Maria JoséMeza Cuadra
Management público desde NYC Por Maria José Meza Cuadra

En épocas de fiestas, no falta quien haga una ‘chocolatada’ o regale juguetes a niños de la calle, pero ¿qué pasaría si estos esfuerzos se articularan para generar un impacto más allá de la efímera sonrisa de un niño?

En el Perú, y en el mundo, existen organizaciones que no sólo congregan a voluntarios a favor de una causa, sino que también profesionalizan la práctica: les exigen un compromiso de tiempo, los capacitan e incluso evalúan. Los voluntariados son un activo importante en mano de obra, conocimiento e incluso puede convertirse en un camino para fortalecer la ciudadanía.

De acuerdo con el World Giving Index 2016, elaborado por Charities Aid Foundation, Estados Unidos es el segundo país del mundo —sólo superado por Birmania— en donar tiempo a través de actividades de voluntariado. El Perú es el número 41. ¿Qué podemos aprender de Estados Unidos?

Capital de costo cero

Con la crisis financiera del 2008, en EE.UU. se agravaron los problemas sociales y se redujo el presupuesto disponible para proveer los servicios necesarios para atender estas necesidades. Frente a ello, bajo el liderazgo del mismo presidente Barack Obama y la primera dama Michelle Obama, se creó la iniciativa United we serve. El objetivo de la iniciativa era involucrar a las organizaciones de voluntarios existentes e incentivar la creación de nuevas para atender las crecientes necesidades de las comunidades y al mismo tiempo hacer del servicio social una forma de vida de todos los americanos.

United we serve inició en el 2009 con una campaña masiva que incluyó el lanzamiento del sitio web Serve.gov, en la cual se brindan herramientas para que las personas encuentren proyectos de voluntariado en sus comunidades, desarrollen sus propios proyectos y compartan sus historias y experiencias. El portal está a cargo de la entidad del gobierno americano encargada del servicio voluntario (CNCS, por sus siglas en inglés). Esta trabaja con los principales programas de voluntariado del Estado para orientar sus esfuerzos a atender las necesidades más urgentes –por ejemplo, apoyar en la atención de los efectos de desastres naturales—, desarrollar capacidades en las organizaciones y proyectos de voluntariado independientes, y promover la participación de cada vez más voluntarios. Como resultado, en el último año la CNCS reportó en Estados Unidos más de 60 millones de voluntarios, quienes donaron cerca de 8,000 millones de horas, valoradas en US$184,000 millones.

Capital subutilizado

En los últimos años, en el marco de la Ley General del Voluntariado, instituciones del Estado han desarrollado programas de voluntariado. Por ejemplo, el Ministerio de Salud cuenta con “Voluntariado en Salud”, el Ministerio de Cultura con “Soy Cultura” y el Ministerio del Ambiente con “Red de Voluntariado Ambiental Juvenil”.  Asimismo, alguna iniciativas para promover la participación de voluntarios ya han sido implementadas por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), el ente rector. Por ejemplo, el año pasado, se estableció que quienes hubieran prestado servicios de voluntariado por más de 180 jornadas, de tres horas cada una, en organizaciones registradas, podrían obtener puntaje adicional en sus postulaciones a programas de vivienda social y becas del Estado. En efecto, ha habido una mejora y el World Giving Index 2016 lo demuestra al resaltar al Perú como el tercer país que más mejoró.

Ahora el reto está en lograr un trabajo articulado entre el Estado y los distintos programas de voluntariado, públicos y privados, a fin de incrementar significamente el número total de voluntarios a nivel nacional y maximizar su valor en la economía. Por un lado, es necesario identificar posibles sinergias entre los programas públicos de voluntariado. Contar con un proceso único de reclutamiento de voluntarios o al menos una base de datos compartida son ejemplos de propuestas de mejora. Por otro lado, es necesario generar espacios en los que las organizaciones coordinen y compartan sus desafíos y lecciones aprendidas. Medidas simples como contar con un directorio de voluntariados público, actualizado y fácil de navegar, o llevar a cabo actividades que fomenten el trabajo conjunto pueden hacer la diferencia.