DavidTuesta
Mirador Económico Por David Tuesta

Hace algunas semanas asistí a un evento de la Asociación de Fondos de Pensiones colombiana en Cartagena de Indias donde presentó el Premio Nobel de economía, Edward Prescott. Su disertación discutió la crisis financiera global y el desarrollo de Latinoamérica. Mientras explicaba, mostró una diapositiva que me cautivó. En ella se observaba una tabla comparativa del crecimiento del PBI per cápita corriente en la región en los últimos diez años, en la que Perú acumulaba una expansión de 64%, seguido bastante lejos por Chile y Colombia con 35 y 33%. No es que uno no supiera la importante transformación que ha experimentado nuestro país, pero ver como este indicador de dinamismo económico contrastaba tan espectacularmente a nuestro favor respecto al de nuestros vecinos –además de que lo resaltará un Premio Nobel- fue gratificante.

El crecimiento per cápita suele ser un buen indicador agregado para identificar las mejoras que experimentan las familias en un país. Otros indicadores más específicos abonan también a favor de este gran salto. La pobreza en el país ha disminuido de manera dramática en los últimos seis años, pasando de 58.5% a 30.8%, mientras la extrema pobreza lo ha hecho de 16.2% a 7.6%. Aunque estas cifras no son todavía motivo de alegría, su tendencia a la baja marca una línea de avance futuro.  Y se debe seguir avanzando sobre todo en aquellas zonas del país con mayor rezago. Es muy preocupante ver todavía tasas de pobreza en la sierra y selva rural que llegan, respectivamente,  al 66.7% y 55.5%.

Relacionado con lo anterior, es preciso señalar que el Perú sigue siendo un país muy centralizado, si se le compara con nuestros vecinos, que cuentan con varios polos de producción y urbanización bastante consolidados. No obstante, en la medida que el resto de departamentos siga ganando dinámica agregada, con seguridad se irán desarrollando nuevos clusters regionales. Ya ahora, la representatividad de Lima como eje de la actividad económica se ha reducido, pasando del 52.8% en el 2001 al 48.3% en el 2010. De hecho, la dinámica de crecimiento ha favorecido más a las provincias. El ranking del crecimiento del PBI regional muestra que Ica lidera la lista con un crecimiento acumulado de 104% entre el 2001 y 2009, mientras Lima aparece en el séptimo lugar con 62%. El último en el ranking de expansión para ese período es Huancavelica con un crecimiento acumulado de sólo 20%, acompañado en  la cola por Huánuco, Pasco, Loreto, Tacna y Cajamarca. Ver a Cajamarca en los últimos lugares de esta lista es paradójico, teniendo en cuenta la actual confrontación que tiene esta Región contra la inversión del proyecto Conga. Es difícil de comprender como algunos egoísmos políticos pueden primar por encima de los intereses reales a favor de esa geografía, que necesita urgentemente de inversiones para retomar tracción en su senda del crecimiento.

Perú claramente se ha constituido en un ejemplo de que los cambios institucionales –lo que significa respetar reglas- pueden funcionar en países emergentes. Más allá de las políticas de estabilización que se pusieron en marcha hace dos décadas, durante la última se ha observado una ganancia significativa en predictibilidad que ha traído beneficios enormes para la solidez de la economía. El contar con un Banco Central independiente, la incorporación de una regla de objetivo de inflación, un buen marco de supervisión bancaria, sumado a una adecuada regla fiscal, y todas funcionando durante aproximadamente diez años de manera impecable, brinda certeza a cualquier agente económico que quiera apostar por el país.  

De la mano de esta institucionalidad macroeconómica, se observan las mejoras en otros espacios, los que redundan en la competitividad del país. De acuerdo al último reporte del Doing Business, el Perú ocupa el segundo lugar en Latinoamérica -después de Chile-  en el ranking de facilidades para hacer negocios. En algunos de los componentes de este indicador, la diferencia a nuestro favor respecto a nuestros vecinos es encomiable (registro de propiedad, protección de los inversionistas y acceso al crédito), pero hay otros aspectos sobre los que se requiere trabajar bastante (permisos de construcción, acceso a electricidad y respeto a los contratos). En esa línea de mejoras, basta observar el último informe del World Economic Forum sobre desarrollo de infraestructuras, donde quedamos en el puesto 88, después de Colombia que está en el 79, México en el 75, y muy lejos de Chile quien es el líder de la región en el puesto 40.

La transformación que ha alcanzado nuestro país es impresionante. Buenas políticas han permitido que en un primer pestañeo vayamos dejando atrás el terrorismo y la hiperinflación; en un segundo pestañeo, ya intentamos convertirnos en un referente en la región. Y si seguimos por el buen camino, estoy seguro que veremos transformaciones en otras instituciones el Estado, que actualmente no funcionan como es debido. Eso implicará que pronto veamos gobierno regionales más preocupados por el crecimiento de su región y menos en futuros políticos personales; contaremos con un poder legislativo dedicado a dar leyes que funcionen y menos en objetivos mezquinos como perseguir a ex ministros de economía honestos. Estén seguros que si el país sigue así, irá purgando todo lo que no sirve. Contaremos en general con reales fuerzas institucionales capaces de gestionar el cambio hacia el futuro. Ojalá que con otro pestañear, en una década más, podamos hablar de señales de cambio en ese sentido. 

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(*) Artículo publicado en prensa escrita