DavidTuesta
Mirador Económico Por David Tuesta

Cada vez se discute más sobre el papel que puede tener en las políticas de gobierno la economía del comportamiento, un área que ha tomado una relevancia importante en la disciplina económica. Sus aproximaciones metodológicas vienen siendo adaptadas cada vez más por los países con el fin de mejorar sus diseños de políticas. Así, una de las preocupaciones mayores ha estado orientada a buscar soluciones para mejorar los bajos niveles de intermediación financiera, considerando los potenciales efectos que puede tener para mejorar el bienestar de las familias. ¿Qué áreas se han venido explorando y qué impactos se pueden decir que han alcanzado al día de hoy? Revisando los resultados que muestran los pilotos y las aplicaciones en el globo se pueden observar ya conclusiones interesantes.

En el campo del microcrédito se concluye que no hay una solución única para todos los problemas. Los productos generalistas parecen no haber tenido efectos significativos en incrementar los ingresos ni el consumo promedio, y tampoco se observan incrementos significativos en las ganancias de las microempresas. Sin embargo, los resultados positivos más concluyentes en este campo parecen darse cuando los microcréditos son más focalizados y útiles para fines como suavizar el consumo en temporadas bajas en la actividad económica, como en la agricultura.

Es en el ámbito del ahorro donde se siguen acumulando resultados confirmatorios de cómo diseños e incentivos adecuados funcionan en favor de hacer más eficiente la aproximación entre oferta y demanda, y reducciones en  las distorsiones que afectan el bienestar del consumidor. La disminución de los rezagos en colectivos vulnerables, como el de jóvenes, mujeres y minorías, es otro de los beneficios comprobados de la mayor penetración de las finanzas. Se observa, por ejemplo, que las mujeres logran incrementar su poder de decisión en la casa dirigiendo el consumo hacia bienes duraderos con beneficio directo al hogar. En las áreas rurales dedicadas a la agricultura, se aprecia cómo el ahorro impacta en el mejor desempeño productivo, así como en la ampliación de sus áreas de producción en porcentajes relevantes. Las familias, por su parte, mejoran su stock de ahorros, incrementan su seguridad alimentaria, logran estabilizar el consumo, así como alcanzan objetivos de salud y educación.

En el caso de los productos de aseguramiento se dan diferentes tipos de resultados sobre el bienestar de las familias, aunque en aquellos que han funcionado mejor –sobre todo en el sector agrícola- se observa mejoras en los gastos en fertilizantes, contratación de mano de obra y una mayor focalización en producciones de alto retorno. Un elemento que parece ser determinante para encontrar impactos positivos de los seguros en una mayor inclusión financiera es el del factor ‘escala’. Asimismo, algunos estudios concluyen que el apoyo del Estado a estos programas, a través de subsidios, es fundamental.

Es interesante observar el rol que vienen jugando  las soluciones digitales en colectivos antes excluidos de las finanzas. Los impactos generados a través de la reducción de los costos de transacción para superar las barreras han ido sumando aprendizajes importantes en diferentes continentes. Gracias a estas aplicaciones, que han logrado acercar el ahorro a las familias, se encuentran hallazgos interesantes en el reforzamiento de las redes familiares como mecanismo de respuesta a shocks económicos. Así también, las soluciones biométricas han ayudado a reducir enormemente la corrupción de los programas de transferencias de dinero, mejorar la eficiencia del gobierno, e impulsar el cumplimiento de los objetivos sociales, entre otros.

Algo en común que tienen los resultados exitosos de las finanzas en la mejora del bienestar de los que históricamente han estado menos favorecidos es el buen diseño de los programas de política. En general, se observa que cuando éstos están dirigidos a atacar la raíz de los problemas de fallas de mercado, los alcances y beneficios son muy auspiciosos. Siguiendo un estudio compilatorio reciente de Dean Karkan et al (2016), se identifica casos sobre la reducción de asimetrías de información por el lado de la oferta; por ejemplo, la introducción de bureaus de crédito en las oficinas de microcréditos generó un 27% de mejora en los créditos sin deterioro de cartera en Guatemala. En Kenia, se identificaron mejoras en más del 40% en nuevos créditos gracias a la colaterización en garantías de personas, y la introducción de dos meses de períodos de gracia antes del pago del microcrédito brindó efectos positivo de casi 20% en el ingreso de las familias y en la duplicación de las ganancias.

En la búsqueda de reducir las asimetrías de información por el lado de la demanda, que lleva muchas veces a tomar malas decisiones financieras o a la autoexclusión del mercado, también se observa que, colocando los incentivos correctos, se logran mejoras impactantes. Por ejemplo, la presencia de un regulador activo en informar y educar financieramente a la población manifiesta resultados bastante alentadores. Pero la clave acá es el diseño y el dimensionamiento de los objetivos. Por ejemplo, en el caso de educación financiera, los resultados más interesantes se encuentran cuando la enseñanza se focaliza en la mejora de comportamientos y reglas básicas de las finanzas, y adaptados a la realidad que viven los capacitados.

Otra cosa que se viene observando en varios de los programas que buscan incrementar el ahorro es que muchas veces es necesario hacer que funcionen los incentivos en las personas de forma consciente, o inconsciente, para que se tomen decisiones que jueguen en su bienestar. En el caso del ahorro en pensiones, un producto que suele ser visto como muy intangible porque sus beneficios son recibidos en el muy largo plazo, se empiezan a observar programas interesantes como en China, donde se encontró que contribuciones a pensiones con subsidio del Estado se incrementaron en 19%, simplemente mostrando cuánto iban a recibir en beneficios las personas. Los recordatorios de textos, así como los programas de afiliación y ahorro automático también vienen ayudando de manera importante en países en vías de desarrollo, como en Afganistán, Ghana y Kenia.

Los gobiernos tienen cada vez mayor evidencia, así como modelos de programas que pueden probar. Es cuestión de decisión. Las excusas cada vez sobran más.