Carlosde Piérola
La próxima copa Por Carlos de Piérola

Una persona que quiera conocer más de vinos debe empezar con un proceso de desaprendizaje. El (des)conocimiento popular difunde algunos mitos y medias verdades que deben aclararse. Quien decide explorar el mundo del vino debe aligerar la carga y botar los lastres para poder caminar con ligereza. Esta bebida está hecha para ser disfrutada y su aprendizaje debe estar ligado a ese objetivo.

  • El vino, mientras más añejo, es mejor

Un porcentaje muy bajo (menos del 5%, seguramente) del vino producido en el mundo está hecho pensando en que va a seguir mejorando con los años. El dato del potencial de la vida de un vino es útil, pero lo más importante es poder predecir su momento pico (y posteriores meses) en que se disfrutará más. Así como hoy los decantadores sirven más para oxigenar el vino que para decantarlo propiamente, las cavas o refrigeradoras de vino cumplen una función principalmente de almacenamiento en buena condiciones más que cuidar su largo añejamiento.

  • ¿Más madera = más calidad?

En España ha existido por mucho tiempo la clasificación de Crianza/Reserva/Gran Reserva vinculada al tiempo que pasa el vino en la barrica de roble (y botella) antes de salir al mercado. Hoy esos conceptos no son absolutos y han aparecido otros criterios. El paso por madera de un vino les puede otorgar una gran complejidad o lo puede echar a perder. La clave es encontrar el adecuado equilibrio, tanto del tiempo como de la edad de la barrica.

  • Más alcohol, más calidad

En zonas del norte de Europa, la dificultad para que las uvas alcancen un alto grado de madurez hacen que un mayor grado alcohólico sea una virtud. Sin embargo, en otros lugares (en buena parte de las regiones productoras del hemisferio sur), el potencial alcohólico es alto. Por lo tanto no es un valor positivo absoluto. Hoy existe una tendencia a moderar el alcohol en los vinos.

  • A mayor hendidura en la botella, más calidad

También llamada cúpula o, en Argentina, picada. En la actualidad, la mayoría de las botellas tienen algún tipo de hendidura y no está relacionada en forma directa con la calidad del vino. Seguro que los vinos más sencillos de algunas bodegas industriales siguen llevando el fondo plano pero no es suficiente argumento para que esta oquedad sea un referente absoluto. Es cierto que algunas botellas pretenciosas que buscan una mayor altura y lucimiento tienen una hendidura muy alta. Sin embargo ni eso es suficiente razón para dictaminar rangos cualitativos.

  • Hay que buscar el maridaje perfecto

Salvo algunos grandes restaurantes que se pueden dar el lujo de encontrar parejas ideales en sofisticados menús, la búsqueda que debe hacer el aficionado en cuanto a la relación de la comida y el vino está en el campo de las afinidades.

  • El mejor blanco es un tinto

Una frase cada vez menos común pero que se sigue escuchando. El que la repite parte de la base de que el blanco es un vino inferior o incompleto. De ningún modo: hay blancos deliciosos y muy complejos y, entre los tintos, mil ejemplos de vinos mediocres e inexpresivos. Tanto el blanco como el tinto, y también los rosados, espumosos y generosos, tienen un momento de consumo en el que pueden dar lo mejor de sí mismos.

  • El vino dulce es de mala calidad

Algunos de los vinos más sublimes son vinos dulces, hechos con ese propósito. Desde los Tokaji o Sauternes hasta los Vin Santo o Vinos de Hielo (Ice Wines), existe una gran tradición de este tipo de vinos que acompañan muy bien algunos quesos y potres. Lo que sí es cierto es que hay muchos vinos dulce o semidulces mediocres que no le hacen honor a esta bebida.

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