VíctorGobitz
La agenda minera Por Víctor Gobitz

El domingo 7 de octubre elegimos en todo el país a nuestras futuras autoridades regionales, provinciales y distritales, quienes encabezarán los órganos de gobierno subnacionales por los próximos cuatro años.

Los electores aspiramos a que las nuevas autoridades sean primeramente honestas en la gestión de los fondos públicos y que, en adición, diseñen e implementen planes de desarrollo que mejoren la calidad de vida de todos.

Una primera conclusión que podemos extraer de esta campaña, dado el número de candidatos en concurso — conclusión no solo aplicable a Lima y sus distritos, sino a lo largo y ancho de nuestro territorio—, es que en nuestro país abundarían los candidatos con una vocación inequívoca por el servicio público (?).

Una segunda conclusión que podemos esbozar, dada la abundante publicidad de candidatos retratados con su mejor sonrisa, recorriendo y otorgando abrazos a sus potenciales electores, o a aquellos expresándose con insultos y frases denigrantes para captar la atención de los medios de prensa, es que en general los candidatos han apelado en sus campañas a avivar percepciones y emociones, antes que a la discusión de sus programas de gobierno. Han empleado en exceso el “lenguaje connotativo”, como diría un lingüista.

¿Cómo explicarnos que los candidatos a los diversos gobiernos subnacionales no apelen al “lenguaje denotativo” para presentar un análisis integral de cómo se financiarían los planes de desarrollo que requieren nuestros distritos, provincias y regiones?

Esta estrategia electoral se explicaría por el conocimiento profundo que tendrían nuestros candidatos acerca del perfil de una porción significativa de sus electores: lamentablemente casi el 70% de nuestra población en edad laboral está empleada en la economía informal, lo cual supone un empleo precario por el número excesivo de horas de trabajo, por la falta de remuneración por el trabajo extra realizado, por el tiempo extenso de desplazamiento hacia su punto de trabajo, y por la carencia de una dotación adecuada de prestaciones de salud y ahorros previsionales. Todos estos factores limitan las posibilidades de contar con el tiempo suficiente para analizar y cuestionar las distintas opciones electorales.

¿Qué podemos hacer entonces para salir de este círculo vicioso? ¿Cómo lograr introducir en el debate electoral y político del país la discusión acerca de cómo desarrollamos y financiamos todo nuestro potencial socio económico? Específicamente, ¿cómo logramos comunicar que la industria minera, por ser una actividad industrial descentralizada, tecnológicamente innovadora, integradora y sí, extractiva – primaria, es un primer pilar para un desarrollo industrial más diverso del país, como todos anhelamos?

Tratando de esbozar una respuesta: a nivel público, debemos exigir debates programáticos, que no se limiten a las declaraciones que apelan a las percepciones. Debemos elevar la discusión hacia cómo financiaremos los planes de desarrollo económico, cómo formalizaremos nuestra economía, cómo fomentaremos el empleo juvenil y cómo alcanzaremos una educación pública de calidad y estándar mundial.

Asimismo, a nivel de la industria minera, debemos reflexionar sobre cómo lograremos comunicarnos con toda la población, apelando no solo al lenguaje denotativo, sino también al connotativo, construyendo una narrativa que nos permita acercarnos y conectarnos con todos.