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Inmobiliaria X Por José Orrego

Hace algunas semanas, el 23 de mayo, exactamente, el congresista  Humberto Lay Sun presentó al Congreso de la Repúbli­ca un proyecto de ley para reglamentar concursos de arquitectura para toda obra pública.

El proyecto de ley se puede descargar en un PDF en el siguiente link: http://www2.congreso.gob.pe/Sicr/TraDocEstProc/CLProLey2011.nsf

Esta iniciativa busca recuperar la sana práctica que existió en el país hasta 1998, donde todo edificio y espacio público debía ser concursado para asegurar la mejor calidad de la arquitectura de las obras públicas y así garantizar un mejor uso de los recursos del Estado.

En el sector privado esta práctica es usada para proyectos importantes, para los cuales se invita a prestigiosas oficinas a presentar su mejor idea para un encargo específico. De esta manera, el gran ganador es el promotor, ya que puede escoger la propuesta que más le convenga para su visión de negocio.

Bajo esta misma modalidad, el Estado tendría la gran oportunidad de hacerse con las mejores ideas para todos los proyectos de infraestructura pública, tales como plazas, colegios, hospitales, sedes gubernamentales y, en general, cualquier edificación y espacio patrocinado por el gobierno.

Los concursos de arquitectura permitirían al Estado contar con un mecanismo que garantice una utilización óptima del dinero de todos los peruanos: edificaciones de alta calidad y de la mayor eficiencia posible, sin que por ello cueste más.

Los proyectos bien diseñados, además, involucran otras variables que permiten incorporar la identidad del lugar, creando vínculos entre la propuesta y los ciudadanos.

Con el tiempo, esta política debería generar un círculo virtuoso donde la gente empiece a reconocer el valor de la propuesta e incorpore por imitación los criterios aplicados en estos proyectos a su propio entorno .

Esto reemplazaría a aquellas propuestas de muchas autoridades que, quizás con la mejor intención, crean monumentos, edificios y plazas con un afán decorativo y sin contenido.

Más allá del mal gusto que puedan tener este tipo de intervenciones, se atenta contra la identidad de los lugares, ya que empiezan a convertirse en el referente urbano y las ciudades empiezan a ser caricaturas de sí mismas.

 

Al igual que la gastronomía, la arquitectura ayuda a construir identidad

Hoy, el Perú es un país de ciudades predominantemente urbanas y cada edificio que se construye puede ayudar a que estas se constituyan mejor y más ordenadamente. El Estado debería empezar a tomar acciones que nos lleven a tener mejores ciudades y los concursos de arquitectura son el vehículo para garantizar que esto suceda.

Ojalá que nuestros congresistas se iluminen y puedan tener clara la trascendencia de esta iniciativa, la cual puede transformar el espacio donde vivimos en un tiempo relativamente corto.

Colombia es un caso emblemático de los beneficios de la aplicación de una política de concursos de arquitectura: toda obra pública es concursada y ello ha servido de vehículo para darle una nueva cara a sus ciudades. Medellín logró una gran transformación con un conjunto de obras públicas, como bibliotecas, edificios educativos, plazas y parques, que se han convertido en el orgullo de los vecinos y en un patrimonio querido y protegido.

Ecuador, inspirado por esta experiencia, acaba de publicar su nueva ley de concursos públicos de arquitectura, y países como Argentina y Chile ya tienen institucionalizada esta práctica. En términos generales, cualquier país del mundo que se respete ha adoptado esta práctica debido al gran impacto social y cultural que significa hacer buena arquitectura para las ciudades.

En el Perú se hacen ciudades desde hace 5,000 años con una calidad exquisita y que sorprende al mundo. Nos corresponde ahora instrumentalizar los mecanismos que permitan a los 14,000 arquitectos peruanos colegiados, herederos de esta tradición,  mostrar su talento en la creación de los nuevos monumentos del futuro.