RafaelZavala Batlle
Ideas para vivir mejor Por Rafael Zavala Batlle

“No lo puedo creer. No entiendo nada. No sé cómo gané este partido. La luché hasta el final”. Juan Martín del Potro temblaba mientras lo entrevistaban luego de ganar a Rafael Nadal. Luego se quebró en llanto. Al día siguiente dejó todo en la cancha contra Andy Murray, perdió y se quedó con la de plata en los Juegos Olímpicos Río 2016. Dicen que el segundo lugar es el primer perdedor…

¿Del Potro fracasó? ¿O quizá es un tema de calibrar mejor la realidad con las expectativas? Cuando tenemos metas y no llegamos, ¿hemos fracasado? No ganó el oro, pero es el 141 en el ranking; le ganó al n° 1, al n° 5 y perdió la final contra el n° 2.

Me encantan las Olimpiadas porque el deporte visto con otros ojos me ayuda a trabajar mejor. Si fuesen gerentes, ¿cuál de los cuatro tenistas tuvo el mejor desempeño? ¿Qué define a los buenos gerentes? ¿Un currículo lleno de logros? ¿Venderse como líder, seguro de sí mismo y muy inteligente? Hay toda una industria afuera dispuesta a fabricar profesionales tan perfectos y preparados que me asombra que no sean los presidentes de las empresas en las que trabajan. Quizá no todo es lo que parece, y al igual que Del Potro, habría que enfocarse en algunos puntos que lo llevaron a la final y que podríamos traducir en competencias directivas:

1. Resiliencia

Decía Del Potro: “Lo que me pasó es un reflejo de la vida; te puede cambiar todo en un segundo. El 2009 me cambió la vida ganando el US Open, pero pocos meses después me volvió a cambiar la vida con una lesión en la mano. Pasé de ser el futuro n° 1 del mundo a no ser nada. Estaba en la cima del mundo y de golpe todo se derrumbó”.

El resiliente es el que sufre pero resiste. En el deporte y el trabajo, triunfan aquellos que han aprendido a luchar por dar lo mejor de sí mismos, a ser felices a través de la superación de sufrimientos, y de aprender de los fracasos. Y es que festejamos la victoria y odiamos la derrota. Sin embargo, ambas son complementarias en el juego de la vida y necesitamos aprender a vivir en las dos, si queremos ganarlo.

Pero no basta con el conocimiento de las técnicas de la batalla para alcanzar la victoria. Es necesario pelear. No es suficiente con enterarse por dónde hay que caminar para llegar al cielo; hay que recorrer el camino.

2. Perseverancia en el trabajo

En esta vida no hay lonche gratis. Los resultados del éxito son hijos de la disciplina, de trabajar mucho y bien, del esfuerzo constante. Decía Santiago Álvarez de Mon que la experiencia per se no es un valor supremo. Los años, si no se saben leer con inteligencia y humildad, no bastan por sí solos; necesitan de la perseverancia para arrojar un saldo positivo.

3. Confianza

Las cosas buenas les pasan a los que las persiguen. La suerte se suele aparecer a los que han hecho sus tareas antes. Hay que disfrutar el partido. El resto ocurrirá, y si no, no era nuestro tren. El nerviosismo, la angustia, la impaciencia nos precipitan muchas veces a decisiones que luego nos pasarán factura.

4. Enfoque en lo importante

Phil Jackson, mítico entrenador de la NBA, ganador de once anillos, resaltaba la importancia de una mente concentrada para competir con éxito. “En cualquier modalidad deportiva, la capacidad de concentración es un factor crucial de rendimiento. En cualquier ámbito de la vida, priorizar lo importante es un elemento distintivo de excelencia”.

Y para ello hay que saber encontrarlo. No podemos sanar de una enfermedad si no la reconocemos como tal y no aceptamos los remedios oportunos. Es muy peligroso confundir un resfrío con una neumonía. Hay que distinguir los diagnósticos que nos dan luces para encontrar y priorizar los comportamientos que hay que cambiar.

No sirven los pequeños pasos, la autocompasión, sino el golpe decidido que nos aleje de lo que nos tira para abajo. En el caso de recaída y de que parezca imposible vencer… ¡¡¡recomenzar la lucha sin perder el ánimo!!! Es lo que hizo Del Potro hace días. ¿Y si lo intentamos? ¿Qué perdemos?