VíctorGobitz
La agenda minera Por Víctor Gobitz

Desde 2009 el Complejo Metalúrgico de La Oroya (CMLO) dejó de operar a capacidad plena.

Este complejo que había iniciado operaciones en 1922, tuvo a lo largo de sus 87 años de operación ininterrumpida sólo tres propietarios: Cerro de Pasco Copper Corporation (52 años), Centromin Perú (23 años) y Doe Run Perú – Grupo Renco (12 años).

Durante sus primeros 75 años, operó como parte de un “cluster” o sistema integrado verticalmente, que incluía minas polimetálicas, centrales de energía y líneas ferroviarias que lo enlazaban al comercio exterior a través del puerto del Callao.

Sin embargo, en el 1997, el Estado peruano decidió vender por separado los diversos activos que componían en su momento al conglomerado Centromin Perú, entre ellos la planta metalúrgica de La Oroya.

Sin duda, no podemos retrotraernos a esa fecha; sin embargo, si podemos plantearnos la siguiente interrogante en pleno 2018: ¿es posible diseñar para el CMLO un plan de negocio viable?

Entendemos todos el concepto de un “plan de negocio viable” por aquel que cumpla con toda la normatividad ambiental-sanitaria, laboral y tributaria vigente, que no requiera de ningún tipo de subsidio y que, además, genere los excedentes monetarios suficientes para atender las obligaciones financieras con sus acreedores y accionistas.

Si el plan de negocio fuera optar por el reinicio de operaciones metalúrgicas, surgen las siguientes interrogantes: ¿cuál es la inversión requerida para cumplir con la remediación ambiental pendiente, adecuar la operación a los estándares ambientales vigentes y restablecer la capacidad operativa de la refinería, luego del prolongado plazo de interrupción? En adición, ¿cuál es el monto de capital de trabajo requerido para asegurar la provisión de concentrados de plomo, zinc y cobre compitiendo en un mercado global y sin ningún atributo de integración vertical con minas polimetálicas propias?

Por otro lado, si el plan de negocio fuera optar por la reconversión de La Oroya en un hub logístico, bajo el concepto de un puerto seco, se podría aprovechar sus atributos de localización geográfica en relación a la minería del centro del país y a ciudades como Huancayo, Tarma, Chanchamayo, Cerro de Pasco, Huánuco y Tingo Maria; asimismo, se emplearía gran parte de la infraestructura existente en términos de terrenos industriales, enlace ferroviario, subestaciones eléctricas, talleres, oficinas y campamentos.

Ambas opciones requieren un análisis técnico y económico serio; es decir, un plan de negocio el cual aportaría a la discusión pública y orientaría a todos los involucrados: trabajadores, acreedores, gobierno regional y local.

Respecto al futuro de La Oroya se debe tomar la decisión más conveniente con criterios sólidos, exentos de percepciones o motivaciones políticas.

Todos deseamos para La Oroya una solución viable y sostenible en el tiempo.