RafaelZavala Batlle
Ideas para vivir mejor Por Rafael Zavala Batlle

Cuenta la mitología griega que la ambición por vivir la buena vida llevó a Sibilia de Cumas a pedir a Apolo vivir tantos años como granos de arena pudiese encerrar en su mano, pero se le olvidó pedir que esos años vengan acompañados de la eterna juventud, así que con el paso de los años empezó a envejecer. La leyenda dice que vivió nueve vidas de 110 años cada una. Vivía con un solo deseo: morir.

Sucede que la vida es lo que viene. Cuánta gente hoy parece vivir así, muerta en vida, esperando que se acabe, mientras que otros viven sin límites, “como si todo se acabara aquí abajo”. Almas vacías, desilusionadas, insatisfechas, enfocadas en sí mismas. Así, no hay quien tenga alegría en el viaje. La vida resulta rutinaria, aburrida, sin fe, sin esperanza y sin amor.

Cuando se tiene un porqué se encuentra fácilmente el cómo, y la vida se vuelve más llevadera. Por el contrario, tienen destrozado el corazón quienes no conocen el para qué están aquí. Y una vida así, sin sentido, es una carga inaguantable que se llena de vacíos, de angustias y depresión.

Cuántas tristezas por no cuestionarnos a tiempo qué tipo de vida vivimos y si vamos por el camino correcto. Al final la vida no se mide en años, meses o días sino en momentos, y éstos mueren rápido. Lo importante de esta carrera no es correr, es lo que vivimos mientras corremos hoy, aquí y ahora. El presente es el único momento que tenemos.

¿Estamos cumpliendo nuestros objetivos? ¿Cuáles eran? ¿Éxito?, ¿felicidad? A lo mejor, antes de eso, deberíamos preguntarnos qué es el éxito para nosotros y quién lo define. Si nos vamos a pasar la vida persiguiendo un éxito que es definido por otros, siempre estaremos frustrados. Nunca habrá suficientes victorias, porque una vez que las consigamos, nos daremos cuenta de que seguimos siendo infelices. Contra el pensamiento de la gran mayoría, primero se busca ser feliz, y como consecuencia de eso, uno es más productivo y tiene un mejor trabajo que le genera éxito. No al revés.

Cualquier edad es buena para darse cuenta de lo que hemos hecho mal y enmendar. Aprendemos a caminar cuando nos caemos. Y para ello hay que cambiar de chip, ir a contracorriente, vencer las trampas mentales y darse cuenta de que todo lo que nos vende la vida en verdad no es tan bonito ni dura tanto como pareciera. Resulta que…

  • La cabeza tenía que estar por encima del corazón
  • La persona siempre fue más importante que la cosa
  • La familia más importante que el trabajo
  • El camino más importante que la meta
  • El esfuerzo más importante que el resultado
  • El ser feliz más importante que el hacer creer a los demás que eres feliz
  • La capacidad de interpretar la realidad más importante que la realidad
  • El hoy más importante que el mañana porque éste depende de lo que hagamos ahora
  • El tiempo era lo que teníamos que priorizar, y no el dinero (en lugar de pensar en cómo ganar más dinero, pensar en cómo aprovechar mejor el que tenemos, en experiencias únicas y memorables que enriquecen la vida de los demás y la de uno)

Para darnos cuenta de esto, necesitamos identificar dónde tenemos el corazón. No es difícil, pues basta mirar lo que hacemos sin mayor esfuerzo, a lo que le dedicamos más tiempo o lo que nos preocupa con verdadera ansiedad. Descubiertas nuestras verdaderas motivaciones, recién podremos definir si son las que nos hacen bien.

Ya se ve que la cabra tira al monte, que no es fácil desprenderse de hábitos y costumbres de los que somos prisioneros y quizá ésa sea la tarea más impostergable, urgente e importante que tenemos hoy.

¿Y qué haré con el resto de mi vida? Pensar bien, ser consecuente entre mis principios, pensamientos y acciones para no llegar a la vejez con la amargura de haber vivido la vida que otros querían para mí y no tener el valor de tomar sus riendas. En esta vida no hay mal tiempo, hay mala elección de ropa. Depende de nosotros.