DavidTuesta
Mirador Económico Por David Tuesta

No hay duda. El mundo está inmerso en una revolución tecnológica profunda. La evidencia que nos deja la literatura científica más seria es que estamos experimentando un trastrocamiento enorme en la composición del factor trabajo y capital como consecuencia de lo digital. Este hecho resulta del crecimiento exponencial de la velocidad de procesamiento, capacidad de almacenamiento, tecnología móvil y desarrollos algorítmicos observados en los grandes avances en robótica (mecánica o de software) e inteligencia artificial en todas sus facetas. Todo ello permite que las máquinas amplifiquen sus procesos de aprendizaje no sólo para emular el desarrollo de tareas físicas humanas sino también hacia el despliegue de otras tareas más complejas, como el de las percepciones, inferencias, desarrollo de hipótesis, razonamiento y valoraciones.

Ya no es ciencia ficción. Lo anterior viene marcando la pauta del reemplazo progresivo de los seres humanos por las máquinas en amplios sectores, funciones y ocupaciones. Si nos dejáramos guiar solamente por la historia, podríamos decir que el avance tecnológico trae siempre un proceso natural de destrucción-construcción: produce primero un efecto de substitución de trabajo por máquinas e impulsa la relocalización de la oferta laboral; luego se esperaría un efecto de capitalización por los mayores skills que la fuerza laboral va adquiriendo, acompasado por el requerimiento de nuevas empresas que entran a los sectores más productivos.

De acuerdo con Daron Acemoglu, en el siglo XX se inicia claramente la “carrera” entre tecnología y educación, especialmente la educación superior. Esta carrera no ha sido fácil para los seres humanos, aunque en promedio, la oferta laboral ha logrado responder a esta competencia, por ejemplo, con más años de estudios. Pero ahora la cosa es diferente. El ritmo de destrucción de perfiles ocupacionales vigentes es mucho más rápido. Según este contexto, muchos piensan que será difícil para las generaciones de hoy seguir compitiendo con las máquinas.

Es importante señalar que el concepto de que las máquinas sólo pondrían en peligro a los trabajos rutinarios o de bajos skills, ya deja de ser una aproximación válida. El ritmo de sustitución de hombres por robots se va dando a diferentes velocidades, en tanto los últimos vayan superando tres características claves de destrezas humanas en las tareas que desempeña: (i) habilidades para la manipulación de objetos y percepción del espacio; (ii) uso de inteligencia creativa; e (iii) inteligencia social.

En cuanto a la superación del primer grupo de destrezas, por ejemplo, ya se observa el reemplazo de una serie de tareas humanas de manipulación y traslado de objetos desde hace varias décadas (en minería, construcción, manufactura), incluso en ámbitos que hace no tan poco se creían imposibles, como el del transporte terrestre y aéreo sin la presencia del conductor. Dado el grado de avance al día de hoy, muchas proyecciones auguran que en una década casi el 90% de tareas de manipulación y percepción que hoy realizamos los humanos desaparecerán por la presencia de robots. Respecto al grupo de destrezas de inteligencia creativa (que implica la presencia de procesos psicológicos, valores) y de habilidades de inteligencia social (persuasión, negociación, sutileza, subjetividad, etc.), la acometida de los robots vienen a menor velocidad respecto a las habilidades de manipulación, aunque acelerándose gradualmente, y con seguridad, pronto pasarán de la sala de experimentos hacia una mayor difusión a las industrias.

En base de las estimaciones de Frey y Osborne, ya se puede anticipar que en las  próximas dos décadas, casi el 50% del empleo actual tiene una alta probabilidad de ser completamente borrado por este proceso de transformación digital. Las mayores bajas se centran en las áreas de soporte administrativo, ventas, servicios, producción y transporte. En el otro extremo, están ciertas tareas en las áreas legales, artes, salud, finanzas y actividades gerenciales. Hay cerca de 1,000 tareas identificadas en el estudio.

Todo parece cuestión de tiempo. Todas nuestras habilidades y destrezas en el mercado laboral están en riesgo. Y lo que estamos viendo ahora desde una perspectiva social es una enorme polarización en las contrataciones laborales, pues se reclutan en un extremo a gente con destrezas especiales en creatividad y lo social, y en el otro a gente menos capacitada, pero con destrezas manuales y espaciales, donde las máquinas aún no han llegado, pero llegarán. Y en el medio queda una enorme masa de personas con muchos años de estudios de capacitación, pero que no encajan en la era digital. En esa línea, no hay duda de que se requiere una acción muy fuerte por parte de los estadistas en plantear cuál es el sistema educativo que permitirá enfrentar este enorme desafío que tienen por delante las generaciones de jóvenes que buscan trabajo.