CarlaOlivieri
Management fuera de la caja Por Carla Olivieri

Mi exmarido es quien va a las reuniones del colegio. Al principio, el sentimiento de culpa me abrumaba porque sentía que esas reuniones de colegio le correspondían a la “mamá”. Sentía hasta vergüenza porque pensaba “qué pensarán las demás mamás”.  Sigo todavía batallando con ese sentimiento, pero cada vez menos.

Cada vez menos porque me di cuenta de varias cosas:

  1. Que yo era un poco “machista” al pensar de esa forma, estereotipando algunos roles como de la mujer y otros del hombre.
  2. Que tampoco quería soltar esa función porque me encantaba sentirme como la mujer maravilla y ser la superprofesional, la supermamá, la superanfitriona, la supercocinera y en ese terreno no quería competencia del papi.
  3. Que si seguía estereotipando los roles, les estaba dando un pésimo mensaje no sólo a mis hijos hombres sino a mis hijas mujeres. Qué mejor que mis hijos vieran que el hombre puede realizar “labores de la mamá” y viceversa.

De las 30 horas de labores del hogar, se estima que 24 de ellas las realiza la mujer y el hombre solamente 6. En gran parte se debe a la crianza machista del hombre, pero, como expongo en los párrafos anteriores, también las mujeres somos un poco machistas y eso sí lo podemos controlar y podemos cambiar.

Otro factor que contribuye a esta sobrecarga de labores del hogar en la mujer es que somos muy malas delegando.  En el trabajo podemos ser muy buenas ejecutivas, gerenciamos empresas y las organizamos por áreas, por objetivos, por procesos. ¿Pero en casa? ¿Alguna vez te has sentado a dividir las funciones con tu pareja?

A veces no lo hacemos porque nos incomoda enfrentar a la pareja con este tema y anticipamos que lo tomará mal.  Pero, ¡hay que hacerlo!  En el peor de los casos te va a decir no, pero lo más probable es que descubras que sí está dispuesto a participar más activamente.

Yo sugiero hacer lo siguiente:

  • Elabora un listado de todas las funciones del hogar. Las relacionadas a los hijos, a la cocina, a la limpieza, mantenimiento, pagar cuentas, seguros de la familia, los carros, etc.
  • Cuantifica la cantidad de horas a la semana que cada actividad toma.
  • Siéntate con tu pareja, analicen las funciones y – en base a las fortalezas y gustos de cada uno – comiencen la división de labores. Es importante que se tenga claro en qué actividades tú y tu pareja añaden valor. Yo soy muy mala con los seguros de la familia, por ejemplo.

Una idea adicional es que con tu pareja seleccionen algunas funciones que pueden delegar a los hijos. No importa la edad. Hagan el listado, conversen con ellos para que también elijan quién hace qué, pero basándose igualmente en las habilidades y gustos de cada uno y no –definitivamente no– en qué le corresponde a la hija mujer o al hijo hombre.

Finalmente, para que funcione este ejercicio requieres tres cosas:

  • La primera es confiar en que tu pareja lo hará bien y que tus hijos también.
  • Segundo, que si hay errores, no los satanices. El error es parte del proceso de aprendizaje cuando un sistema recién se implementa.  Invita a tus “ejecutivos del hogar” a reflexionar sobre el error, sé la mentora y así no perderán el entusiasmo.
  • Y, por último, ¡festeja! Cada trimestre celebra con tu “equipo de la casa” los logros que son fruto de un efectivo trabajo en equipo y de mucha responsabilidad.

Al final de cuentas, te alcanzará el tiempo para celebrar mucho gracias a esta nueva distribución de labores.