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Management fuera de la caja Por Carla Olivieri

Hace unos años hacía una presentación a un directorio y uno de los directores me felicitó por lo expuesto e hizo un comentario de lo duro que yo trabajaba y dijo algo que me dejó pensando: “Es que Charlie [mi apodo] contesta mensajes a las 5 de la mañana”.  Es cierto que trabajo duro y es cierto que en esa época contestaba e-mails a las 5 de la mañana, pero no porque era una freak del trabajo, sino porque a esa hora me levanto para entrenar y leer e-mails era mi excusa perfecta para quedarme cinco minutos más en la cama.

¿Ese directivo hubiese pensado lo mismo si mis colegas le contaban que generalmente soy de las primeras en irme de la oficina al final del día? ¿Pensaría que mis demás compañeros merecen un ascenso porque prácticamente “cierran el kiosko”?

Mmm… para pensar…

¿Por qué en nuestro país se ve mal cuando alguien sale a su hora del trabajo? ¿Por qué se aprecia al colaborador que se queda hasta altas horas de la noche?

Tenemos una percepción distorsionada de lo que significa trabajar duro. Estar más horas atornillada al trabajo no quiere decir que sea una mejor colaboradora. Esa percepción la tenemos que cambiar. Las empresas tenemos que dejar de administrar horarios y más bien enfocarnos en la energía de los colaboradores, tema que tocaré en otro artículo; en éste, me enfoco en la culpa que sentimos si nos vamos a nuestra hora.

  • De repente le toma más tiempo hacer las cosas por no estar preparado para el puesto, ya sea porque los retos son muy grandes o por falta de entrenamiento.
  • Probablemente no están claros los objetivos del puesto o proyecto.
  • De repente la persona no es eficiente planificando y organizando bien su tiempo necesitando quedarse más horas de lo previsto por ineficiencia y no necesariamente porque trabaja más.
  • Tal vez todo el día que está en la oficina no lo dedica a trabajar únicamente e intercala con otras actividades o simplemente pierde el tiempo. Ojo, yo no estoy en contra de intercalar con otras actividades como tomar un café, leer, conversar, etc. Lo hago y creo que es necesario hacer breaks.
  • La persona no sabe decir “esto lo continúo mañana“.
  • Prefiere estar en el trabajo que sola en su casa viendo televisión o enfrentando problemas de casa.

Investigando con ejecutivos de mando medio, 87% de ellos me respondió que pudiendo irse a casa a su hora no lo hace porque temen ser mal vistos o dar un mal ejemplo. Este 87% de ejecutivos comenta que tres de cinco días de la semana podrían irse perfectamente a la hora de salida, pero no lo hacen.

Terminan a su hora porque:

  • Dedican tiempo (generalmente el lunes) para planificar su semana y sus metas del día.
  • Saben identificar las tareas importantes de las no importantes y las urgente de las no urgente.
  • Se enfocan en la meta y monitorean su avance diariamente.
  • Saben pedir ayuda cuando lo necesitan.
  • Manejan reuniones efectivas.
  • 67% disfruta su trabajo y por eso se enfocan mejor y hacen las cosas bien.
  • Saben que cuando están muy cansados al finalizar el día, es mejor parar de trabajar y retomar al día siguiente o más tarde. Sin embargo, añaden que no lo hacen por el temor de ser mal vistos.

Creo que en parte los jefes somos los responsables de hacer algo para cambiar esta miopía empresarial que tenemos sobre “el buen trabajador”. Deberíamos:

  • Asegurarnos que los objetivos de nuestros ejecutivos sean claros y promover que se trabaje sobre la base de ellos.
  • Promover que la gente se vaya a su hora si culmina con sus metas del día enfatizando que no deben de sentirse mal.

Algo que hacía en un trabajo hace unos años era pasearme por las oficinas pasadas las 6 pm para decirle a la gente que se fuera. Algunos lo hacían, algunos me decían que aún no podían. Pero el pasearme por los sitios de todos les daba la libertad de que llegada la hora y culminadas sus labores, podían hacerlo sin sentirse mal.

  • Organizar capacitaciones de gerencia del tiempo y si es necesario ser mentor de algunos ejecutivos en planificación y organización.
  • En estas sesiones es importante que las personas identifiquen sus principales roles para que también organicen espacios en sus agendas para ellos. Por ejemplo, la familia, el deporte, el estudio, la espiritualidad, etc.
  • Conversar con los miembros del equipo sobre su trabajo. Conocer cómo se sienten, qué oportunidades de mejora se identifican, qué apoyo necesitan.
  • Enfatizar la importancia del balance en nuestras vidas, para lo cual es vital tener objetivos personales y profesionales para no darle más a uno que al otro.

Además de los jefes, las empresas también tienen que apreciar de forma diferente el tiempo adicional dedicado al trabajo.

Un colaborador eficiente y balanceado va a rendir mejor, atenderá mejor a los clientes, proveedores, colegas. Si esto le es difícil de comprender, de repente puede apreciar los siguientes factores y ver cómo se puede beneficiar, inclusive económicamente, si cuenta con colaboradores eficientes y balanceados:

  • Ahorra energía y otros recursos si la gente termina su trabajo a tiempo. ¡Un colaborador que “cierra el kiosko” es carísimo! Gasta luz y agua fuera del horario de oficina, interfiere con la limpieza, etc.
  • Se fomenta la creatividad e innovación. Miles de estudios dicen que el momento “¡Ajá!” (Eureka moment) se presenta cuando uno se aparta de su trabajo cotidiano y cambia de tema.
  • Se generan oportunidades para la empresa si los ejecutivos salen a su hora porque pueden participar de eventos sociales, familiares, culturales y así conocer e interactuar con diferentes personas que pueden generar negocios para su empresa.
  • Se disminuye el ausentismo porque un ejecutivo que sale a su hora podrá hacer deporte y por ende estar más saludable mental, emocional y físicamente.
  • Los jefes dedican más de su tiempo a actividades de generación de valor que al micro management viendo a qué hora se va tal o cual colaborador.

Para mí, lo más importante de cambiar este chip sobre la hora de salida es que si tú y tu empresa confían en sus ejecutivos, los ven como personas responsables, capaces de saber en qué momento se deben ir a su casa sin sentir culpa y saber que son capaces de generar valor más allá de la hora de salida, se ganarán el corazón de sus colaboradores.

Si una empresa logra ganarse el corazón de su gente, su gente entregará mucho más que minutos a la empresa.