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MarTech Lover Por Giuliana Robles

Los influenciadores son líderes de opinión expertos en algún tema que tienen muchos seguidores y que suelen trabajar para marcas —sobre todo para la industria de la moda y cosmética— con el fin de conectar con el consumidor, mostrar sus productos y generar demanda. En países como Estados Unidos y Japón han aparecido lo que hoy se conoce como los “influenciadores virtuales”, celebridades del mundo digital que han demostrado tener millones de seguidores y ser tan efectivos como los de carne y hueso.

Estos nuevos influenciadores son avatares creados a través de inteligencia artificial, tan realistas que parecen personas como tú o como yo y que hoy están conquistando grandes audiencias de seguidores. Hay muchas empresas detrás de estos desarrollos que están ganando mucho, mucho dinero.

Tenemos por ejemplo el caso de Lil Miquela, una joven californiana, modelo y activista virtual de Instagram con apariencia “perfecta” que saltó a la fama en 2016. Esta influenciadora tiene hoy más de 1.6 millones de seguidores y ha sido imagen para marcas como UGG, Samsung y Calvin Klein.  Inclusive, lanzó un single en Spotify que fue un éxito rotundo. Se le puede ver en conciertos, fiestas o desfiles de moda como si fuera una invitada más.

Otro influenciador virtual es Liam Nikuro, japonés que ama la cultura pop y la inteligencia artificial. Liam es tan realista que podrías confundirlo con una persona real.

Algunos de los principales beneficios para los marketeros en trabajar con influenciadores virtuales es que 1) puedes adaptarlos a las necesidades de tu marca 2) tienen una personalidad y valores que no son cambiantes 3) no estarán inmersos en ningún escándalo y 4) es mucho más fácil negociar con las empresas detrás de éstos que con influenciadores reales.

Al igual que con un influenciador humano, lo que mueve a la gente a seguir a uno virtual, sigue y seguirá siendo sentimientos como la confianza y la autenticidad. Y ello se logra con la consistencia de los mensajes y comportamientos creados por sus desarrolladores. La autenticidad dependerá también del delicado manejo de esa imagen virtual ya que los seguidores son los que evaluarán si un influenciador virtual es auténtico y original.

A pesar de que somos conscientes que estos personajes no son reales, es inevitable asombrarnos con noticias como que en Japón ya existen matrimonios con hologramas y con certificado de matrimonio incluido.

En el Perú aún no vivimos la era de influenciadores cibernéticos y vamos paso a paso con los de carne y hueso. Hace unos meses, el Indecopi informó que trabajaría en un marco legal para regular el contenido generado por los influenciadores de tal manera que el consumidor pueda reconocer cuando existe un mensaje publicitario. Habrá que ver si considerarán a estos personajes cibernéticos bajo ese marco.

Sin duda, debido a los avances tecnológicos, cada día es más difícil discriminar la realidad de la realidad virtual, sobre todo para las nuevas generaciones. Lo cierto es que los influenciadores virtuales están de moda y serán una de las principales herramientas del futuro del marketing.