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Jaque Mate a la Estrategia Por Aldo Tapia

Dicen que para lograr resultados diferentes, debes hacer cosas diferentes; sin embargo, ¿cómo se supone que debo hacer esto?, ¿cómo entender que para lograr algo diferente, debo pensar diferente? Una forma clara de lograr este propósito es hacer mejores preguntas, porque sólo así encontraremos mejores respuestas.

El problema de una gran cantidad de líderes y gestores, es que el sólo hecho de hacer preguntas diferentes, los obliga a pensar… y ¡no tienen tiempo para pensar! Es tal la cantidad de requerimientos, obligaciones y distracciones, que el solo hecho de saber que tienen que tener un tiempo para pensar en hacer preguntas diferentes los abruma y los incomoda a tal punto que prefieren seguir en el cómodo control de su rutina.

¿Llegaré a tener tiempo para “pensar”?

Hoy el pensamiento crítico se ha convertido en una competencia indispensable que todo líder y gestor debe tener. Gracias a él, debemos tomar decisiones diferentes con el fin de obtener los resultados que esperan de nosotros y por el cual nos contratan.

¿Estamos cumpliendo con pensar de esta manera? O se trata de una habilidad escondida y quizá perdida.

Hace poco regresé de vacaciones de México. Sin duda, luego de seis días allá uno vuelve más relajado y con energías renovadas para enfrentar los desafíos profesionales futuros. En el vuelo de regreso, que tomó en total cinco horas por la escala que hicimos en Panamá, decidí regalarme un tiempo a mí mismo para pensar y reflexionar.

Este tiempo que me otorgué me permitió relajarme, hacer conjeturas y conexiones de ideas que hace tiempo tenía en mente, y de identificar acciones a inquietudes que se mantenían como en una caja escondida e ignorada.

Con el tiempo que tenía, mientras mi familia disfrutaba del sistema de entretenimiento del avión, empecé a escribir todos estos pensamientos e ideas con el fin de recordarlos después y hacer algo útil e interesante con ellos.

Escribir para mí es una especie de “catarsis”, me permite aterrizar una serie de ideas y pensamientos con el fin de darle a cada uno de ellos un nombre y analizar si realmente son necesarios y agregan valor a mi vida personal o profesional y/o a los que me rodean.

Escribir clarifica mi mente y me fuerza a revisar lo que normalmente está escondido en mi memoria. Escribir me permite realmente “pensar” y la clave es encontrar el tiempo necesario y crear al ambiente propicio para permitirme a mí mismo pensar y escribir algo que quiero.

En el mundo de hoy, el desarrollo del wi-fi y las tecnologías 4G hace que nosotros estemos siempre “disponibles”, siempre dispuestos a contestar cualquier inquietud de manera inmediata. Nuestra rutina está envuelta en este mundo electrónico, donde casi es imposible salvarse de un mensaje vía Whatsapp, e-mail o Facebook. Entonces la pregunta clave es: ¿cómo me puedo desconectar de esta rutina malévola y obtener un tiempo para “pensar”?

La solución se llama “Reflexion Time”

Seguro algunos ejecutivos, muy ocupados ellos y a los cuales les gusta su rutina, pensarán inmediatamente “no tengo tiempo para eso”.

El tiempo de reflexión no requiere ser un tiempo muy largo y prolongado, pero tiene que ser “mi tiempo”, sólo mío. 15 a 25 minutos son suficientes. La clave está en perseverar hasta hacerlo constante y parte de nuestra vida.

¿Se imaginan cuánta energía positiva y oportunidades tendrías tú, tu equipo, tu empresa, la sociedad, si de verdad lograran un tiempo para reflexionar acerca de sus ideas, problemas y oportunidades? Muchas veces creemos que los problemas no tienen solución simplemente porque estamos metidos en una rutina salvaje y de manera consciente no nos damos el tiempo para reflexionar y pensar un poco más en ellos. A veces no es necesario ver nuevos paisajes para encontrar el camino, sino ver el panorama con ojos distintos.

Reflexionar te hace más reflexivo y el ser más reflexivo te hará más efectivo, es así que he decidido reflexionar al empezar el día, apenas me despierto y si es fin de semana, me encanta hacerlo el domingo por la tarde, puede ser mientras tomo un café, otras veces una buena copa de vino es perfecto para hacerme compañía. Simplemente me alejo de todo lo que puede causar una interrupción en mí y me dedico a “pensar”.

Ahora que he encontrado tiempo para pensar, deseo compartir los beneficios de esta práctica con todos ustedes, y deseo cerrar el artículo haciendo una pregunta que espero les de un motivo para reflexionar. ¿Conoces realmente qué piensa tu esposa, tus hijos, tus padres, tus hermanos, tu equipo, tus amigos? Si lo supieras, ¿podrías hacer algo para que su vida y la tuya sean mejores? Sin conocerte te doy la respuesta.

“Sí, claro que sí”


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