CarlaOlivieri
Management fuera de la caja Por Carla Olivieri

He trabajado en diferentes puestos en varios sectores. He sido gerente de marketing en multinacionales, he trabajado en el think tank ILD en países complicados como Argelia, Túnez, Egipto en plena revolución y hasta a Afghanistán he ido en plena guerra. He sido profesora de aeróbicos. Asumí el reto del sector educación y hasta he sido despachadora de vuelos en Alitalia- EEUU encargándome, muerta de miedo, de la carga y el balanceo de aviones. Pero ninguna profesión ha sido tan retadora como la de ser mamá.

Ninguna amanecida resolviendo casos en la maestría o el doctorado se equivale a las amanecidas dando de lactar.  Ninguna celebración por el logro de metas comerciales o el éxito de algún proyecto maravilloso equivale a la sensación de plenitud que uno siente con esas sonrisitas, esos deditos que te agarran la mano o el primer ‘agú’.

Tengo más de 23 años de tener el privilegio de ser mamá de cinco seres extraordinarios. Seres buenos, sencillos, concentrados en desarrollar su esencia y cimentar raíces sólidas para que puedan tomar decisiones siempre íntegras y, a la vez, con alas gigantes para que sus vidas siempre tengan sentido y significado, volando alto y sobre todo haciendo realidad sus sueños.

En esos 23 años, aprendí mucho. Solo mencionaré cinco aprendizajes de ser mamá que me han ayudado en mi vida profesional.

  1. Ser un soporte… pero no siempre: Mis hijos saben que pueden contar conmigo, que estaré ahí para darles una opinión sincera si me la piden o para guiarlos a desarrollar al máximo su potencial. También saben que no les resolveré sus cosas sin que ellos hagan el intento por su cuenta primero. En el trabajo igual. Muchas veces, los líderes confundimos nuestra labor y pensamos que cuando un colaborador viene con un problema o algún conflicto, solucionándoselo hará que nos aprecien o quieran más. ¡No! Es todo lo contrario. Si queremos que nuestros colaboradores crezcan (tengan “alas” como los hijos) pues que hagan al menos un intento para resolver sus asuntos.
  1. Que la tortilla tiene dos lados: Mis cinco hijos son movidos y constantemente he recibido notas del nido y colegio citándome porque mi hijo es movido, disperso, distrae a los demás o porque hizo alguna travesura. Es muy fácil ver a un hijo como “hijo problema”, pero como padres, que conocemos a nuestros chicos, sabemos que eso no los define y que son mucho más que ese “lado quemado de la tortilla”, es decir, sabemos que tienen un lado delicioso de la tortilla y como padres siempre tenemos que estar atentos a verlos de manera integral para ayudarlos a manejar el lado retador y a la vez fortalecer sus virtudes y detectar su potencial para maximizarlo. Con los colaboradores es igual. A veces, si un colaborador falla o tiene algún aspecto que nos molesta, no es tan fácil ver los dos lados de la tortilla, y generamos una especie de “miopía profesional” haciendo que solo veamos ese aspecto. Sin embargo, como líderes o colegas, tenemos que hacer el esfuerzo de ver los dos lados de la tortilla para rescatar las virtudes y el potencial de nuestro compañero. Hay que observar. Inclusive, muchas veces lo que nos molesta de un colaborador puede ser la propia virtud. Por ejemplo, me puede molestar que una persona en mi equipo sea siempre negativa cuando se presentan proyectos o ideas.  Sin embargo, esa actitud puede ser positiva porque podría estar alertándonos de cosas que tal vez no vemos o que otros colegas no se atreven a comentar y, de repente, lo que requiere es coaching para saber expresar sus alertas.
  2. Mamá no lo sabe todo: Confiar e iterar: Mi hijo Matías un día me dijo que él iba a hacer sus tareas antes de ir al colegio en las mañanas. Se me pararon los pelos de nervios cuando me imaginé la situación del día siguiente y al principio le dije que “de ninguna manera”. Un día hicimos la prueba, funcionó y por supuesto que quedé tremendamente sorprendida. En el trabajo sucede algo parecido cuando pensamos que algunos colaboradores no están listos para tomar ciertas decisiones o asumir riesgos y que nosotros con nuestros años o experiencia sabemos qué funciona y qué no. Si el hijo o el colaborador te piden probar un reto, algo nuevo o diferente – si tiene claro sus responsabilidades y objetivos, ¡prueba! Claro, no le des un reto gigante al inicio, comienza pequeño y anda escalando y en el camino con los tropiezos permítele aprender sin requintar para que siga intentando (iterar) y siempre ofrécete para ayudar en caso lo requiera.  La confianza en el otro es tremendamente poderosa y es lo que más va a construir autoestima personal y profesional.
  3. Lo sencillo desmotiva: ¿Has visto la carita de tu hijo cuando le das uno de esos juegos de LEGO© o un rompecabezas? Cara de emoción increíble. ¿Su cara sería la misma si le das un rompecabezas de diez piezas? Ni hablar. Seguramente te blanquea los ojos. A nuestros hijos les fascina los retos y si se divierten en el proceso mejor. En el trabajo igual, debemos estar muy atentos para notar si a algún colaborador ya se le está haciendo muy sencillo el trabajo porque se desmotiva. Además, incrementa la probabilidad de que se equivoque, producto del propio aburrimiento. Así como a nuestros hijos le vamos regalando rompecabezas de cada vez más piezas, lo mismo con nuestros compañeros de trabajo: hay que tener muy claro cuando le añades complejidad a sus labores para que pueda seguir creciendo profesionalmente.
  4. No compares: Si alguno de ustedes ha tenido hermanos o hermanas en el mismo colegio, seguramente ha habido ese profesor que te comparaba con él/ella y es odioso. Como mamás tratamos de evitar las comparaciones. En el trabajo, muchos lo hacemos y cuando llega un nuevo colaborador a un puesto o a un equipo, lo comparamos con la persona anterior o con otro colega. Igual que con los hijos, hay que frenar esto y lo que debemos hacer es encontrar y valorar las diferencias. No existe –gracias a Dios– dos personas iguales.  Yo tengo gemelas y son diferentes a pesar de que tienen el mismo ADN. Tampoco quieres un equipo de Messis; necesitas un Messi, un Advíncula, un Casillas para jugar un buen partido.

Ser mamá, con lo retador que es, es maravilloso. Ser líder de un equipo, área u organización también lo es. Creo que lo más importante para ejercer bien ambos roles es el amor. Amor por lo que hacemos, amor por nuestros hijos y colaboradores y amor para disfrutar con orgullo y un par de Kleenex cuando vemos que tanto nuestros hijos o colegas van creciendo y haciendo realidad sus sueños.