CarlaOlivieri
Management fuera de la caja Por Carla Olivieri

¿Les ha pasado de niños que, jugando con sus amigos, uno de ellos se molesta porque perdió, agarra su pelota y se va dejando a todos colgados?

Fuente: gentleguidance.com

Tal vez en un niño se entienda este comportamiento inmaduro para expresar un desacuerdo.  Pero, curiosamente, los adultos también lo estamos haciendo.  Lo vemos todos los días en redes sociales, en el trabajo y entre familiares y amigos que cuando alguien está en desacuerdo con algo, abandona la discusión, o deja de andar con esa persona porque prefiere hacerlo con quienes piensen como uno, o lo insulta o desacredita en su cara o – mayormente a sus espaldas.

Nos hemos convertido en una sociedad que sataniza el desacuerdo.

¿Por qué, estar en desacuerdo se ha vuelto ofensivo? ¿Por qué, estar en desacuerdo sobrepasa el hecho que no me guste tu opinión y se ataca a la persona insultándola, desacreditándola o ignorándola?  Peor aun cuando se trata de temas políticos, de diversidad o religión.

¿Por qué estar en desacuerdo lo hemos convertido en sinónimo de algo “incivilizado”? Cuando es justamente el ejercicio de expresar un desacuerdo discutirlo y debatirlo sanamente bien argumentado, lo que ayuda a incrementar la tolerancia y construir ciudadanía. Las sociedades tolerantes son aquellas cuyas personas logran convivir armoniosamente a pesar de sus diferencias y discrepancias.  Estar en desacuerdo y tener la valentía de sustentar tu punto de vista y expresarlo educadamente es lo civilizado.  Nuestra sociedad necesita multiplicar exponencialmente el sentido de ciudadanía.  Un ciudadano – en su significado ampliado – no es solamente una persona con derechos.  Debemos ser personas profundamente preocupados por mejorar la sociedad y eso implica expresar tu opinión educadamente (o sea civilizadamente).

¿Cómo eres tu como ciudadano?

Si estás en desacuerdo con algo, ¿reaccionas insultando o atacando? ¿Dejas de andar con personas que no piensan como tú para no entrar en discusión? Peor aún, para evitar que tus círculos cercanos conozcan tu opinión, que podría no conjugar con la de alguno de ellos, ¿evitas expresarte y te callas? O, tal vez mucho peor aún, estando en desacuerdo con algo ¿te quedas callado porque sustentar tu punto de vista te toma mucho trabajo?

En algún momento, se distorsionó el concepto y esta actitud se ha convertido la civilizada y la de expresar un desacuerdo se ha etiquetado como “incivilizado”.

Para mí, es todo lo contrario: responder atacando o callar van en contra del sentido de ciudadanía.

La ciudadanía, en su definición amplia que incluye ser civilizado, es lo que transforma el desacuerdo en algo tolerable y que podamos compartir una vida juntos a pesar de no coincidir en religión, postura política, opinión, etc.

Son las sociedades que mejor han aprendido a expresar su desacuerdo las que han sido capaces de desarrollarse más, movilizar mejor el conocimiento, generar más innovaciones, incrementar el sentido de tolerancia necesario para abrazar la diversidad y capitalizarla.

En otras palabras, un alto sentido de ciudadanía permite que las personas puedan compartir una vida a pesar de no compartir opiniones.

Puede ser que lo que entendemos como “ser civilizado” que se asocia con ser educado y cortés, confunde el sentido de ciudadanía porque muchas personas interpretan el expresar un desacuerdo como algo descortés.

Debemos entender el sentido de ciudadanía o el ser “civilizado” va mucho más allá de ser una persona educada y cortés, porque muchas personas que destacan por ser corteses son aquellas que nunca expresan su desacuerdo.

Ser civilizado y tener un alto sentido de ciudadanía requiere valentía, porque:

  • Debes dar tu opinión, pero cara a cara con la otra persona; no a sus espaldas.
  • Tienes que expresar tu desacuerdo con sustento y con estrategia, buscando no oprimir o desacreditar al otro, sino enfocarse en el tema en discusión.
  • El expresar tu desacuerdo va a hacerte una persona tal vez desagradable para algunos y tienes que estar dispuesto a comerte ese sapo.
  • implicará que optes por no vivir escudado en una burbuja de amigos o colegas que piensan igual que tú.
  • Implica que al opinar no tendrás la actitud de “esta es mi pelota me pico y me voy” sino que te quedas en la discusión sin escaparte.

Dejemos de satanizar el “no estoy de acuerdo” y veámoslo como un componente no solo necesario, sino que debemos preciar para construir mejores ciudadanos y mejores sociedades.

Conviértete en un promotor. Comienza en tu casa con tus hijos o en tu organización generando espacios para debatir o discutir de manera rica algún tema de interés.