Maria JoséMeza Cuadra
Management público desde NYC Por Maria José Meza Cuadra

La tecnología se ha vuelto un aliado estratégico para los gobiernos, pues permiten implementar soluciones innovadoras de bajo costo. Si bien aún está a un paso atrás de otros países en desarrollo, el Estado peruano viene implementando diversas soluciones tecnológicas para mejorar la gestión pública. ¿Cuáles son la principales tendencias y los principales retos que éstas implican?

Facilitar, comunicar e incluir

Tal vez uno de los usos más populares y consolidados que los gobiernos le han dado a la tecnología sea la simplificación y facilitación de trámites administrativos. Iniciativas de digitalización de documentos y de trámites son comunes en muchas de las instituciones públicas, sean ministerios u oficinas más pequeñas, como las UGEL (Unidades de Gestión Educativa Local). Una de las iniciativas más recientes en este rubro es la Plataforma de Registro, Evaluación y Seguimiento de Expedientes Técnicos (Preset) del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS).  Esta herramienta permite a las Unidades Ejecutoras (UE) de los proyectos de agua y saneamiento realizar los trámites y su seguimiento en el MVCS por Internet a fin de ahorrar tiempo y dinero a ambas partes.

Mejorar la comunicación con las autoridades es otro importante uso que se está dando a la tecnología. Por ejemplo, en el Perú,  Dimetutraba.pe es un ejemplo de cómo usando una simple página web se crea un espacio de comunicación directa entre el gobierno y la población en general. Otro ejemplo es el uso de mensajes de texto (SMS) por parte del Ministerio de Educación (Minedu) para enviar comunicaciones personalizadas a directores, docentes y hasta responsables de mantenimiento de locales escolares a fin de, por ejemplo, tratar de motivar su nivel de satisfacción con su labor y, por tanto, su desempeño. Esta iniciativa es parte de MineduLab —el laboratorio de innovación de la política educativa—, por lo que su impacto real está siendo evaluado, lo que nos dará información valiosa para analizar la pertinencia de escalar la estrategia o implementarla en otros sectores.

La tecnología es también una herramienta de inclusión social, tanto el acceso a la tecnología en sí misma como los usos que se le dan para crear bienes y servicios para quienes no acceden a los mercados tradicionales. Tal vez los mejores ejemplos en este aspecto sean la iniciativas de inclusión financiera. En el Perú, se lanzó la billetera móvil (BIM) en el 2016 a fin de aprovechar la masificación del uso de teléfonos móviles y expandir los servicios financieros entre las personas no bancarizadas. A fines del año pasado —en sus primeros siete meses de implementación—, BIM llegó a más de 150,000 cuentas abiertas. Sin embargo aún estamos muy lejos de países como Kenia o China que lideran en materia de dinero móvil a través de sistemas como M-Pesa que han permitido que, de los 33 millones de kenianos con teléfono celular, casi 27 millones hayan realizado transacciones financieras.

No es una varita mágica

A pesar de lo esperanzador que parece ser la tecnología para atender grandes retos de la administración pública, ésta es sólo una herramienta, por tanto su uso no implica el éxito.

En el 2007, el Perú desembolsó, como parte del proyecto educativo Una Laptop por Niño (OLPC, por sus siglas en inglés) más de US$200 millones en más de 800,000 laptops de bajo costo, que fueron distribuidos a niños en escuelas a nivel nacional. Las evaluaciones realizadas han demostrado  que éstas no tuvieron el impacto esperado en el logro académico. ¿Qué pasó? En primer lugar, el público objetivo no fue adecuadamente identificado. Si bien los niños eran los usuarios finales de las computadoras, en la práctica los docentes debían presentar y guiar a sus alumnos en su uso. Así, la distribución de las laptops no fue acompañada por una adecuada capacitación y seguimiento a los profesores. Ni el currículo ni las metodologías ni otros recursos educativos fueron adaptados para considerar la introducción de las computadoras en el aula. Adicionalmente al aspecto pedagógico, los docentes tenían que enfrentar problemas técnicos de los equipos, para lo cual difícilmente contaban con apoyo. Ya pasado el tiempo, la situación se empeoró, pues el mantenimiento  y la actualización de los equipos fueron limitados por la falta de recursos y de conexión a Internet.

El caso de OLPC es un ejemplo de cómo la tecnología entusiasma a quienes la desarrollan  e implementan. Una computadora de US$200 adaptada para niños parece ser un gran producto. Un programa de gobierno que permita decir que cerca de 1 millón de niños tienen acceso a la tecnología es un ‘golazo’. Pero, ¿era éste el objetivo? ¿O era mejorar el logro educativo de los niños en escuelas públicas? Es fácil dejarse llevar por la innovación y perder el foco en el problema que buscamos resolver. Difícilmente la sola implementación de una tecnología solucionará un problema. ¿De qué sirve el Preset si los proyectos de agua y saneamiento son evaluados por funcionarios que no cuentan con las capacidades  necesarias? ¿De qué sirve Dimetutraba.pe si las trabas no se traducen en acciones concretas para reducir la burocracia innecesaria? Del mismo modo, ¿de qué sirve BIM si el público objetivo no lo usa?

No sólo importa la tecnología que se use, sino también el ecosistema que ésta requiere para traducirse en una verdadera solución.