Maria JoséMeza Cuadra
Management público desde NYC Por Maria José Meza Cuadra

A fines del 2015, y con miras al próximo cambio de gobierno, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, creó el Social and Behavioral Sciences Team, un equipo de trabajo permanente dedicado a usar los aportes de la economía del comportamiento para mejorar las políticas públicas. Cinco años antes, el entonces primer ministro del Reino Unido, David Cameron, hizo lo propio al implementar el ahora famoso Behavioural Insights Team. Definitivamente la introducción de la economía del comportamiento en las políticas públicas no fue una moda pasajera. Cuando llegó, llegó para quedarse.

Uno de los principales aportes de la aplicación de la economía del comportamiento es entender cómo las personas toman decisiones y así identificar ‘nudges’, es decir, pequeños ‘empujoncitos’ que pueden inducir a las personas a actuar de acuerdo con los intereses del gobierno. Estos ‘nudges’ permiten a los gobiernos reemplazar las políticas obligatorias o represivas —como alteración de los precios o cambios regulatorios— por otras enfocadas en la persuasión. Estas políticas incluyen (i) a aquellas relacionadas al acceso a la información y la forma como ésta se presenta —como mostrar el consumo de energía en los recibos de luz en comparación con el de los vecinos—, así como (ii) a políticas que rediseñan detalles de infraestructura, formas y experiencias de los bienes y servicios a fin de inclinar la decisión de las personas hacia una opción en particular —como cambiar la opción por defecto de donación de órganos de ‘no’ a ‘sí’—.

El poder de la información

En el Perú se ha avanzado en el acceso de información y su uso como política pública. Por un lado, el desarrollo tecnológico ha ayudado a reducir el costo de la implementación de este tipo de políticas y, por otro, se ha contado con la decisión política necesaria. Ejemplos de ello son los portales del Observatorio de Productos Farmacéuticos del Ministerio de Salud  y del Observatorio de Educación y Empleo – Ponte en Carrera. Ambos buscan brindar información para que los usuarios tomen mejores decisiones. De hecho, Ponte en Carrera, con una inversión de sólo US$100,000, se ha convertido en una herramienta clave para dar señales a la población de cuáles son las universidades e instituciones de mayor calidad. Sucede que si bien el gobierno no puede decidir por los jóvenes y sus familias, ni tampoco decirles a qué universidad asistir y a cuál no, sí puede poner a su disposición los números y que éstos hablen por sí mismos.

El poder de los detalles

Respecto a los ‘nudges’ que implican una persuasión más sutil, éstas han tenido mayor eco en los países desarrollados. Por ejemplo, en Estados Unidos, debido a las altas tasas de obesidad infantil, se implementaron normas que obligaban a las escuelas públicas a servir alimentos más saludables. Éstas no tuvieron el impacto deseado en la dieta de los estudiantes, por lo que se recurrió a medidas menos tradicionales. Así, la Universidad de Cornell creó el Food and Brand Lab, un grupo interdisciplinario de investigadores cuyo objetivo es descubrir cómo las personas se relacionan con los alimentos y diseñar soluciones para mejorar sus hábitos alimentarios. Este laboratorio ha ayudado y ayuda a las escuelas a implementar medidas de bajo o cero costo, como reubicar las frutas cerca de la caja registradora y utilizar envases para ensaladas más atractivos.

Estas políticas más sutiles y hasta ‘creativas’ son particularmente relevantes para los países en desarrollo, cuyos gobiernos cuentan con limitados recursos y grandes retos que atender. De ahí que la comprensión de la psicología debe cobrar mayor protagonismo en el gobierno. Si bien estas políticas difícilmente podrán resolver por sí mismas los grandes problemas del país, sí pueden contribuir con ello. Si el costo es cercano a cero, ¿por qué no probar?