RicardoLabó Fossa
La minería en balance Por Ricardo Labó Fossa

En el último mes he leído titulares como “Apple se asocia con la minera Rio Tinto para producir aluminio con cero emisiones en Canadá”, “El grupo Toyota adquiere una participación estratégica en la minera Orocobre para invertir en la expansión de sus proyectos de litio en Argentina” y “Tesla publica un reporte sobre minerales de conflicto (enfocado en la explotación de cobalto en el Congo)”. ¿Qué relación tienen estas tres noticias? ¿Por qué dichas empresas están invirtiendo o se asocian con empresas mineras o están preocupadas por el origen de sus minerales?

En marzo y junio de este año, el Banco Mundial me invitó a la presentación y discusión, en Canadá y Chile[i], de su reporte: “El creciente rol de los minerales y metales en una economía baja en carbono[ii]. Este estudio resalta la importancia que tienen los minerales en la transición por la cual está pasando el mundo hacia el uso de energías amigables con el cambio climático, pero sobre todo destaca la excelente posición y oportunidad para países de Latinoamérica, como el Perú, como proveedores de los principales minerales que se demandan para ello: cobre, hierro, plata, litio, aluminio, níquel, manganeso y zinc, entre otros.

Según me explicó una de las coordinadoras de dicho reporte, la primera reacción de un gran número de personas al hablar de un mundo más amigable con el cambio climático era verlo con menos minería. Así, pensaban que había una aparente contradicción en tener un “mundo verde” y una mayor explotación mineral. Las conclusiones indican sin embargo justamente todo lo contrario: el futuro de las energías limpias es crecientemente mineral-dependiente. Ciertamente, el reporte muestra que las tecnologías que se requerirán para la transición hacia energías limpias, como la solar, eólica y a base de hidrógeno, y eléctricas en general, son significativamente más intensivas en su composición mineral que los actuales sistemas de energía basados en combustibles fósiles. Los autos eléctricos utilizan significativamente más cobre y las baterías requieren litio y cobalto, sólo por citar un par de ejemplos.

Ciertamente, para que no exista tal contradicción, tanto las empresas mineras, como los consumidores finales se están preocupando más que antes en cómo se explotan y procesan dichos minerales y cuánto mineral usan en la manufactura. La preocupación sobre el origen de materias primas es ciertamente no nuevo para el sector minero, como lo muestra el Proceso Kimberly para el caso de diamantes u otras iniciativas para el caso del oro; ni tampoco para otras industrias, como la manufacturera (recordemos sino los casos de Apple y Nike, por ejemplo). Sin embargo, sí es una preocupación relativamente nueva y cada vez más creciente para el caso de minerales base como el cobre y las llamadas tierras raras. La exigencia por la trazabilidad del origen de los insumos es cada vez más frecuente por parte de los productores y consumidores. Ello puede incluso convertirse, de ser bien aprovechado, en un factor diferenciador no sólo para los productos, sino para las empresas y países.

A lo que se enfrentan cada vez más hoy en día las empresas no es sólo un escrutinio por parte de gobiernos y comunidades desde el upstream, sino también desde el downstream a través de los consumidores finales e incluso accionistas. El cambio, sin embargo, dada la necesidad inherente de más minerales, está en que dicha presión no es (o debe ser) para una discusión dicótomo-polarizada de si sí o no deben explotarse recursos minerales, sino sobre el cómo y para qué. Dicha discusión pro-positiva está llevando justamente a empresas como Apple, Tesla, Toyota y BMW, entre otras, a invertir o tener acuerdos con empresas mineras, no solo para asegurar su abastecimiento de insumos minerales sino para asegurarse que la explotación y procesamiento de dichos minerales sean realizados de la mejor manera, tanto en temas laborales, sociales, ambientales como de derechos humanos.

En el 2015, la empresa minera peruana Minsur, con el objetivo justamente de asegurar la trazabilidad de su producción de estaño frente a sus consumidores, obtuvo una certificación para su fundición que muestra que su producción se realiza libre de conflictos y bajo altos estándares. Asimismo, la empresa se convirtió en mayo de este año en la primera minera peruana y productora de estaño en ser miembro del selecto grupo del International Council of Minerals and Metals (ICMM). En Chile, la estatal Codelco viene trabajando hace algunos años atrás su iniciativa “cobre responsable” (antes denominada “cobre verde”), la cual apunta a que se integre toda la cadena de valor bajo prácticas responsables y sostenibles en diversas dimensiones como emisiones, agua, recursos humanos y transparencia, entre otros.

Como nunca tal vez en la historia, se tiene tanta claridad sobre la futura demanda de minerales, por lo menos hasta el 2050, según las proyecciones del Banco Mundial. Ello permite y requiere que los países planifiquen para aprovechar justamente esta claridad y que sus políticas públicas y estrategias de promoción se diseñen tomando todo ello en cuenta.

Y todo esto ¿qué significa para la minería peruana? Por una lado, más exigencia; por el otro,  una gran oportunidad. El Perú puede diferenciarse frente a otros países al por ejemplo mostrar que la matriz energética de la cual se alimenta de energía a las operaciones mineras es baja en emisiones de carbono al ser generada por hidroeléctricas y termoeléctricas a gas. Asimismo, esto exige mayor planificación por parte del gobierno sobre cómo y cuándo viabilizar su cartera de proyectos, así como a qué tipo de minerales se debe dirigir el fomento de la exploración minera. Exige también mayor cumplimiento y fiscalización en cuanto a temas laborales, sociales y ambientales.

Todos estos cambios, también mencionan, son a su vez una oportunidad para los países ricos en minerales para tener un rol más activo en la preocupación y discusión global por enfrentar el cambio climático y a la vez aprovechar ello para contribuir con sus propias metas de desarrollo.

La relación y dependencia entre minería y energía es más clara que nunca, “los metales son cruciales en la forma cómo la energía es generada y usada”, concluye también el reporte. Así, también, es tiempo que el debate nacional sea más constructivo y que, como indica Ricardo Puliti, directo senior del Banco Mundial, “debemos pasar a ver el desarrollo de los recursos minerales como un complemento y no como un competidor de un futuro más verde y sostenible”.

*Nota final: Retomo mi blog luego de dos años de pausa tras mi muy satisfactorio y enriquecedor paso por la industria farmacéutica y el gobierno peruano. De ambas experiencias, mucho que compartir, lo cual plasmaré a través de las publicaciones que haré por aquí.

[i] Debo agradecer la invitación de John Drexhage, autor del estudio para el Banco Mundial, para el evento en Canadá y a Michael Roesch, de la cooperación alemana-GIZ, para el de Santiago de Chile.

[ii] The Growing Role of Minerals and Metals in for a Low Carbon Economy, The World Bank, June 2017.

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