RicardoLabó Fossa
La minería en balance Por Ricardo Labó Fossa

¿Qué tan responsablemente están desarrollando sus actividades las empresas mineras? Ésa fue la pregunta que se plantearon los fundadores de la organización denominada Responsible Mining Foundation (RMF), basada en los Países Bajos, para iniciar el desarrollo del Índice de Minería Responsable (Responsible Mining Index, RMI). Este es el primer índice de su tipo y ciertamente su desarrollo no fue improvisado pues requirió un trabajo de planificación, estudio y análisis de más de cinco años, los cuales incluyeron un estudio de factibilidad antes de decidir embarcarse en este proyecto. Asimismo, demandó una inversión de alrededor de US$4 millones, financiados principalmente por los gobiernos de los Países Bajos y Suiza.

A inicios de julio, fui invitado[i] a La Haya por la RMF para ser parte de un panel de expertos durante su lanzamiento en dicha ciudad. El panel lo compartí con representantes de la Sociedad Civil (Publish What You Pay), de los trabajadores (gremio sindical SPKEP-SPSI Bekasi de Indonesia), de las empresas (Anglogold Ashanti), de los consumidoras/usuarios (Royal Phillips) y de los financistas/inversionistas (Fondo Nacional de Pensiones de Suecia). Asimismo, tuve la oportunidad de conocer y dialogar con algunos de los forjadores e impulsores del RMI. Comparto a continuación las principales reflexiones que brindé ese día durante mi participación frente a funcionarios de gobiernos europeos, embajadores de diversos países, representantes de organismos internacionales y diversas organizaciones no-gubernamentales.

Todos los panelistas ciertamente coincidimos en la importancia de la existencia de un índice como este, cuyo desarrollo se da en un momento preciso: cuando la preocupación por cómo se extraen los minerales, más allá de lo técnico, es cada vez más creciente, tal como mencioné en mi anterior artículo.

La evaluación se realiza a través de 73 indicadores y el RMI las agrupa en seis áreas, las cuales buscan responder las siguientes preguntas: ¿la empresa se desempeña de manera ética? ¿se preocupa por sus comunidades vecinas? ¿cómo son sus condiciones de trabajo? ¿cómo se preocupa por el medio ambiente y el cambio climático? ¿promueve el desarrollo económico de los países donde operan? y ¿cómo gestiona el ciclo de vida de su negocio?. Uno de los mayores aportes de este índice, y que es una de sus principales conclusiones, es que las empresas aún tienen mucho trecho por recorrer en dichas áreas, pero que sí es posible alcanzar prácticas con altos estándares y sostenibles pues muchas de ellas ya lo están realizando.

Aparentemente, las empresas aún tienen que organizarse más en sistematizar información, publicarla y ser más transparentes, sobre qué es lo que están haciendo con respecto a las preguntas planteadas. Aunque es claro que las prácticas empresariales no son uniformes de mina en mina, ni entre países.

Si bien a nadie le gusta que le marquen la pauta ni estén midiendo su desempeño y prácticas cada dos años, el RMI no tiene un sesgo fiscalizador, sino más bien debería ser visto por los evaluados, así como usuarios, como una herramienta.  Los componentes del índice proveen a las empresas mineras con una especie de guía sobre dónde deben centrar su atención y trabajar en mejorar. Para los gobiernos, sociedad civil, consumidores e inversionistas brinda también una guía sobre dónde deben enfocar sus esfuerzos de monitoreo, por ejemplo.

En el Perú, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), a través del Centro de Estudios sobre Minería y Sostenibilidad (CEMS) de la Universidad del Pacífico, realizó un estudio durante el 2017 que abarca, en parte, algunos de los indicadores evaluados por el RMI y los resultados son consistentes.

La contribución del RMI es mucho sobre proveer información al público en general. En el pasado, controlar información era considerado poder. Hoy, sin embargo, compartir información, de manera transparente, no sólo otorga poder, sino contribuye a la responsabilidad, desarrollo, crecimiento y reputación.

Hoy las fuentes de información son casi ilimitadas: el problema es más la abundancia que la escasez de ellas; sin embargo, información confiable y procesada es limitada. Este índice se convierte en una de esas pocas referencias.

Hoy en día, buscamos información para y sobre casi todo: qué leer, qué queremos comprar, dónde queremos ir, y qué queremos comer, entre otros. En el caso de minería, si uno quiere información sobre las empresas mineras, uno puede buscar en sus páginas web y múltiples reportes, por ejemplo. Toda esa búsqueda y procesamiento requiere de un esfuerzo y tiempo significativos. El RMI ya hace ese trabajo por uno y de una manera sencilla de entender.

Cuando leí el reporte del RMI 2018, con ojos de hasta hace poco funcionario público, sus resultados y conclusiones me hicieron mucho sentido. He podido encontrar coincidencias entre las interacciones que he tenido con las empresas mineras, cuál era su desempeño, y cuántas multas tenían, entre otros, con los resultados del índice: ciertamente son consistentes y reflejan mucho la realidad.

Así, para los gobiernos, por un lado el RMI brinda información adicional, así como seguridad sobre cómo las empresas se están desempeñando. Por otro lado, los países deben buscar a las mejores empresas para operar en sus países. Reportes como este, no solo facilitarán el monitoreo, sino servirán como apoyo a los gobiernos para justificar la promoción de inversión, así como incluso cambios en políticas públicas.

De los 73 indicadores, resalto los relacionados a los compromisos. ¿por qué? Porque quien cumple sus compromisos construye confianza, y como en cualquier tipo de relación, si se hace lo que se dice, se crear y gana confianza. Muchos de los conflictos existentes alrededor de operaciones y proyectos mineros tienen su origen, no necesariamente en una oposición a la actividad, sino si es que tanto el gobierno como las empresas han cumplido en honrar sus compromisos.

Este índice también pone presión sobre los gobiernos. Si bien abarca muchas dimensiones de la relación entre minería y responsabilidad, hay una dimensión sin embargo que es responsabilidad de los gobiernos: cómo administrar la riqueza generada por la minería. Esto es cubierto en parte por el Índice de Gobernanza de los Recursos (Resource Governance Index, RGI) que publica anualmente el Natural Resource Governance Institute (NGRI). Ciertamente lograr una buena gestión de los recursos del Canon Minero, por ejemplo, es uno de los grandes desafíos que aún tienen los gobiernos. En un reciente reporte, el NRGI indica justamente que “los ingresos provenientes de los recursos naturales son inherentemente inciertos, lo cual hace difícil el planeamiento gubernamental. Como resultado, algunas veces vemos a autoridades sobre-gastar en proyectos pobremente planificados durante etapas de bonanza y recortar abruptamente gastos cuando los precios o producción bajan”. En simple, el reto es cómo transformar esos impuestos en desarrollo. Si las empresas hacen su parte, los gobiernos deben hacer también la suya.

Hoy la presión hacia las compañías sobre su desempeño no sólo viene de las comunidades, sino también de los consumidores finales, quienes tienen más preocupación sobre la trazabilidad de los insumos que integran los productos que consumen.

En mi experiencia, el desempeño de las empresas mucho tiene que ver con la actitud sus directivos, gerentes y empleados. Una correcta actitud puede hacer ciertamente la diferencia. La actitud empresarial proviene de las personas. Escoger al equipo adecuado es clave, con el apoyo por supuesto del Directorio y accionistas. El valor de las empresas mineras ya no depende sólo de los niveles de reservas y producción, sino de cómo se preocupan por sus trabajadores, el medio ambiente, las comunidades y el desarrollo. Veamos sino los casos recientes de Uber, Starbucks o Papa John’s, en las cuales la actitud de sus directivos ha afectado directamente la reputación y valor de sus empresas. En el sector minero, es tan importante el cómo minar como el cuánto. Ciertamente, como en cualquier grupo, hay empresas que se comportan bien, regular o mal. El sector minero no es la excepción.

El siguiente RMI está planeado para ser publicado el 2020. Para la segunda edición estimo progreso en cuanto al desempeño a las empresas, mayor número de compañías evaluadas y también la aplicación de esta herramienta a un nivel más local, donde Perú puede ser un buen piloto. La RMF ofrece su metodología a libre disponibilidad para quien quiera aplicarla en más empresas o en sus países.

Crear competencia, sana, es bueno. Si bien el RMI, como afirma la RMF, no es un ranking, sí puede ser también visto como tal. Como he mencionado, al momento de lanzar este tipo de herramientas comparativas, siempre hay resistencia y descontento; especialmente si uno no encabeza los indicadores. Sin embargo, al ya ser inevitable su existencia, las personas o empresas se auto-presionan y compiten para estar en mejor posición en la siguiente medición. El mundo está cambiando y las buenas prácticas no son suficientes: son las prácticas líderes las que interesan, pues no solo son las mejores, sino las más innovadoras, sostenibles y responsables. Las empresas necesitan ciertamente competir y compartir más entre ellas.

Finalmente, a raíz de las conclusiones del reporte de este índice, me permito sugerir a las empresas lo siguiente:

  • Confíen más en la experiencia local. Involucren al personal local de los países donde operan en el proceso de toma de decisiones; no sólo los contraten para la parte táctica, sino también para la estratégica. Ciertamente, se requiere un balance y sinergia entre la experiencia que puede traer una empresa transnacional con lo local.
  • Apliquen de manera más rápida las decisiones que toman en las casas matrices en cuanto a políticas y estándares.
  • Sean consistentes en sus prácticas. No sirve mucho si la empresa está en los rankings de los mejores empleadores, pero a la vez es la más multada por contaminar el medio ambiente. Una cosa borra a la otra de inmediato. Esto es algo que identifica claramente el RMI.
  • Trabajen más de cerca con las comunidades y gobiernos en temas de desarrollo.
  • Las asociaciones o gremios mineros a los que pertenecen no sólo deben ser útiles para resguardar o representar intereses de las empresas, sino deben ser las primeras promotoras de las prácticas líderes.

La empresa minera Anglo American, quien recientemente ha anunciado el inicio del tan esperado proyecto cuprífero Quellaveco, es la empresa que más destaca en las seis áreas del RMI 2018 al ubicarse dentro de las tres mejores posiciones. Ello ciertamente es buena noticia para la región Moquegua y el país pues una mega inversión de más de US$5,000 millones requiere que se realice bajo los más altos estándares.

El RMI evalúa a 30 empresas, 15 de las cuales tienen presencia en el Perú, ya sea explorando o con operaciones. La presentación del RMI 2018 en el Perú está siendo planeada por la RMF para realizarse durante el último trimestre de este año en Lima.

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[i] Agradezco a Hélène De Villiers-Piaget, CEO de la RMF, por la invitación; a Isabelle Von Notten, co-fundadora de la RMF, por la hospitalidad durante mi estadía en Amsterdam; y a Sonia Balcázar, miembro del panel de consejeros de la RMF, por recomendarme ante la RMF para participar en este panel.

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