de tecnología, acelerar la llegada de turistas, entre otros.

Las consecuencias globales de las decisiones de política y diplomacia económica son diariamente visibles; por ejemplo, cuando leemos las noticias sobre las recientes decisiones del gobierno de los Estados Unidos de elevar los aranceles a ciertos productos provenientes de la Unión Europea y la República Popular China (RPC). El posible desencadenamiento de una guerra comercial entre las grandes economías mundiales puede tener un impacto significativo en el desarrollo y bienestar de países más pequeños, como el Perú.

Por otro lado, el tamaño de las poblaciones chinas e indias – juntas abrigan a un tercio de la población mundial – aunado a su crecimiento económico más reciente, prefiguran una influencia cada vez mayor en la evolución de la economía mundial; principalmente para los países productores de bienes primarios como el Perú.

En un artículo publicado en la revista Asia Policy, Timothy Heath señala que el enfoque de China hacia la diplomacia económica ha experimentado cambios significativos en los últimos años, especialmente después de la crisis financiera mundial. Al haberse transformado en la segunda economía más grande del mundo, los líderes chinos consideran necesario lograr que su país sea reconocido como una “potencia comercial”.

Esto pasa necesariamente por modificar las normas y estándares de comercio internacional, profundizar la integración económica de Asia, así como garantizar el acceso a la tecnología y la información para mejorar la competitividad de la RPC. Preocupados por su vulnerabilidad frente a los cambios geopolíticos globales, las autoridades chinas han comenzado a ver el crecimiento económico en términos de seguridad; algo más similar a la percepción tradicional de las potencias occidentales.

La India, a diferencia de su vecino chino, cuenta con una de las poblaciones más jóvenes del globo, lo que representa tanto un recurso invalorable como un desafío, siendo necesario promover y garantizar la movilidad laboral a nivel global.

Analicemos entonces algunas similitudes y divergencias de la diplomacia económica de las dos grandes potencias asiáticas, la RPC y la India, así como las posibles consecuencias para la economía global. La primera ha demostrado ser un hábil manipulador de las herramientas comerciales que tiene a su alcance para lograr sus objetivos políticos. Para defender con éxito sus intereses económicos en el siglo XXI, la India deberá reformular sus políticas e instrumentos de diplomacia económica.

Nuevos modelos de diplomacia comercial

Las negociaciones comerciales tradicionales se centraban principalmente en los temas arancelarios y las normas de origen. En un mundo donde los bienes se producen a través de una compleja red de fabricantes situados en países distintos y el retorno de la tecnología es muy superior al de los insumos, como los materiales y la mano de obra, los aranceles han perdido cierta relevancia.

Las negociaciones comerciales actuales se centran mucho más en los obstáculos técnicos al comercio (OTC) y las leyes nacionales que regulan la producción y el consumo de bienes y servicios. La necesidad de cumplir con diferentes estándares de calidad, normas ambientales muchas veces incoherentes, reglamentos sobre etiquetado, entre muchos otros aspectos, tiene un impacto más significativo en los costos de exportación que los aranceles; especialmente para las economías emergentes y las pequeñas y medianas empresas (PYME) de todo el mundo.

El propio diseño de los acuerdos comerciales está experimentando importantes modificaciones, dónde el énfasis es puesto en las regulaciones específicas de cada sector. Asimismo, el aumento de las tendencias proteccionistas y el deseo de una cada vez mayor proporción de la población que desea una desaceleración en la negociación de nuevos acuerdos comerciales, lleva a la búsqueda de soluciones específicas; por ejemplo, acuerdos bilaterales entre las entidades encargadas de regular el ingreso y la certificación de alimentos para el consumo humano o la adopción de legislación ambiental análoga.

Garantizar la conectividad física y el acceso a los recursos naturales

El importante crecimiento de las economías china e india en los últimos 30 años, ha desencadenado una lucha cada vez más acérrima por el acceso a los principales recursos naturales; agua, alimentos y minerales. El mega-proyecto del Presidente Xi Jinping, “One Belt One Road” (OBOR) y los varios corredores económicos planificados son uno de los principales instrumentos de diplomacia económica de la RPC; el objetivo principal es asegurar la conectividad a los recursos naturales críticos del continente euroasiático. Como ya lo hemos señalado en oportunidades anteriores, esto le permitirá ganar profundidad estratégica a la RPC.

A medida que China desarrolla esta infraestructura de conectividad, adquiere también la capacidad de denegar el acceso a los recursos a través de estos corredores. La India es el país más vulnerable a los efectos tanto positivos como negativos de este gigantesco proyecto de infraestructura. En primer lugar, porque los costos decrecientes del transporte multimodal – ferrocarril, carretera y mar – tendrán un impacto directo en la competitividad de los productos chinos; en detrimento de los indios. Por otro lado, la incapacidad de acceder a los recursos naturales del hinterland asiático, debido a la cada vez más “abrumadora” influencia china sobre dichos corredores, podría tener serias ramificaciones para el futuro crecimiento económico indio.

La India no tiene actualmente la capacidad, ni cuenta con los recursos necesarios para igualar los montos de inversión y comercio chinos. Sin embargo, debe buscar y encontrar respuestas eficaces y eficientes a los enormes avances chinos en los temas relacionados con infraestructura física. Las dos opciones de corredores alternativos existentes en la actualidad deberían ser propugnadas de manera más activa y mejor utilizadas por las autoridades indias. En primer lugar, está el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC), proyecto que tiene como objetivo principal conectar Europa del Norte con Asia Central a través de las líneas ferroviarias de Irán, Rusia y Azerbaiyán.

A pesar de los inevitables altibajos, la mayoría de los cuales se deben a factores exógenos, las relaciones de la India con estos tres países son aún positivas. Por ejemplo, según una encuesta de la BBC, el 71% de los iraníes ve la influencia de la India de manera positiva. Sin embargo, la tradicionalmente cercana relación de Moscú con Nueva Delhi se ha visto afectada en los últimos años por el ascenso chino, aunado a la atrofia económica rusa, lo que obliga a una Rusia más débil a buscar una mayor cercanía con la RPC; las sanciones impuestas por los países occidentales reforzaron ese acercamiento entre Beijing y Moscú. El creciente poderío chino y la cada vez mayor dependencia rusa vis-à-vis Beijing, significan que Moscú puede no tener ni la voluntad ni los medios necesarios para ayudar a la India en el futuro.

Si esta tendencia se sigue acentuando, la otra opción para la India es la Iniciativa de la Bahía de Bengala para la cooperación técnica y económica multisectorial (BIMSTEC), organismo internacional que reúne a 7 naciones de Asia meridional y sudoriental – Bangladesh, India, Myanmar, Sri Lanka, Tailandia, Bután y Nepal – que albergan conjuntamente a cerca de 1,500 millones de habitantes y cuya economía combinada es de aproximadamente 3 billones de dólares; sus miembros se encuentran actualmente negociando un tratado de libre comercio.

Este último punto es particularmente importante para la India, que necesita reformular sus estrategias negociadoras, a fin de permitirle obtener mejores y más amplios acuerdos comerciales con sus principales socios, principalmente los exportadores de energía, minerales y alimentos, aprovechando el creciente tamaño del mercado indio como contrapartida de las ventajas que busca obtener.

Pero en ambos temas, infraestructura y acuerdos comerciales modernos, la India ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias actuales. La conceptualización, planificación, ejecución y gestión de grandes proyectos de infraestructura, tanto internos como externos, requiere el despliegue de grupos multidisciplinarios y dedicados de personal diplomático y técnico. La negociación de acuerdos comerciales, particularmente los que permitan asegurar el aprovisionamiento de los recursos naturales necesarios para el desarrollo de la economía India, requiere la coordinación entre los intereses del sector público y privado, así como los conocimientos especializados adecuados para apoyar la labor diplomática en el terreno.

El ejemplo de la RPC ha demostrado como el progreso sostenido en estas dos áreas primordiales para el desarrollo económico y social no se puede lograr a través de esfuerzos ad hoc, basados en las iniciativas y esfuerzos individuales de unos pocos diplomáticos.

Garantizar el acceso a la tecnología

Si ponemos agua a calentar, al inicio solo se logrará que se ponga cada vez más caliente. Si no tenemos la paciencia suficiente y terminamos el experimento en ese momento, podríamos concluir que calentar agua solo produce agua más caliente. Pero llega un momento en el que todo cambia; el agua comienza a hervir y pasa de su estado líquido a vapor. Los físicos denominan esta etapa como “transición de fase”.

Esta “parábola” puede ser útil para entender los efectos de la progresiva automatización, impulsada por el progreso tecnológico; si no esperamos lo suficiente podremos concluir que la misma sólo trae mayor desempleo y que, por lo tanto, es necesario limitarla. Pero la cuarta revolución industrial promete incrementar exponencialmente los rendimientos de la mano de obra y capital tecnológicamente intensivos y transformar el escenario laboral y económico del siglo XXI.

Las fortalezas chinas son diversas. En primer lugar su gran tamaño y rápido crecimiento, le han permitido generar masa crítica y economías de escala. Cuenta también con un gobierno que tiene una visión estratégica de largo plazo y es capaz de elaborar e implementar planes de acuerdo a los objetivos trazados.

Un elemento importante para entender por qué ha sido capaz de adquirir tecnología tan rápidamente se debe a que su economía está plenamente integrada al sistema de comercio global. Esto le permite no sólo obtener nuevas tecnologías a través de los bienes y servicios que importa y transforma, sino obliga a sus empresas de exportación a competir en los mercados internacionales.

El gran tamaño de su mercado interno y las ventajas de utilizar a la RPC como plataforma de exportación, también le ha permitido atraer a una variada y amplia gama de multinacionales que traen consigo las tecnologías más modernas. Esto a su vez ha desarrollado un cada vez más importante mercado de mano de obra altamente calificada (científicos e ingenieros), lo que acelere aún más su atractivo.

Pero la China también ha establecido una estrategia para la expansión paulatina de sus empresas en el exterior, a través de adquisiciones, joint-ventures y/o incursiones propias en mercados cada vez más distantes. Si bien la mayoría de estas actividades reflejan decisiones comerciales puras, otras avanzan cuidadosa y deliberadamente los intereses estratégicos chinos. La capacidad de Beijing para aprovechar las herramientas económicas y los actores comerciales para lograr los objetivos del Partido parece estar mejorando y sofisticándose cada vez más; particularmente en varias industrias clave, como la aeroespacial y la energética.

El ejemplo chino demuestra que la capacidad de acceder a la tecnología, actualizarla, desarrollarla e innovar es un objetivo económico y estratégico clave.

En el caso indio, la adquisición y acceso a la mejor tecnología del mundo requeriría, en primer lugar, que el Estado invierta en un ecosistema industrial y académico que permita atraer talento, lo que traería consigo un incremento en su capacidad para venderse como una alternativa interesante donde se puede llevar a cabo innovación industrial de bajo costo pero de calidad.

Un segundo aspecto, directamente relacionado con el primero, tiene que ver con las negociaciones que se deben llevar a cabo con los países más desarrollados en ciencia y tecnología, a fin de respaldar inversiones que permitan la creación de ese ecosistema. También significaría que la India desarrolle nuevos sistemas de innovación y difusión de tecnologías que aprovechan el talento local, ayudando a escalar y comercializar los productos que emanen de ese ecosistema.

Evitar restricciones al flujo de la información

Con el adviento del internet en los años noventa y la consecuente capacidad para “deslocalizar” ciertos servicios, la India supo aprovechar un importante elemento diferenciador; la capacidad que tiene un importante segmento de su población para hablar el inglés. El éxito de la industria india de las tecnologías de la información y servicios conexos se debe a la capacidad de las redes de internet de transportar datos, incluidos datos financieros e individuales relacionados con el consumidor, desde países como los Estados Unidos, el Reino Unido o Singapur a oficinas basadas en Bangalore o Mumbai en la India.

La combinación de estos factores fue el principal catalizador para el importante crecimiento de la clase media urbana india desde final de los años noventa. Este flujo libre de datos a través de las fronteras creó innumerables oportunidades para su gran cantidad de jóvenes trabajadores capacitados en procesamiento de datos y habilidades informáticas. Sin embargo, un número cada vez mayor de países está implementando leyes que impiden la transferencia de diferentes tipos de datos a través de las fronteras, argumentando los problemas de seguridad y privacidad de la información. En muchos casos, tales regulaciones no son más que una forma oculta de proteccionismo para controlar la deslocalización de los trabajos de gestión y procesamiento de datos.

Al igual que con el libre flujo de trabajadores, la India necesita crear soluciones innovadoras que le permitan superar las crecientes restricciones y al mismo tiempo abordar las genuinas preocupaciones de seguridad. Una solución posible es negociar acuerdos bilaterales en los que la India se compromete a garantizar la seguridad de la información, mediante procesos estrictos de certificación de las empresas o instituciones que manejan datos provenientes del extranjero.

Esta solución requerirá desarrollar leyes y mecanismos apropiados capaces de brindar el nivel de seguridad requerido por los países de origen, así como el uso de las herramientas diplomáticas para convencer a los principales interesados ​​de que la India es un destino seguro para la gestión y el procesamiento de datos. Este ejercicio requeriría un trabajo multidimensional que abarque reguladores, consumidores, empresas, comentaristas de tecnología influyentes y grupos de la sociedad civil que trabajan en temas de seguridad de la información.

Garantizar la movilidad laboral

Las poblaciones envejecidas de las naciones industrializadas son una ventana de oportunidad latente para los trabajadores provenientes de países en desarrollo. La India cuenta con un número significativo de jóvenes trabajadores. Sin embargo, las amenazas a la seguridad y el creciente temor de las poblaciones occidentales por recibir trabajadores de corto plazo han llevado a un incremento de las restricciones a su movilidad internacional.

Permitir la movilidad internacional de sus trabajadores es un objetivo importante para la India por dos motivos. En primer lugar, permite absorber parte de la mano de obra que ingresa al mercado, disminuyendo así la tensión que puede generarse cuando ésta no encuentra las oportunidades domésticas adecuadas. Por otro lado, las remesas de los trabajadores expatriados son una fuente importante de divisas para la economía india.

Asegurar el acceso preferencial para los trabajadores indios requiere soluciones innovadoras, más allá de la demanda tradicional de las autoridades indias de liberalizar su flujo. Una de las opciones es invertir recursos en la negociación de acuerdos especiales con los principales países potencialmente receptores y abordar sus legítimas preocupaciones relacionadas con la seguridad y la inmigración ilegal; por ejemplo, al aceptar protocolos que hagan legalmente responsable al Estado indio por el cumplimiento, aplicación y monitoreo de las reglas de estadía de los trabajadores. La contraparte sería que dichos acuerdos garanticen el bienestar de los trabajadores indios, evitando así su explotación por parte de los empleadores del país anfitrión.

Para un país como la India, el flujo internacional de trabajadores es una necesidad económica; debe necesariamente ser parte de su diplomacia económica. No debe tratar de emular el desarrollo chino de los últimos 40 años, porque la economía global ha cambiado y requiere una caja de herramientas diferente.

Impacto en la economía global

China se convertirá en la economía más grande del orbe, superando a los Estados Unidos antes del 2030, y la India superará a la del Japón (actualmente la tercera economía), en los próximos años. Si bien el rendimiento pasado no es necesariamente un buen predictor del rendimiento futuro, estas proyecciones demuestran que la RPC y la India ya son jugadores importantes en términos económicos. En el futuro no tan lejano serán aún más relevantes, puesto que crecen a velocidades casi tres veces superiores a las del promedio mundial.

Los países como el Perú deben ser capaces de formular, trazar, adoptar y ejecutar una hoja de ruta (una diplomacia económica) que no sólo refleje sus prioridades económicas y geoestratégicas, sino le permita aprovechar las ventajas comparativas de su economía, así como adaptarse a los cambios inevitables producidos en las cadenas de valor globales por el inexorable ascenso chino e indio.

El objeto de la segunda parte será realizar un balance de las fortalezas y debilidades de cada economía y explorar escenarios del impacto potencial que pueden tener la República Popular China y la India en la economía global.