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Jaque Mate a la Estrategia Por Aldo Tapia

En muchas ocasiones, a todos nos ha pasado que pese a tener todo analizado y muy bien planeado, de pronto “algo inesperado sucede” que hace que las circunstancias cambien y nos vemos obligados a tomar una decisión, aún cuando no tenemos toda la información o tiempo requerido. ¿Te ha pasado?

¿Recuerdas cómo era ese sentimiento de temor y nerviosismo que  hacía que tu adrenalina se eleve a su máximo nivel, y tus pulsaciones incrementen su velocidad? ¿Boom, boom, boom? Podías sentir a tu corazón, mientras el enemigo invisible llamado tiempo te empieza a angustiar y de pronto… llega el momento de decidir, aun cuando no conoces todos los riesgos y mucho menos todos los impactos que esta acción puede ocasionar.

¿Cómo debemos manejar estas situaciones? ¿Cómo salir de lo planificado para inventar algo nuevo que no he analizado? ¿Cómo tomar una decisión, contra el tiempo, sin disponer información completa y sin medir los riesgos como hubiera querido?

Para contestar estas y otras interrogantes, hoy revisaremos la historia real del capitán Chesley Sullenberger “Sully”, piloto del US Airways 1549, cuyo drama protagonizado por el reconocido actor Tom Hanks hoy está en cartelera y cuyo estreno batió récord de taquilla en Estados Unidos. Esta historia real representa una gran enseñanza en la toma de decisiones.

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El caso de Chesley Sullenberger

Hace un año, tuve el privilegio de asistir al Advanced Management Program en la Universidad de Columbia en New York, en Estados Unidos. El primer día de clases, tuvimos el honor de tener el testimonio real de esta historia. Era “Sully” narrando los acontecimientos que ocurrieron el 15 de enero de 2009 cuando él, siendo capitán del avión de US Airways 1549, con 155 personas a bordo, sale del aeropuerto de La Guardia en New York con destino Charlotte y, a menos de tres minutos de haber despegado, a 2,930 pies de altura, una bandada de aves se interpone en el trayecto del avión, ingresando a ambos motores, ocasionando que ambos motores se apaguen y haciendo que el avión empiece a caer.

Caso Sully: Airbus 320 del vuelo 1549 de US Airways en el río Hudson de Nueva York

Él narró que lo primero que pensó es “¡esto no puede estar pasando!”; sin embargo, inmediatamente tomó conciencia de la situación y pidió autorización para regresar al aeropuerto de La Guardia, comunicando a la torre de control la “emergencia”. A los pocos segundos se da cuenta que el avión perdía altura rápidamente y no tenía la potencia necesaria para regresar, por lo que pide autorización para ir al aeropuerto de Teterboro en New Jersey que estaba en el trayecto directo del avión a siete millas de distancia.

Lo intenta, pero nuevamente se da cuenta que no iba a llegar a la pista, que era muy posible que se estrelle en una de las zonas más pobladas del mundo como lo es la ciudad de New York y decide tomar una decisión sumamente arriesgada, que no tenía antecedentes exitosos: aterrizar en las aguas del río Hudson.

Ruta de Sully del aeropuerto La Guardia al Río Hudson

A los 208 segundos del impacto contra las aves, el capitán “Sully” logra aterrizar el avión sobre el río y salvar la vida de las 155 personas que iban a bordo. ‘The miracle flight’ (el vuelo milagroso) titularon las principales portadas de los diarios de New York. El capitán “Sully” fue sumamente elogiado y declarado héroe por este hecho.

Avión Airbus 320 aterrizó con éxito en el río hudson

Cinco aprendizajes de vida en 208 segundos

Seguro se preguntarán por qué esta increíble historia contiene aprendizajes que puede ayudarnos a tomar decisiones y por qué fue la primera charla que recibimos en una de las mejores escuelas de negocio del mundo. Aquí se los presento:

  1. Hasta el mejor plan del mundo puede fallar

    Todos los capitanes de avión tienen un plan de vuelo, “una hoja de ruta”, que continuamente revisan para ver si los estándares de vuelo son los indicados y eso les permite revisar si todo va de acuerdo al plan. Cuando pasa el impacto con las aves, se generó un escenario que no estaba en el plan y que nadie había contemplado y, menos, entrenado. El plan cambió y la rapidez que él tuvo para darse cuenta que estaban en una realidad fuera del plan y adaptarse a esta nueva situación fue clave para poder tomar acción de manera inmediata, ya que el tiempo era su principal enemigo. ¡Fueron 208 de segundos en total!

  2. Desaprender, descubrir y experimentar

    Si él aplicaba el protocolo de emergencia establecido, y para lo cual había sido entrenado, el avión se habría estrellado. Nunca nadie fue entrenado para que a sólo 2,900 pies de altura se crucen aves y apaguen los motores del avión. Lo que él hizo fue desaprender y empezar a descubrir nuevas opciones. Intentó regresar a 2 aeropuertos y su intuición (no los instrumentos), le hizo ver que el avión no llegaba y el descubre una alternativa sin antecedentes: aterrizar en el río Hudson. Tomó la decisión de experimentar algo nuevo y logró algo extraordinario.

  3. Liderazgo en momentos de crisis

    Apenas ocurre la emergencia, el capitán “Sully” tomó el control total de la nave. Demostró una inteligencia emocional enorme para el momento crítico que estaba viviendo —¡el avión caía con 155 personas a bordo en menos de 208 segundos!—, lo cual le permitió muy rápidamente ir descubriendo nuevas opciones y experimentando acciones que llevaron a la decisión de aterrizar en el río. No cayeron allí por accidente, él tomó la decisión.

  4. Confianza y compromiso entre todos los miembros del equipo

    Durante los 208 segundos de la caída, el copiloto Jeff Skyles ayudó y soportó al capitán en cada paso que daba, se mantuvo concentrado en todo momento, y cuando el capitán —a sólo 40 segundos del aterrizaje— avisa a la tripulación que se preparen para el impacto, la tripulación hace su trabajo, preparando y dando instrucciones a los pasajeros de lo que tenían que hacer. Todos trabajaron en equipo. En el momento de la evacuación, pese a la amenaza que tenían del agua ingresando a la cabina, lograron muy rápidamente evacuar el avión con éxito. ¡Fueron un equipo!

  5. Aprender

    El mayor aprendizaje que nos enseña esta historia radica en la habilidad que tuvo el capitán para adaptarse de inmediato a las nuevas situaciones que se presentaban en los 208 segundos que duró la caída y tomar decisiones distintas a las habituales.

    Luego de este evento, se realizó una exhaustiva investigación de parte de las autoridades americanas, quienes determinaron, luego de muchas simulaciones con las condiciones exactas que tuvo el avión, que si el capitán intentaba retornar al aeropuerto de la Guardia o ir al aeropuerto de Teterboro que estaba a sólo siete millas el avión se hubiera estrellado ocasionando la muerte de las 155 personas y quién sabe cuántas muertes más dentro de la ciudad de Nueva York.

Si tú hubieras sido “Sully”, ¿hubieras tomado la misma decisión? ¿Hubieras dejado de lado el protocolo de emergencia establecido y seguir tu intuición? “Sully” enfrentó una situación que jamás había sucedido en la historia de la aviación, para lo cual no había sido entrenado y decidió desaprender lo aprendido, descubrir nuevas opciones, experimentar, pero sobretodo aprender de toda esta experiencia y trasladarla para seguir mejorando la seguridad aeronáutica.

Las empresas hoy se enfrentan a situaciones nuevas que cambian a gran velocidad, y que, por lo tanto, no están planeadas. ¿Vamos a encontrar las mejores soluciones, siguiendo el “plan de vuelo establecido”, en nuestra “zona de confort”, haciendo lo mismo, buscando analizar todos los riesgos posibles como si el tiempo fuera eterno? ¿O vamos a descubrir nuevas opciones de manera ágil, retando el “status quo”, experimentando, intentando cosas diferentes y aprendiendo de cada experiencia? La decisión depende únicamente de ti.


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