DavidTuesta
Mirador Económico Por David Tuesta

Venimos siendo testigos privilegiados de grandes transformaciones tecnológicas. Varias frases se han acuñado para ello. Algunos han bautizado este período de disrupción digital como una “cuarta revolución industrial”.  Para todos es bastante evidente como estos cambios vienen trastocando la vida y las decisiones de individuos y empresas. Basta observar el crecimiento exponencial que muestran el uso de cloud computing, el uso de inteligencia artificial, la explotación masiva de datos (big data), la realidad aumentada, el uso de impresoras 3-D, entre otros, para saber que algo grande está pasando dentro de las estructuras de la economía mundial.

Lo que uno debiera esperar –si esto es una nueva revolución– es que se empezara a trasladar hacia una mayor productividad, cosa que hasta ahora viene siendo poco tangible en las cifras macroeconómicas. Algunos expertos señalan que los procesos de adopción amplia de las tecnologías no son inmediatas y pueden tomar varias décadas para poder valorar cómo impactarán finalmente estos cambios en el crecimiento global. En la misma línea, un reciente libro de Fredrik Erixon y Björn Weigel (2016), que lleva por título “The Innovation Illuison”, se centra sobre todo en las barreras estructurales de actual capitalismo para explicar la lentitud en la adopción masiva de las tecnologías que lleguen a la mayor productividad. Siguiendo la tesis, muy documentada del texto, son cuatro las barreras: el capitalismo gris, la excesiva burocracia gerencial, la deformación del proceso de globalización y las complejidades regulatorias.

El capitalismo gris hace referencia a la pérdida de emprendimiento y la consecuente aversión al riesgo debido a la fuerte capitalización diversificada de las corporaciones, donde al final, “nadie termina siendo dueño de nada”. Esto, que se traslada en un extremado conservadurismo que limita la posibilidad de dar saltos en productividad. De la misma manera, los autores documentan que, como consecuencia de lo anterior, las corporaciones que supuestamente deberían estar impulsando la adopción de las innovaciones, han introducido una serie de controles y procesos internos que terminan reflejando las timideces empresariales mencionadas. Esto ha llevado en gran medida a que, dentro del actual proceso de globalización, estas empresas hayan venido adoptando estructuras defensivas para proteger la senda actual de crecimiento, bajo un patrón que los capitales detrás consideran seguro. Para cerrar el círculo, la fragmentación y complejidad de las regulaciones sectoriales terminan convirtiéndose, sin querer quizá, en el cómplice perfecto para frenar la innovación.

Las conclusiones del libro sugieren que si una revolución industrial está en marcha, el ritmo de avance dependerá en gran medida en cómo los agentes, mercados y regulaciones coadyuven a la superación –o desintegración– de las barreras existentes. Una tesis sugerente que vale la pena revisar.

The Innovation Illusion/Fredik Eirxon y Björn Weigel/Yale University Press 2016.