Maria JoséMeza Cuadra
Management público desde NYC Por Maria José Meza Cuadra

Cuando empecé este blog, lo hice con la idea de que el nuevo gobierno y el contexto en el que estaba el país representaban un escenario ideal para innovar en la gestión pública. Si bien sigo creyendo que las condiciones que generan un ambiente favorable para construir una administración pública eficaz y eficiente estaban —democracia, capital humano y recursos económicos—, el error en el último año fue dar por sentado la permanencia de estos y su poder de generar un cambio por si mismos. Se creyó que sólo por haber tenido 15 años seguidos de democracia, las fuerzas políticas no serían capaz de comprometer los pilares del sistema de gobierno y de hacer uso de la debilidad de las instituciones para ello. Se asumió que sólo por tener a ministros y funcionarios con experiencia en grandes empresas e instituciones internacionales, los sectores e instituciones a su cargo inmediatamente mejorarían; y se dio también por sentada la recuperación de la economía que generaría los recursos para la ansiada modernización del Estado.

El gobierno, así como muchos en el sector privado, en los medios y la sociedad civil, creímos que la democracia, el capital humano del gobierno y la economía del país eran lo suficientemente fuertes como para blindarnos de los efectos de las mafias de las constructoras brasileñas, El Niño Costero y de tener un Congreso con mayoría parlamentaria opuesta al Ejecutivo. Un año y medio después, la crisis política, los escándalos de corrupción, y la cantidad de personas del norte del país que siguen durmiendo en carpas evidencian el error.

En los primeros meses el gobierno, el Ejecutivo enfocó muchos de sus esfuerzos en la simplificación administrativa, haciendo uso de la tecnología y los enfoques de tendencia en la administración pública —como el llamado Delivery Unit o Unidad de Complimiento— para mejorar la gestión de la burocracia interna, destrabar proyectos y  la atención al ciudadano. Sin embargo, estos esfuerzos son sólo pequeñas piezas dentro de un un rompecabezas más grande. Hoy creo, y espero, que está claro que la simplificación administración y el destrabe de los mismos no es suficiente. El fracaso de las condiciones que generaban un ambiente favorable, y que dábamos por sentadas, para generar un cambio por sí mismas han hecho esto evidente. Sin embargo, no por ello hablar de mejores prácticas y lecciones de public management es menos pertinente o relevante.

La innovación en la gerencia pública tiene por un lado el potencial de generar cambios en la forma de hacer política pública, y sobretodo de implementarla. Incluso pequeños cambios ayudan a entender qué funciona, qué no y cómo hacerlo funcionar, dejan lecciones de qué buenas prácticas escalar y cómo hacerlo, y sobre todo crean una cultura de un Estado en el que se usan los fracasos de manera productiva. Mejorar el public management no lo es todo, pero sí parte importante de la construcción de las políticas, los servicios y bienes públicos del país moderno, justo y sostenible al que aspiramos. En el que debilidades en la gestión pública dejen de costar la vida de peruanos, como las de Astrid Sánchez y Tatiana Velazco, quienes fueron clave para el desarrollo del Observatorio de Educación y Empleo: Ponteencarrera.pe