CarlaOlivieri
Management fuera de la caja Por Carla Olivieri

Por años hemos vivido viendo enfrentamientos entre “los ricos” y “los pobres” o entre las “multinacionales” y las “pequeñas empresas locales”. Se ha satanizado siempre al que “hace plata”: el rico siempre ha sido el enemigo del pobre.

¿Por qué en otros países no se ve a los ricos como el enemigo y en el Perú sí? Me encantó ver un gráfico que el Instituto Libertad y Democracia (ILD) desarrolló en los 90 que me ayudó mucho a entender lo mal que hemos definido a este tal “enemigo”. El que muestro a continuación es una adaptación simple.

Vemos entonces que el enemigo no es el rico, sino la forma como se ha venido implementando el modelo capitalista en países como el nuestro, donde se siente que es una especie de club privado accesible para algunos privilegiados.

El “rico bueno” es la persona o empresa que le va bien, que supera a su competencia producto de su desempeño, de las innovaciones, de las mejoras en capacidad productiva, en la forma cómo gestiona su negocio.

Al “rico malo” también le va bien. Supera a su competencia, pero no a través de mecanismos de libre competencia, sino porque pertenece a ese “club privado” que tiene acceso privilegiado al Estado, ya sea de forma directa o a través de gremios para conseguir favores, contratos o presionar para aprobar o derogar normas y leyes que le permitan hacer algo mejor que su competencia o generarle trabas para hacerle su camino más complicado.

El cuadro es simpático porque también incluye en el concepto de “enemigo” al “pobre malo” que también usa su poder para favorecerse o favorecer a cierto grupo.

El “rico/pobre malo” es quien, además de ser capitalista, es mercantilista. El mercantilismo es entonces nuestro verdadero enemigo.

El “buen capitalismo” es el que no está contaminado por el mercantilismo. Fomenta el libre mercado, la competencia sana, la transparencia, la oportunidad para todos, la libre elección. El capitalismo verdadero genera oportunidades para todos sin exclusión y así la riqueza se convierte en un símbolo aceptado y valorado. Como resultado, se reducen las tensiones y los conflictos.

El “mal capitalismo” es el que está contaminado por el mercantilismo. Es ese “capitalismo” que, en lugar de ofrecer oportunidades para todos, se dedica a servir a grupos selectos –al menos en algunos sectores– a través de regulaciones y burocracias manipuladas para beneficiar a este club. El mercantilismo desvirtúa la esencia del capitalismo.

Así, debemos incentivar políticas de inclusión que brinden oportunidades para todos por igual. Con mercantilismo, siempre veremos al capitalismo o a “los ricos” como el enemigo.