VíctorGobitz
La agenda minera Por Víctor Gobitz

En los últimos días, en diversos medios se viene denostando un producto derivado de la industria de los hidrocarburos: el plástico.

Este material moldeable es un protagonista del mundo urbano-industrial que vivimos porque ha reemplazado en múltiples aplicaciones al cuero, la madera, el papel, el cartón, el vidrio y hasta el metal; y no es perjudicial per se; sin embargo, su uso indiscriminado y sin ninguna responsabilidad individualizada sobre su destino final viene generando un impacto ambiental significativo, sobre todo en los cursos de agua y en la vida marina.

Sin embargo, consideramos que la solución no pasa por su proscripción, sino por una regulación que incluya conceptos de reciclaje, incentivos para su reuso y especificaciones técnicas rigurosas en caso se requiera su disposición final.

A manera de reflexión, sin eludir el debate y solución que requiere la regulación y disposición final del plástico, es necesario anotar que en un mundo urbano y particularmente en una mega urbe como la ciudad de Lima, existen otras dos actividades de igual significado ambiental que todavía están a la espera de una solución integral. Nos referimos a la recolección, segregación y disposición final de la basura; y a la colección y tratamiento de la totalidad de las aguas residuales que generamos.

Siguiendo con este análisis de temas ambientales significativos y aún pendientes, debemos añadir aquel proveniente del mundo digital, en el cual nos hemos embarcado todos globalmente, y donde irreflexivamente abrazamos la idea de permanente renovación de los gadgets tales como: teléfonos celulares, tabletas electrónicas y computadoras personales. Sin embargo, ni los fabricantes de estos dispositivos digitales, ni nosotros los usuarios, hemos tomado conciencia o asumido responsabilidad alguna por el destino final de los mismos, cuando quedan en desuso. En este contexto de aparente modernidad, prestigio y alta valoración económica hacia esta industria digital, resulta paradójico que exista un pueblo en Ghana, llamado Agbogbloshie, que es considerado el mayor vertedero electrónico del mundo; y por cierto el más tóxico.

Permítanme ahora describirles sucintamente como la industria minera formal, se diseña y se opera; de manera que se contraste y se le valore adecuadamente.

La industria minera formal se desarrolla en un espacio territorial específico, no en uno disperso o descontrolado; y dentro de este espacio o huella ambiental, se emplazan obras de ingeniería, tales como mina, planta de beneficio, depósitos de material estéril, depósitos de relaves, talleres, oficinas y servicios varios.

Este perímetro cerrado o huella ambiental nos permite controlar las aguas de escorrentía, recircular las aguas industriales e implementar sistema de impermeabilización de suelos de fundación para impedir la contaminación de la napa freática y los cursos de agua.

Además, todas las obras de ingeniería antes mencionadas de manera antelada son sometidas a revisión y aprobación por la autoridad competente; son actividades sujetas a fiscalización; si se presentara un desvío operacional está individualizada la responsabilidad y por ende sujeta a sanción; y finalmente el diseño de ingeniería considera una etapa final de remediación ambiental o plan de cierre, con garantías financieras a favor del Estado.

La industria minera formal, en general, cumple el rol de proveer a toda la sociedad, de metales necesarios e imprescindibles para el mundo urbano donde vivimos; se diseña y se opera con conceptos de economía circular y particularmente en el Perú es una actividad económica descentralizada, genera empleo e infraestructura en nuestras regiones altoandinas, por tanto, es un pilar económico que requiere de todo nuestro respaldo.