DavidTuesta
Mirador Económico Por David Tuesta

En el post anterior comentaba los retos que enfrenta la regulación financiera digital global en un momento en que nuevos actores digitales tienen una mayor presencia prestando servicios de intermediación financiera en el mercado. En extensión de aquella entrega, quiero comentar un listado de retos para los avances regulatorios, en su interacción con las diferentes aristas de esta revolución digital.

Primero, está el tema del escenario base para la competencia del sector financiero. Tenemos por un lado los incumbents, es decir, las instituciones financieras de siempre que llevan como ventaja la gestión de una base relevante de clientes que teóricamente les debería permitir un mayor conocimiento de cara al negocio. No obstante, en contraparte, enfrentan una carga regulatoria sumamente elevada debido a su rol intermediador y sus efectos potenciales sobre toda la economía. Esta regulación también recae sobre el uso de los datos, es decir, con claras limitaciones de lo que pueden y no se puede hacer. En contraste los nuevos jugadores, las fintech, si bien no parten con una base de clientes, conformarla es muy factible, al menos para competir en un determinado nicho de mercado, con el añadido que la regulación en muchas partes todavía es inexistente o incipiente.

Dentro del punto de vista de la competencia, se debe tomar en cuenta que muchas instituciones financieras arrancan con un elevado legacy, es decir, todas las herencias tecnológicas y regulatorias que han tenido que irse adaptando a lo largo de varias décadas –muchas veces como “parche”–, mientras que los nuevos jugadores hoy tienen la oportunidad de construir todo desde el comienzo, con espacios para instaurar una cultura de eficiencia operacional  y proveer low-leverage solutions.

Los reguladores deberán incorporar un balance entre estos dos mundos, en un escenario donde han estado mucho más preocupados del riesgo del too big too fail, acentuado luego de la crisis del 2007-2008. La acción regulatoria hacia las fintech debería ser coordinada y global porque éste es el cariz que tiene este fenómeno. Además, dadas sus características mutantes, esta regulación debería darse desde ahora, cuando aún son pequeñas, y no esperar a que crezcan demasiado sin la regulación requerida.

Hay que valorar, por supuesto, el factor innovador que estas traen. Hoy, por ejemplo, en los temas de pagos las tecnologías permiten hacer los procesos de compensación y valorización en tiempo real sin ayuda de cámaras especializadas, con enormes derivadas sobre los costes en favor del cliente. También están todas las virtudes que en línea complementaria, pero con mayores efectos multiplicadores, puede traer el blockchain. En este contexto, la regulación también deberá redefinir claramente cómo aproximarse a los enormes retos que se derivan hacia los temas de protección al consumidor, en una época donde a las personas se nos valora por los datos que poseemos; en el que los robo-advisors toman cada vez más relevancia; y donde los problemas de ciberseguridad se acentúan.