RafaelZavala Batlle
Ideas para vivir mejor Por Rafael Zavala Batlle

La escasa disposición del gerente para encajar críticas o escuchar manda una indirecta a las empresas: sólo las buenas noticias y las opiniones iguales son bienvenidas. Como consecuencia de ello, ese gerente -víctima de su propia trampa- acaba aislado de la realidad. Y si no la conoce, poco podrá hacer por mejorarla.

Leí en el boletín del IESE que Peter Drucker pidió en una reunión que levantaran la mano aquellos que tenían una buena cantidad de inútiles en sus compañías. Luego preguntó: “¿Eran ya inútiles cuando los seleccionaron o se convirtieron durante su gestión?”. La anécdota refleja con ironía una evidencia incómoda para muchos directivos: se lamentan de la incompetencia de sus empleados obviando su parte de responsabilidad, ya sea por contratar a quien no deben o por no desarrollar a sus mejores profesionales.

Y es que la función principal de cualquier gerente es sacar la mejor versión de la gente que tiene a cargo y alinearla con los objetivos de la empresa. Tengo mi propia forma de hacerlo que se basa en cuatro pilares: conocerlos, motivarlos, quererlos y exigirles.

No podemos obviar ninguno. No puedo motivar a alguien que no conozco, ni puedo generar un vínculo con él sino lo motivo. Y finalmente, sin ese vínculo no puedo exigir, porque si lo hago, ya verán la forma de sacarme la vuelta o de buscar otro trabajo.

Primero, conocer realmente a nuestra gente. ¿Quiénes son? ¿Qué problemas tienen? ¿Cómo viven? ¿Qué les ilusiona? ¿Qué los deprime? Me comentaron de un jefe que le dijo a su asistente: “Acá al trabajo vienes bien llorada”. Entre líneas le dijo que no le interesa lo que le pase en casa, esto es su trabajo. Como dice Enrique Sueiro, del IE, comunicar empieza por escuchar para comprender, en vez de hablar para convencer. Dirigimos si escuchamos, porque sólo así influimos. Uno aprende cuando escucha; hablando nunca aprendemos nada.

La exigencia diaria no nos facilita el contacto con el equipo. Como decía Pablo Ferreiro, del PAD, “muchos casos de Harvard indican que la productividad baja por problemas familiares. ¿Puedo hacer algo? Sí, porque quiero que los que trabajen conmigo sean felices. Cada noche preguntarme no solamente cuánta plata he ganado, sino si le he resuelto el problema a alguien.

Escuchar es ponerme en los zapatos del otro para intentar comprenderlo y entender su posición, y sólo desde allí, sabiendo sus reales intereses, plantear una estrategia de motivación. A unos los motiva el dinero, a otros la línea de carrera, a otros los retos de la posición, a otros un horario flexible, a otros autonomía, etc.

Jesús Vega de la Falla, hasta hace poco vicepresidente de Recursos Humanos de Zara a nivel mundial, me comentaba que le sugirió a Amancio Ortega (el presidente de directorio) que tenían que aplicar unas encuestas de clima y desempeño buenísimas. Y don Amancio le contestó: “Jesús, ¿estás casado?” “Sí, por supuesto”, contestó él. “Y si quieres ver cómo va tu relación, le haces una encuesta a tu esposa para que marque del 1 al 10 o la invitas a un restaurante y conversas con ella mirándola a los ojos?” Curiosamente los valores más importantes para definir a un profesional valioso para la empresa, como el compromiso, el esfuerzo, la perseverancia son difíciles de medir con un test.

¿Y entonces cómo generar vínculos con el equipo? Decía Fernandez Aguado, referente mundial de management, que el buen gerente sólo sabe contar hasta 1. No ve masas, ve personas. Gerenciar es preocuparse por cada uno. No podemos buscar el compromiso sino hemos construido previamente la confianza. Jack Welch, el mejor gerente de todos los tiempos según Fortune, decía: primero la gente, colocar a los mejores en el lugar indicado, luego la estrategia.

Y, por supuesto, hay que exigir y mucho. Pero -ojo- se trata de trabajar mejor, no necesariamente más. Lo importante es que ellos hagan lo que tienen que hacer muy bien hecho. No porque tú les dices que lo hagan, sino porque quieren hacerlo. Y esto es porque has movido su voluntad y les has enseñado a hacerlo. Messi no es el mejor del mundo porque el presidente del Barcelona lo obligue o le pague más.

Dirigir no es ganar una carrera de popularidad. “Si aprecias a alguien, no le exijas como lo que es, sino como lo que puede llegar a ser”, decía Goethe. La gente valiosa quiere y necesita ser exigida. Que no nos tiemble la mano. Estrictos con las normas y amables con la gente.