JulioVillavicencio
Invirtiendo con estrategia Por Julio Villavicencio

Al recordar hoy el autogolpe del 5 de abril de 1992, se me viene a la mente la importancia de la división de los poderes para lograr una nación próspera, como en Estados Unidos, donde incluso se paran las iniciativas del propio presidente si éstas pretenden estar por encima de la ley. Quizá en el corto plazo, estos fracasos de Donald Trump frente a los poderes del Estado estén trayendo dudas a los inversionistas sobre la capacidad de llevar a cabo las reformas que impulsaron las bolsas luego de su elección; no obstante, es probable que se vayan desvaneciendo conforme se diferencie el valor de tener poderes independientes que eviten los capricho dañinos de una persona y que acepten reformas bien planteadas por una institución.

Si hay algo que en Estados Unidos se sabía desde su inicio es que la única forma de ser una gran nación, con un gobierno del pueblo para el pueblo, era sentando las bases de una sólida democracia. Por ello, los fundadores del país tenían claro  que para lograr dicho objetivo debían evitar la presencia de un líder tirano, para lo cual la división del poder en diferentes instituciones era vital (legislativo, ejecutivo y judicial). El típico gesto citado en la historia es la renuncia de George Washington a postular a un tercer mandato, a pesar que ganó dos elecciones seguidas con el 100% de los votos electorales. Claramente, la presencia de caudillos como en la historia latinoamericana y peruana era (y es todavía) impensada.

La fórmula para ser una nación próspera entonces era que nadie, ni siquiera el presidente, puede estar por encima de la ley. Para lograrlo nadie podía concentrar los tres poderes. Hoy esos mismos fundamentos son los que permiten traer abajo las iniciativas poco elaboradas del presidente Trump. Primero, un juez federal de Seattle y luego otro de Hawái pararon el veto migratorio propuesto por el presidente. Luego, el Partido Republicano retiró el precipitado plan de salud propuesto para reemplazar el actual ‘Obamacare‘, ante el rechazo de algunos republicanos y la imposibilidad de contar con los votos necesarios para su aprobación. Finalmente, dentro del mismo Poder Ejecutivo, en febrero, los asesores de Donald Trump lo convencieron de retractarse con Xi Jinping, presidente de China, para comprometerse a respetar el principio de “una sola China”, algo que había puesto en cuestión antes.

Esta incapacidad del presidente Trump de llevar a cabo sus promesas de campaña ha traído ciertas dudas al mercado sobre la capacidad de realizar otras reformas como las reducciones de impuestos o el aumento del gasto, las mismas que habían dado soporte al rally que se dio luego de la elección. Esta situación ha contribuido a que el rally de los mercados se detenga y que la bolsa de Estados Unidos se quede, por ahora, rezagada en el año respecto a la Eurozona, en donde el fracaso de la extrema derecha en Holanda y la caída en la probabilidad del triunfo de Marine Le Pen en Francia le ha dado un respiro a los activos de la región (en mi publicación anterior “Riesgo Trump vs. riesgo electoral en Europa: ¿Qué enseña la historia?” hablaba sobre la competencia entre las bolsas de estas dos regiones).

El mercado podría estar exagerando sobre la capacidad del Poder Ejecutivo de Estados Unidos en llevar a cabo reformas importantes, pues una cosa es rechazar caprichos prometidos en campaña y otra muy diferente es una política bien sustentada (si es que la hay) para reducir impuestos o aumentar el gasto. Esto considerando además que el partido republicano ha sido siempre proclive a aceptar políticas tributarias expansivas. No estoy diciendo que ambas políticas sean las adecuadas en esta fase del ciclo, lo que digo es que la probabilidad de ejecución no debería cambiar por las frustraciones de Trump y que el mercado podría estar exagerando. Además, si los activos de Estados Unidos son los más seguros y su bolsa la más importante del mundo es porque implícitamente se está descontado que poseen instituciones sólidas que evitan la acumulación del poder en una sola persona que pueda llevar al país al precipicio.