VíctorGobitz
La agenda minera Por Víctor Gobitz

El Perú ha mantenido un rumbo macroeconómico disciplinado y predecible en los últimos 25 años, lo cual le ha permitido alcanzar un objetivo distintivo, similar a los países miembros del OCDE. Hoy somos un país con cuentas financieras robustas, con calificación crediticia solvente o grado de inversión, con tratados de libre comercio suscritos con las principales economías mundiales y nos hemos convertido en un destino importante de inversión extranjera, dado nuestro potencial aún por desarrollar.

Sin embargo, mantenemos como país objetivos pendientes que son ineludibles, si no queremos caer en la complacencia y detener el crecimiento económico que nuestra población reclama. Por ello, empleando los mismos atributos comparativos empleados por la OCDE. Vemos que esta agenda insoslayable contiene por lo menos tres aspectos: madurez institucional, desarrollo de infraestructura pública y acceso al mercado laboral formal.

En referencia a nuestra institucionalidad no podemos dejar de mencionar que la estabilidad macroeconómica lograda por nuestro país es reflejo de la madurez alcanzada en entidades públicas como el BCR, el MEF y la Sunat. Pero este mismo nivel de madurez institucional, con honrosas excepciones, aún nos es esquiva en otros estamentos de gobierno, en particular a nivel regional, provincial y distrital. La regionalización iniciada hace casi dos décadas partió de un objetivo loable de descentralización y condujo a la transferencia de recursos financieros y diversas competencias hacia autoridades locales electas por el voto popular. Sin embargo, en aquella oportunidad, poca atención le tomamos a la implementación de una gestión pública con altos estándares. Todo ello conlleva a que nuestra población no perciba los beneficios tangibles de una economía, que a nivel macro es robusta.

En lo que concierne a nuestra infraestructura pública, somos un país emergente con un déficit considerable que nos resta en competitividad y limita nuestro acceso pleno a mercados locales e internacionales; déficit que en los últimos años se viene agravando porque los condenables casos de corrupción descubiertos (otro síntoma inequívoco de nuestra debilidad institucional) han priorizado la atención mediática al castigo de los culpables, en desmedro de debatir acerca de cómo construir instituciones ejecutoras de infraestructura pública, más eficaces y más ágiles. Sin embargo, los recientes Juegos Panamericanos en la ciudad de Lima son un ejemplo destacable que demuestra que si es posible tener una gestión ejecutora de obras públicas con calidad y transparencia.

Y respecto a nuestro mercado laboral, tenemos como país un registro desafiante, porque solo el 30% de nuestra fuerza laboral cuenta con un empleo formal; es decir, la gran mayoría de nuestra fuerza laboral obtiene un empleo en el mercado informal. Este tema, de no atenderse a tiempo, generará en el largo plazo un descalce en términos de atención de pensiones de retiro y servicios de salud. La solución sostenible pasa por priorizar dentro de nuestras políticas públicas la implementación de una educación pública de calidad, que le permita a todos los peruanos desarrollar su pleno potencial creativo y productivo.

En suma, a pesar de tener una posición macroeconómica robusta, no hemos logrado que la mayoría de nuestra población alcance los niveles de calidad educativa, acceso a salud y oportunidades laborales que permitan el desarrollo de su potencial pleno.

Si coincidimos en el diagnóstico anterior, el plan de acción pasa por lograr que en paralelo a la promoción de la inversión, como fuente de crecimiento y empleo, promovamos y nos involucremos en la implementación de una gestión pública de altos estándares. En particular, como industria minera, tenemos un rol económico muy relevante como para esperar que estos temas se resuelvan solos o que los resuelva otro.

En dicho sentido, daría la impresión que solucionar la crisis interinstitucional entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, mediante el adelanto de las elecciones generales, no resolverá el problema. Ésa no sería la “bala de plata” que nos coloque nuevamente en la senda del crecimiento.

Por otro lado, la discusión recién iniciada acerca de la implementación de los proyectos mineros con un enfoque de desarrollo territorial parece bien encaminada, pero debería nacer con un enfoque multisectorial porque los planes de desarrollo territorial en nuestras regiones altoandinas en particular requieren incorporar la inversión minera; pero también la inversión energética, vial, agrícola – hídrica, acompañada con una visión de largo plazo respecto al perfil poblacional, con el objetivo que la educación pública de calidad contribuya con la creación de un círculo virtuoso de crecimiento.