BarbaraSalas Vanini
Management público desde NYC Por Maria José Meza Cuadra

Mientras que en el Perú se está llevando a cabo la primera edición de “La Semana de la Evidencia” —festival de eventos que busca sensibilizar sobre la importancia del uso de la evidencia en la política pública—, en Estados Unidos, hace casi cincuenta años, el programa de televisión infantil Plaza Sésamo ya trabajaba bajo este enfoque.  ¿Qué lecciones nos deja?

Evaluación, mejora y repetición

Plaza Sésamo  ha logrado llegar a millones de niños en más de 150 países y tener un impacto positivo en sus logros educativos. ¿A qué se debe su éxito? Más que haber encontrado una fórmula mágica, el éxito del programa radica en su proceso de evaluación, mejora y repetición llevado a cabo por especialistas tan diversos como educadores, psicólogos, matemáticos y productores de televisión.

Cada producción de Plaza Sésamo se inicia con un análisis en el que se evalúa el interés de los medios, la sociedad civil e incluso del gobierno. De ser este positivo, se procede a identificar y priorizar las necesidades en materia educativa en las cuales el programa puede contribuir. Según este marco conceptual se definen los contenidos que se desarrollarán de la mano de los aspectos creativos que caracterizan al formato televisivo. Conforme se va diseñando y desarrollando el contenido, se evalúa la respuesta de los niños a él. Por ejemplo, se realizan sesiones en las que exponen a los niños al programa junto con otros elementos distractores, como juguetes, a fin de medir el tiempo en el que efectivamente miran el show, y posteriormente evaluar su nivel de recordación y comprensión.

Sobre la base de estos experimentos se identifica qué es lo que funciona y lo que no. Qué música de fondo poner, cuánto tiempo debe intervenir cada personaje y con qué velocidad deben hablar son algunas de las lecciones que derivan de este ejercicio. Sobre la base de éstas, los productores toman medidas correctivas o de mejora, y vuelven a evaluar los cambios en él o los distintos episodios. Por ejemplo, en México se desestimó así la participación de un cocodrilo como uno de los personajes del show al identificar que éste generaba miedo a los niños.

Asimismo, el efecto del show sobre el aprendizaje de los niños ha sido ampliamente documentado por evaluaciones de impacto propias y de terceros. De hecho Plaza Sésamo es probablemente el programa de televisión más investigado de la historia. Cada programa es un experimento, cuyas lecciones no sólo han derivado en su mejora sino también se han transformado en evidencia para el diseño e implementación de otras intervenciones, incluso fuera del ámbito televisivo.

De la TV a la política pública

Si un programa de televisión ha logrado tanto gracias al uso de la evidencia, ¿por qué las políticas públicas no han hecho lo mismo? Aunque con algo de retraso, en el Perú, con la inclusión de la llamada ‘tecnocracia social’ en el gobierno, la preocupación por la generación de evidencia que pueda orientar el diseño y la implementación de las políticas ha cobrado mayor protagonismo. Desde la academia y el gobierno se vienen llevando a cabo iniciativas para generar evidencia. Éste es, por ejemplo, el caso de MineduLab, el laboratorio de innovación para la política educativa del Ministerio de Educación.

Sin embargo, como demuestra el caso de Plaza Sésamo, el valor de la evidencia no está en sí misma sino en su uso oportuno como insumo para mejorar las intervenciones, los programas y las políticas. En un mundo ideal, nos gustaría contar con evaluaciones de impacto para todas las intervenciones y, sobre la base de sus resultados, tomar decisiones; sin embargo, limitaciones de tiempo y recursos hacen este escenario imposible. De ahí la necesidad de acompañarlas con evaluaciones periódicas sobre la marcha. Si bien es probable que éstas no tengan la rigurosidad de una evaluación de impacto o resultados, lo cierto es que al esperar a éstas se puedan estar dejando de hacer correcciones y mejoras de gran valor. Sucede que muchas veces no se requiere de una compleja metodología, sino sólo de tomarse un tiempo para mirar bien, preguntar a los usuarios e identificar el “cocodrilo” que está impidiendo que la intervención logre el objetivo deseado. El ejercicio de diseñar políticas basadas en la evidencia es científico, pero no puede dejar de lado el aspecto pragmático.

[1] Para mayor detalle, ver el caso de estudio elaborado por el think thank norteamericana Brookings Institution.