Carlo MarioDioses
Punto de equilibrio Por Carlo Mario Dioses

El 15 de diciembre de 2017 publiqué en este mismo espacio que las proyecciones de crecimiento de la economía realizadas al cierre de la Convención Anual de Ejecutivos (CADE) de 4.7% eran exageradas por varios motivos: no se había terminado el caso Obedrecht y, por el contrario, venía lo más picante; la inversión pública, que era uno de los principales pilares para el crecimiento del PBI, se sostenía sólo en la medida que hubiese voluntad y fuerza política del gobierno para poder ejecutar obras; y que no había ningún motivo para esperar que la relación entre el Ejecutivo y el congreso mayoritariamente opositor mejorase en los siguientes meses. En buena cuenta, las proyecciones habían subestimando el impacto del ruido político tanto en la inversión privada como en el mismo consumo privado (ambos representan casi el 80% del PBI). En menos de dos meses las proyecciones bajaron y hoy están entre 3.5% y 3.3% según entidades como el BCP, el BBVA o el IPE.

La razón de recordar esto es porque inmediatamente después de que el presidente Martín Vizcarra asumió el mando diversos analistas y entidades han lanzado pronósticos económicos optimistas bajo el argumento de que lo peor del ruido político ha pasado. Incluso, se menciona una potencial alza en el estimado de crecimiento de este año. ¿Hay argumentos sólidos para esto? La realidad es que no. El caso Odebrecht no ha terminado y lo más probable es que las acusaciones de corrupción de líderes políticos continúen. Del mismo modo, no hay argumentos sólidos para esperar que Fuerza Popular, con su mayoría en el Congreso, deje trabajar abiertamente a un gobierno que no es de su militancia. Por el contrario, lo único que sabemos ahora es que hay una ventana abierta para que interpelaciones y pedidos de vacancia se soliciten en cualquier momento.

Por su parte, la inversión pública se mantiene trabada pues no se ha atacado el tema de fondo de la ineficiencia y corrupción de los gobiernos locales y regionales. Este es precisamente el principal punto de agenda que podría tener el nuevo gobierno para generar impacto económico en el corto plazo, tanto en el incremento de los alicaídos resultados tributarios como en la generación de efecto multiplicador en el consumo privado.

Así las cosas, lo que se podría esperar es más bien una reducción adicional de las proyecciones de crecimiento del PBI en los siguientes meses.

El país tiene veinte meses de absurdo retraso a la generación de bases sólidas para una reactivación de corto plazo y una nueva estructura de crecimiento sostenible en el mediano plazo. Lo único claro es que hay tiempo que recuperar.