LucíaBenavides
Ojo con Londres Por Lucía Benavides

Hay dos tipos de personas en este mundo: Gente de Viernes y Gente de Lunes. La Gente de Viernes trabaja porque tiene que hacerlo, pero no puede esperar al fin de semana para dedicarse a lo que más le provoca. A la Gente de Lunes lo que más le provoca es trabajar, porque su trabajo es su pasión, y empiezan cada semana con unas ganas locas de llegar a la oficina y seguir con sus proyectos. Mi Papapa—Alberto Benavides de la Quintana—era un Hombre de Lunes.

Cuando pienso en mi Papapa me lo imagino rodeado de mapas y muestras de rocas—no hay nada que le gustaba más. A sus noventa y tres años, seguía yendo a la oficina. Y muchas veces mientras almorzábamos, le tomaba examen a mi tío Roque y a mi papá… siempre quería saber cómo iban los proyectos, qué planes tenían para el futuro, qué decisiones importantes tenían que evaluar. Muchas veces además, encontré en su mesa de noche reportes larguísimos y súper técnicos, que por supuesto ABQ leía en su totalidad.

El Papapa siempre se llevaba el trabajo a su casa, porque no había forma de dejar en la oficina algo que lo emocionaba tanto. Es así cómo toda la familia se contagió de su entusiasmo y su infinita perseverancia. Y es así como un Hombre de Lunes, profundamente dedicado al trabajo, no descuidó nunca a su familia. Nos hizo partícipes de su sueño.

Aunque pocos de mis primos se dedican a la minería, todos compartimos un profundo amor por la sierra. El Papapa adoraba toda la sierra peruana, aunque siempre queriendo un poquito más a Huancavelica, donde empezó Buenaventura. Por él, y por lo que le enseñó a sus hijos, yo no puedo viajar por el Perú sin pensar con cariño en vetas, rocas sedimentarias y volcánicas, en napas freaticas.

Pero lo que hacía de mi Papapa un gran geólogo y un hombre de negocios ejemplar iba más allá de la geología y de los negocios: la gran motivación de ABQ era el Perú. Él creía que por encima de los 3,500 metros sobre el nivel del mar, hay muy pocas industrias que pueden crear tanto trabajo y bienestar para los pobladores como la minería.  Ese compromiso y ese sueño eran la razón por la que ABQ se levantaba todos los días para ir a trabajar.

He estudiado por muchos años fuera del Perú, pero siempre termino regresando. Ningún otro país me puede ofrecer la satisfacción que siento cuando contribuyo aunque sea un poquito a que nuestro país salga adelante. Es una pasión heredada que comparto no solo con mi familia, sino con mucha de la gente que gozó trabajando con mi Papapa, o que fue inspirada por su éxito.

Para los que conocimos a ABQ es difícil despedirnos de él porque no estaba cansado—mi Papapa tenía energía e ilusión para vivir noventa y tres años más. En estas últimas semanas por ejemplo, estuvo hablando mucho de un proyecto para llevar más agua a Ica. Es insólito que sabiendo lo enfermo que estaba, disfrutaba haciendo planes para contribuir al desarrollo del Perú.

A mi Papapa no le gustaba que hablen de su trayectoria, porque sentía que le estaban diciendo que su carrera ya había terminado. Aunque él ya no esté con nosotros, su trabajo y su carrera no han terminado. Lleva años entrenándonos para que seamos Hombres y Mujeres de Lunes, y sigamos trabajando por el Perú que él soñaba.