VíctorGobitz
La agenda minera Por Víctor Gobitz

¿Adónde vas, señor? Esta pregunta resume un diálogo determinante entre Jesucristo Aparecido y el apóstol Pedro, hace casi 2,000 años.

Ambos se encontraron en dirección contraria, en la Vía Apia. Pedro huía raudamente de Roma, temeroso ante la responsabilidad y riesgo personal que suponía fundar y dirigir la Iglesia Católica; en cambio, Jesucristo avanzaba de manera resuelta en sentido opuesto.

Pedro, confrontado y avergonzado ante la actitud decidida de Jesucristo, seguía, sin embargo, aún confundido y le preguntó: Quo Vadis, Domine? La respuesta contundente, esclarecedora y plena de propósito de Jesucristo le permitió al dubitativo Pedro reflexionar y girar hacia la dirección correcta.

Como corolario de ese encuentro y cuestionamiento decisivo, el legado espiritual e institucional de San Pedro aún persiste en nuestros días.

Esta parábola bíblica no ha perdido vigencia, porque muchas veces nos enfrentamos a disyuntivas entre tomar decisiones difíciles e inicialmente incomprendidas, pero de alto impacto positivo en el largo plazo o decisiones “para la tribuna”, pero profundamente intrascendentes.

Llevada esta misma parábola al ámbito de la gestión pública tenemos que empezar precisando que todos entendemos que el mandato que recibe una autoridad pública, sea en el ámbito nacional, regional, provincial, distrital o comunal, es: “gestionar los recursos y las actividades que se desenvuelven dentro del territorio bajo su jurisdicción para maximizar el bienestar de su población”. El mandato de la autoridad pública supone tomar decisiones dentro del marco de la ley; y dichas decisiones no deberían basarse en encuestas de popularidad o aceptación, porque no debemos olvidar que, siguiendo ese mismo criterio, Poncio Pilatos decidió la crucifixión de Jesús.

Por otro lado, todos entendemos que la autoridad pública suele enfrentar decisiones difíciles e incomprendidas, pero como autoridad tiene diversos medios disponibles para comunicar con claridad y sin ambigüedad. Para inspirar, liderar, instruir, clarificar, dialogar y consensuar; pero de ninguna manera para renunciar a su atribución de tomar decisiones.

Cuando vemos que se opta por el referéndum popular en vez del diálogo y consenso entre las fuerzas políticas electas; cuando no se argumenta, sino se agravia al adversario político; cuando se opta por instalar “mesas” de negociación (que con eufemismo se denominan de “diálogo o desarrollo”); o cuando se permite que de manera reiterada se bloquee o se atente contra infraestructura pública, vemos con pesar que diversas autoridades públicas se guían por el aplauso de la tribuna.

Retornando a la parábola bíblica: Pedro, que posteriormente fuera consagrado como San Pedro, también enfrentó un periodo de debilidad y duda, pero finalmente reflexionó y sacrificó incluso su vida para cumplir su propósito.

Esperamos que esta misma reflexión inspire a todas nuestras autoridades públicas sobre la base del mandato popular que han recibido: maximizar el bienestar de la población supone no huir de las decisiones difíciles, pero trascendentes.