VíctorGobitz
La agenda minera Por Víctor Gobitz

Nuestra república acaba de cumplir 197 años y nuestro escudo nacional a través de sus tres símbolos: la vicuña, el árbol de la quina y la cornucopia de oro; nos recuerdan que nuestro territorio es diverso y abundante en recursos naturales.

Todos estos recursos naturales, sin exclusión de uno o preponderancia de otro, deben ser parte de nuestros planes de desarrollo, para alcanzar nuestra meta principal, que es derrotar a la pobreza.

Si analizamos en perspectiva estos 197 años, concluiremos que hemos obtenido avances significativos: la pobreza, que en el 2004 alcanzaba al 60% de nuestra población, ha descendido a 20%; en ese mismo período hemos crecido, en promedio, a un ritmo anual de 3.5%; hemos suscrito acuerdos de libre comercio con las 25 economías más importantes del globo; contamos con un Banco Central de Reserva independiente; y somos un país que, en términos macroeconómicos, ha alcanzado grado de inversión.

Sin embargo, no podemos caer en complacencia y debemos reconocer que aún tenemos muchas tareas pendientes tales como reducir la informalidad de nuestra economía —aún un 60% del PBI y un 70% del empleo cae en esta categoría—, seguramente investigadores especializados podrían establecer una correlación alta entre informalidad y crisis de valores o entre informalidad y cortoplacismo; una segunda tarea pendiente es incrementar la madurez de nuestras instituciones porque la “solución” no pasa por refundar nuestra República o crear nuevas instituciones, pasa por discutir y consensuar un plan maestro que de manera progresiva nos permita contar con instituciones políticas, judiciales, policiales y administrativas, con un nivel de madurez, transparencia y solvencia, que nos asegure que, como Nación y como un colectivo, estamos organizados en un Estado de Derecho con el objetivo común del crecimiento social, cultural y económico de toda su población; y una tercera tarea pendiente, no menos urgente, es implementar una educación pública de calidad, que será la que finalmente nos otorgue la sostenibilidad como Nación.

Hoy, sin embargo, la discusión pública no está centrada en cómo reducir nuestra informalidad, cómo alcanzar nuestra madurez institucional o cómo alcanzar una educación pública de calidad. Parecería que estamos más interesados en escuchar el último audio y dividirnos moralmente entre “nosotros” y los “otros”. En este punto, por favor, no me malinterpreten: condeno todos los hechos ilícitos vistos y escuchados, los mismos que confirman el diagnóstico que todavía tenemos tareas pendientes muy significativas.

Por ello, más que la propalación de más audios, debemos reclamar una discusión seria y más extensa de cómo resolveremos los temas de fondo.

En medio de esta crisis, que llamaré “ruido institucional”, se anunció una inversión minera muy trascendente para la economía del país y en particular para la región sur: el proyecto cuprífero Quellaveco, que será emprendido por dos instituciones mineras multinacionales: Anglo American (Reino Unido) y Mitsubishi (Japón). Esta inversión minera significará más empleo formal y recursos fiscales por varias décadas, lo cual confirma la visión acertada de los fundadores de la República cuando diseñaron nuestro escudo nacional: nuestra industria minera, proveedora de metales para el desarrollo industrial del mundo, es uno de nuestros pilares como Nación.