Carlo MarioDioses
Punto de equilibrio Por Carlo Mario Dioses

El cierre de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE 2017) trajo consigo lo que, a mi parecer, fue la sorpresa de la jornada: una expectativa promedio de crecimiento de 4.7% para el próximo año por parte de sus asistentes. Y digo que fue una sorpresa porque hasta esa semana las proyecciones más optimistas apuntaban a un 3.9% (del BBVA Research), en tanto, otras seguían en un promedio de 3.5% (como la de Apoyo Consultoría). ¿Por qué los empresarios y ejecutivos más poderosos e influyentes del país están tan optimistas? ¿Será que esto está relacionado con planes de inversión privada que aún no han dado a conocer?

La realidad es que las proyecciones de crecimiento para el próximo año están basadas principalmente en inversión pública: proyectos de infraestructura, reconstrucción del norte del país, obras en Refinería Talara y en los Juegos Panamericanos, entre otros. De hecho, se espera que la inversión privada crezca, pero de manera modesta. La debilidad de estas estimaciones es que están basadas en planes de gobierno, es decir, se quiera o no su ejecución tiene un alto componente político. Como no hay ningún elemento para asumir que el panorama político mejorará en los próximos meses, no existe por ende ninguna razón para esperar que 2018 sea mejor que este año, que es uno de desaceleración con aroma a recesión.

Por lo anterior, las expectativas de la CADE estuvieron sobrestimadas, igual qué pasó en año pasado. Como se recordará, la CADE 2016 fue una de las más entusiastas de su historia por contar con un presidente con el que la clase empresarial se sentía plenamente identificada, y con un gabinete de lujo que generaría eficiencias por todas partes. Por ello, al cierre de la convención el crecimiento promedio esperado de sus asistentes fue de 4.3%. Lo que vino después no fue anticipado o simplemente no se quiso ver en ese momento. El ministro Jaime Saavedra fue censurado pocas semanas después; las denuncias por vinculaciones de corrupción con Odebrecht se intensificaron y generaron paralización empresarial; el Fenómeno de El Niño hizo lo propio y dejó al país con un mes perdido en términos económicos y un reflejo de la fragilidad institucional de los gobiernos regionales. Más censuras, más ruido político y más de Odebrecht durante todo el año dejó un crecimiento que apenas llegará a 2.6%.

Creer que el país crecerá 4.7% es desconocer que el ruido político afecta a la economía o es asumir —sin elementos reales— que mejorará la relación entre el gobierno y el Congreso con su mayoría de oposición. Si lo anterior es cierto entonces no hay una lectura transversal de lo que sucede en el país, donde las “cuerdas separadas” siguen existiendo incluso en la misma CADE, donde hubo un desbalance entre los expositores del gobierno versus los representantes del partido de oposición (Fuerza Popular o fujimorismo, como mejor prefiera el lector).

Analicemos entonces los argumentos por los cuales 2018 sería un año similar, en el mejor de los casos, al actual:

  • Luego de la renuncia de Pablo de la Flor a la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios no se ha tomado ninguna acción en torno a sus recomendaciones expuestas públicamente. El gobierno está atado de manos en cuanto a una ejecución presupuestal eficiente para la reconstrucción (y cualquier obra pública de gran envergadura) y todo recae en los gobiernos regionales donde la corrupción es parte del proceder diario en todos los niveles.
  • No se han expuesto claramente cuáles son las medidas económicas del gobierno que reactivarán el país. Incluso el BCR le dijo al MEF que ha perdido peso en clara alusión a lo anterior.
  • No hay ningún proyecto en el gobierno ni en el Congreso que busque atacar la ineficiencia de los gobiernos regionales, que son parte de la explicación no sólo de la desaceleración en provincias sino de su escaso desarrollo económico producto de obras públicas de dudosa calidad. Mientras no se acepte que la regionalización como tal no está funcionando no habrá nada que mejore en cuanto a desarrollo y calidad de vida en el interior del Perú.
  • Finalmente, el desorden político del gobierno ha generado más confrontación con Fuerza Popular que puentes de comunicación productiva. Las últimas semanas han sido una sucesión de bofetadas de poder: como el presidente Pedro Pablo Kuczynski no aceptó la invitación del Congreso para declarar por el caso Odebrecht su esposa fue citada a hacerlo, lo cual devino en una intervención al local partidario de Fuerza Popular para luego llegar a la acusación de que PPK prestó asesorías para la empresa brasileña a pesar de que había dicho reiteradamente que no tenía ninguna vinculación económica. Ahora se analiza no sólo su renuncia sino una posible vacancia presidencial.

¿Por qué es relevante analizar esto? Porque si no se tiene en cuenta el desempeño de la economía se pueden tomar decisiones equivocadas en las empresas. Es mejor estar preparados.