Texto de prueba
MARZO 20, 2014
Realizado por: Matias Cardona

En épocas de fiestas, no falta quien haga una ‘chocolatada’ o regale juguetes a niños de la calle, pero ¿qué pasaría si estos esfuerzos se articularan para generar un impacto más allá de la efímera sonrisa de un niño?

En el Perú, y en el mundo, existen organizaciones que no sólo congregan a voluntarios a favor de una causa, sino que también profesionalizan la práctica: les exigen un compromiso de tiempo, los capacitan e incluso evalúan. Los voluntariados son un activo importante en mano de obra, conocimiento e incluso puede convertirse en un camino para fortalecer la ciudadanía.

De acuerdo con el World Giving Index 2016, elaborado por Charities Aid Foundation, Estados Unidos es el segundo país del mundo —sólo superado por Birmania— en donar tiempo a través de actividades de voluntariado. El Perú es el número 41. ¿Qué podemos aprender de Estados Unidos?

Capital de costo cero

Con la crisis financiera del 2008, en EE.UU. se agravaron los problemas sociales y se redujo el presupuesto disponible para proveer los servicios necesarios para atender estas necesidades. Frente a ello, bajo el liderazgo del mismo presidente Barack Obama y la primera dama Michelle Obama, se creó la iniciativa United we serve. El objetivo de la iniciativa era involucrar a las organizaciones de voluntarios existentes e incentivar la creación de nuevas para atender las crecientes necesidades de las comunidades y al mismo tiempo hacer del servicio social una forma de vida de todos los americanos.

United we serve inició en el 2009 con una campaña masiva que incluyó el lanzamiento del sitio web Serve.gov, en la cual se brindan herramientas para que las personas encuentren proyectos de voluntariado en sus comunidades, desarrollen sus propios proyectos y compartan sus historias y experiencias. El portal está a cargo de la entidad del gobierno americano encargada del servicio voluntario (CNCS, por sus siglas en inglés). Esta trabaja con los principales programas de voluntariado del Estado para orientar sus esfuerzos a atender las necesidades más urgentes –por ejemplo, apoyar en la atención de los efectos de desastres naturales—, desarrollar capacidades en las organizaciones y proyectos de voluntariado independientes, y promover la participación de cada vez más voluntarios. Como resultado, en el último año la CNCS reportó en Estados Unidos más de 60 millones de voluntarios, quienes donaron cerca de 8,000 millones de horas, valoradas en US$184,000 millones.

Capital subutilizado

En los últimos años, en el marco de la Ley General del Voluntariado, instituciones del Estado han desarrollado programas de voluntariado. Por ejemplo, el Ministerio de Salud cuenta con “Voluntariado en Salud”, el Ministerio de Cultura con “Soy Cultura” y el Ministerio del Ambiente con “Red de Voluntariado Ambiental Juvenil”.  Asimismo, alguna iniciativas para promover la participación de voluntarios ya han sido implementadas por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), el ente rector. Por ejemplo, el año pasado, se estableció que quienes hubieran prestado servicios de voluntariado por más de 180 jornadas, de tres horas cada una, en organizaciones registradas, podrían obtener puntaje adicional en sus postulaciones a programas de vivienda social y becas del Estado. En efecto, ha habido una mejora y el World Giving Index 2016 lo demuestra al resaltar al Perú como el tercer país que más mejoró.

Ahora el reto está en lograr un trabajo articulado entre el Estado y los distintos programas de voluntariado, públicos y privados, a fin de incrementar significamente el número total de voluntarios a nivel nacional y maximizar su valor en la economía. Por un lado, es necesario identificar posibles sinergias entre los programas públicos de voluntariado. Contar con un proceso único de reclutamiento de voluntarios o al menos una base de datos compartida son ejemplos de propuestas de mejora. Por otro lado, es necesario generar espacios en los que las organizaciones coordinen y compartan sus desafíos y lecciones aprendidas. Medidas simples como contar con un directorio de voluntariados público, actualizado y fácil de navegar, o llevar a cabo actividades que fomenten el trabajo conjunto pueden hacer la diferencia.

El pasado jueves —el día siguiente de los resultados electorales que dieron como presidente electo de los Estados Unidos a Donald Trump— me sorprendió llegar a la universidad y recibir un abrazo de una de mis compañeras de clase con la que pocas veces crucé palabras. Miré alrededor, y todo el mundo se abrazaba. Y es que, a pesar de que en mi escuela sólo el 35% de los alumnos son americanos, un ambiente de luto se sintió en todos los espacios. En una universidad tan liberal como Columbia, y en una ciudad tan progresista como Nueva York, el triunfo de Trump tuvo y sigue teniendo sabor a tragedia.

En los últimos días he discutido y analizado los resultados de las elecciones con distintas personas: republicanos y demócratas, civiles y veteranos, americanos e inmigrantes. Más allá del lamento, estas conversaciones me han dejado algunas reflexiones y lecciones para la administración pública que aquí comparto:

1. Locus de control

A pesar del duelo he encontrado admirable la rápida capacidad de mis compañeros estadounidenses —activos partidarios demócratas y algunos incluso miembros del equipo de campaña de Hillary Clinton— de admitir sus errores e identificar las lecciones que el fracaso les deja. El mismo jueves, entre lágrimas, reconocían que el resultado de las elecciones no fue culpa de los “americanos poco educados” sino de ellos mismos. La capacidad de aceptar nuestra responsabilidad en lo que nos sucede, y de no atribuir los resultados a factores externos es el locus de control. En la administración pública, en la que tantas veces se requiere de terceros para lograr un objetivo, es importante tener presente que esto no es una excusa y que al final del día es el gestor el responsable de lo que logra y lo que no.

2. Análisis de involucrados

Independientemente de la profesión, en cierto momento de la educación superior nos enseñan a hacer un análisis de involucrados. Por más básico y simple que parezca, sea para desarrollar un negocio o proponer una ley, un buen análisis de involucrados es una de las herramientas más importantes y potentes de gestión que existen. Si uno no mapea adecuadamente quiénes tienen o podrían tener un interés en la iniciativa a desarrollar, lo más probable es que se dejen pasar oportunidades o, peor aún, que no se identifiquen riesgos que luego pongan en peligro el logro de los objetivos trazados.

Esto fue uno de los principales errores de la estrategia de campaña de Clinton. Se dejó de lado una parte de la población que, al ver que sus prioridades no eran las mismas que las del potencial gobierno de Clinton, estuvieron dispuestos a dejar pasar la xenofobia, el racismo y la misoginia de Trump con tal de apostar por un cambio.

3. Falso consenso

El falso consenso —el sesgo que resulta de sobreestimar hasta qué punto la forma de pensar de uno es similar a la de los otros— evitó que los demócratas realicen un adecuado análisis de involucrados y que, por tanto, hayan fracasado en las elecciones. Si bien contar con equipos homogéneos, con formas de pensar similares, puede facilitar la toma de decisiones y su implementación, ello puede llevar a un falso consenso.

“Todos leemos The Economist y el New York Times, y creemos que eso es la realidad, pero no es así”, reconoció un compañero americano. Estar consciente del riesgo es la única forma de evitar que éste se traduzca en la indiferencia hacia lo que la otra parte de la población —la que no es parte del “grupo”— tiene que decir.

4. La criticidad de la institucionalidad

Al día de hoy no se tiene claro a dónde quiere llevar Trump a Estados Unidos. Si bien esta incertidumbre ya ha tenido efectos negativos en los mercados, la institucionalidad que caracteriza al país del norte ha evitado que la situación sea peor. Los resultados de estas elecciones pondrán a prueba, en los próximos años, la fortaleza de las instituciones americanas y lo que en inglés se conoce como el sistema de ‘checks and balances’, que permite que un poder del Estado limite al otro y que asegura la separación de poderes. Para el mundo, Estados Unidos es un referente en institucionalidad, por lo que los próximos años serán vitales para dejar las lecciones necesarias para países como el Perú que recién están en camino a construir una sólida institucionalidad .

A fines del 2015, y con miras al próximo cambio de gobierno, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, creó el Social and Behavioral Sciences Team, un equipo de trabajo permanente dedicado a usar los aportes de la economía del comportamiento para mejorar las políticas públicas. Cinco años antes, el entonces primer ministro del Reino Unido, David Cameron, hizo lo propio al implementar el ahora famoso Behavioural Insights Team. Definitivamente la introducción de la economía del comportamiento en las políticas públicas no fue una moda pasajera. Cuando llegó, llegó para quedarse.

Uno de los principales aportes de la aplicación de la economía del comportamiento es entender cómo las personas toman decisiones y así identificar ‘nudges’, es decir, pequeños ‘empujoncitos’ que pueden inducir a las personas a actuar de acuerdo con los intereses del gobierno. Estos ‘nudges’ permiten a los gobiernos reemplazar las políticas obligatorias o represivas —como alteración de los precios o cambios regulatorios— por otras enfocadas en la persuasión. Estas políticas incluyen (i) a aquellas relacionadas al acceso a la información y la forma como ésta se presenta —como mostrar el consumo de energía en los recibos de luz en comparación con el de los vecinos—, así como (ii) a políticas que rediseñan detalles de infraestructura, formas y experiencias de los bienes y servicios a fin de inclinar la decisión de las personas hacia una opción en particular —como cambiar la opción por defecto de donación de órganos de ‘no’ a ‘sí’—.

El poder de la información

En el Perú se ha avanzado en el acceso de información y su uso como política pública. Por un lado, el desarrollo tecnológico ha ayudado a reducir el costo de la implementación de este tipo de políticas y, por otro, se ha contado con la decisión política necesaria. Ejemplos de ello son los portales del Observatorio de Productos Farmacéuticos del Ministerio de Salud  y del Observatorio de Educación y Empleo – Ponte en Carrera. Ambos buscan brindar información para que los usuarios tomen mejores decisiones. De hecho, Ponte en Carrera, con una inversión de sólo US$100,000, se ha convertido en una herramienta clave para dar señales a la población de cuáles son las universidades e instituciones de mayor calidad. Sucede que si bien el gobierno no puede decidir por los jóvenes y sus familias, ni tampoco decirles a qué universidad asistir y a cuál no, sí puede poner a su disposición los números y que éstos hablen por sí mismos.

El poder de los detalles

Respecto a los ‘nudges’ que implican una persuasión más sutil, éstas han tenido mayor eco en los países desarrollados. Por ejemplo, en Estados Unidos, debido a las altas tasas de obesidad infantil, se implementaron normas que obligaban a las escuelas públicas a servir alimentos más saludables. Éstas no tuvieron el impacto deseado en la dieta de los estudiantes, por lo que se recurrió a medidas menos tradicionales. Así, la Universidad de Cornell creó el Food and Brand Lab, un grupo interdisciplinario de investigadores cuyo objetivo es descubrir cómo las personas se relacionan con los alimentos y diseñar soluciones para mejorar sus hábitos alimentarios. Este laboratorio ha ayudado y ayuda a las escuelas a implementar medidas de bajo o cero costo, como reubicar las frutas cerca de la caja registradora y utilizar envases para ensaladas más atractivos.

Estas políticas más sutiles y hasta ‘creativas’ son particularmente relevantes para los países en desarrollo, cuyos gobiernos cuentan con limitados recursos y grandes retos que atender. De ahí que la comprensión de la psicología debe cobrar mayor protagonismo en el gobierno. Si bien estas políticas difícilmente podrán resolver por sí mismas los grandes problemas del país, sí pueden contribuir con ello. Si el costo es cercano a cero, ¿por qué no probar? 

Mientras que en el Perú se está llevando a cabo la primera edición de “La Semana de la Evidencia” —festival de eventos que busca sensibilizar sobre la importancia del uso de la evidencia en la política pública—, en Estados Unidos, hace casi cincuenta años, el programa de televisión infantil Plaza Sésamo ya trabajaba bajo este enfoque.  ¿Qué lecciones nos deja?

Evaluación, mejora y repetición

Plaza Sésamo  ha logrado llegar a millones de niños en más de 150 países y tener un impacto positivo en sus logros educativos. ¿A qué se debe su éxito? Más que haber encontrado una fórmula mágica, el éxito del programa radica en su proceso de evaluación, mejora y repetición llevado a cabo por especialistas tan diversos como educadores, psicólogos, matemáticos y productores de televisión.

Cada producción de Plaza Sésamo se inicia con un análisis en el que se evalúa el interés de los medios, la sociedad civil e incluso del gobierno. De ser este positivo, se procede a identificar y priorizar las necesidades en materia educativa en las cuales el programa puede contribuir. Según este marco conceptual se definen los contenidos que se desarrollarán de la mano de los aspectos creativos que caracterizan al formato televisivo. Conforme se va diseñando y desarrollando el contenido, se evalúa la respuesta de los niños a él. Por ejemplo, se realizan sesiones en las que exponen a los niños al programa junto con otros elementos distractores, como juguetes, a fin de medir el tiempo en el que efectivamente miran el show, y posteriormente evaluar su nivel de recordación y comprensión.

Sobre la base de estos experimentos se identifica qué es lo que funciona y lo que no. Qué música de fondo poner, cuánto tiempo debe intervenir cada personaje y con qué velocidad deben hablar son algunas de las lecciones que derivan de este ejercicio. Sobre la base de éstas, los productores toman medidas correctivas o de mejora, y vuelven a evaluar los cambios en él o los distintos episodios. Por ejemplo, en México se desestimó así la participación de un cocodrilo como uno de los personajes del show al identificar que éste generaba miedo a los niños.

Asimismo, el efecto del show sobre el aprendizaje de los niños ha sido ampliamente documentado por evaluaciones de impacto propias y de terceros. De hecho Plaza Sésamo es probablemente el programa de televisión más investigado de la historia. Cada programa es un experimento, cuyas lecciones no sólo han derivado en su mejora sino también se han transformado en evidencia para el diseño e implementación de otras intervenciones, incluso fuera del ámbito televisivo.

De la TV a la política pública

Si un programa de televisión ha logrado tanto gracias al uso de la evidencia, ¿por qué las políticas públicas no han hecho lo mismo? Aunque con algo de retraso, en el Perú, con la inclusión de la llamada ‘tecnocracia social’ en el gobierno, la preocupación por la generación de evidencia que pueda orientar el diseño y la implementación de las políticas ha cobrado mayor protagonismo. Desde la academia y el gobierno se vienen llevando a cabo iniciativas para generar evidencia. Éste es, por ejemplo, el caso de MineduLab, el laboratorio de innovación para la política educativa del Ministerio de Educación.

Sin embargo, como demuestra el caso de Plaza Sésamo, el valor de la evidencia no está en sí misma sino en su uso oportuno como insumo para mejorar las intervenciones, los programas y las políticas. En un mundo ideal, nos gustaría contar con evaluaciones de impacto para todas las intervenciones y, sobre la base de sus resultados, tomar decisiones; sin embargo, limitaciones de tiempo y recursos hacen este escenario imposible. De ahí la necesidad de acompañarlas con evaluaciones periódicas sobre la marcha. Si bien es probable que éstas no tengan la rigurosidad de una evaluación de impacto o resultados, lo cierto es que al esperar a éstas se puedan estar dejando de hacer correcciones y mejoras de gran valor. Sucede que muchas veces no se requiere de una compleja metodología, sino sólo de tomarse un tiempo para mirar bien, preguntar a los usuarios e identificar el “cocodrilo” que está impidiendo que la intervención logre el objetivo deseado. El ejercicio de diseñar políticas basadas en la evidencia es científico, pero no puede dejar de lado el aspecto pragmático.

[1] Para mayor detalle, ver el caso de estudio elaborado por el think thank norteamericana Brookings Institution.

En mis primeras semanas viviendo en Nueva York me ha sorprendido que cuando digo que soy del Perú, las referencias más populares, como ‘Machu Picchu’ o ‘cebiche’, han sido reemplazadas por comentarios positivos, y hasta palabras de admiración por nuestro nuevo gobierno.

Con pena debo admitir que me cuesta creer que nuestro gobierno pueda ser para otros un referente. Como peruana, sé de las inmensas falencias de nuestro país, conozco de primera mano las debilidades que tiene el Estado para superarlas y lo lejos que estamos de poder considerar que contamos con una administración pública eficaz y eficiente. Sin embargo quiero creer que tenemos los insumos para lograrlo y que la positiva imagen internacional de la que gozamos hoy tiene algo de cierto.

Tenemos los factores de producción básicos: democracia, capital humano y recursos económicos. Contamos con una democracia relativamente consolidada, que, a pesar de sus debilidades institucionales, nos permite tener opciones políticas y económicas, que se demostraron en los resultados de las últimas elecciones. Además contamos con un gobierno compuesto, en su mayoría, por profesionales de primer nivel, muchos de ellos provenientes del sector privado que dejaron sus puestos mejor remunerados por la trascendencia que el ser parte de este gobierno les puede representar. A ello se suma que nuestra economía continúa siendo estable, y, si bien no al mismo ritmo de hace unos años, presenta un crecimiento mayor que el de nuestros pares en la región.

Estos tres insumos parecen muy básicos, pero si se gestionan adecuadamente se pueden transformar en las políticas, servicios y bienes públicos del país moderno que este gobierno quiere lograr para el 2021. El reto es grande, pero si la convicción por asumirlo es real, se abre un espacio para la innovación en la gerencia pública. Desde este espacio, en este blog, nos enfocaremos en aprovechar esta oportunidad, y analizar y discutir experiencias exitosas y fallidas, diseñadas e implementadas nacional e internacionalmente, que le dejan al Perú lecciones de management público de un país moderno.

Management público desde NYC

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