José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

Sin ninguna duda, el personaje político más importante de la última semana ha sido Alan García, dos veces elegido presidente (1985-1990 y 2006-2011) y aún líder indiscutible del partido político peruano más antiguo. Aunque García viene realizando un gran despliegue verbal deslindando responsabilidades, parece poco lo que logrará en cambiar la impresión que una parte importante de la población tiene sobre él.

Vivir es morir un poco

Alan García dijo, por ejemplo, que quienes hoy lo critican tendrán que tragarse sus palabras cuando él ya no esté. “Cuando me muera espero que todos los que hablan mal de mí vayan a mi tumba y digan ‘me equivoqué, porque no te encontraron nada a ti ni a nadie’”, dijo el expresidente.

Hasta el momento, y si bien es cierto que dos exfuncionarios de su segunda gestión purgan prisión preventiva, no hay indicios que impliquen directamente a García. Pero eso parece importar poco cuando de reputación se trata. Alfredo Torres, por ejemplo, cree que su reputación sufre serios daños “al sumarse las denuncias actuales con las graves denuncias que se formularon en su primer gobierno y de las cuales se libró por la prescripción”.

Ratas de dos patas

Entrevistado por el programa Cuarto Poder, García se refirió también a los funcionarios corruptos que habrían trabajado en su gobierno. “Ninguno es aprista. Y de otros gobiernos también hay”. Ante la insistencia de la periodista Anuska Benaluque (“Usted los ha llamado ratas, pero son sus ratas. Son las ratas que puso su gobierno”), García  indicó: “No, si hubieran mostrado su cola yo no los hubiera puesto. No son mis ratas”.

No es la primera vez que el expresidente usa una referencia a los roedores. En pleno gobierno suyo, octubre del 2008, tuvo una rápida reacción la noche misma en que se divulgaron los audios del llamado caso petroaudios. En el 2008, enriqueció los personajes de los programas cómicos de la televisión; ahora regaló los principales titulares del lunes 20 de febrero.

Banda presidencial

Más importante ha sido su deslinde con lo que llamó “la pandilla de expresidentes”. Ante RPP, el líder del Apra deslindó rotundamente relación alguna con los pagos que Odebrecht hizo a funcionarios de su gobierno. “Yo le puedo garantizar que no tenía ningún conocimiento ni nada que ver con eso”, y agregó que “a mí no me metan en la pandilla de los expresidentes”.

Pero no son la prensa ni algún periodista en especial los que se encargan de eso: ligarlo con quienes, como él, también han sido presidentes. Una reciente encuesta de Ipsos Perú indica que, de los ciudadanos que se manifestaron informados (59%), una abrumadora mayoría (94%-96%) piensa que funcionarios de los gobiernos del nuevo milenio (Toledo, Humala y García) recibieron coimas por parte de Odebrecht. Las cifras para el primer gobierno de Alan García (80%) y el de Alberto Fujimori (78%) son significativamente menores —aunque sigan siendo altas—, a pesar de los serios casos de corrupción denunciados en su momento.

Alan García y Odebrecht

Palabras vanas

Para el pueblo aprista, Alan García envía un mensaje de unidad, que parece calar, pero fuera de la Casa del Pueblo el ánimo pinta distinto. El expresidente tuvo un alto grado de antivoto en la contienda electoral del 2016: en abril de ese año, su antivoto llegó a 8 de cada 10 personas (78%), casi treinta puntos por encima que otra personalidad política que polariza, Keiko Fujimori (45%), según una encuesta de Ipsos Perú. La cifra no debería variar significativamente si hoy se hiciera la pregunta.

Por muy determinado que sea el ánimo de Alan García por deslindar con las serias acusaciones de corrupción que involucran a funcionarios de su segundo gobierno, sus palabras parecen poco determinantes, acaso vanas, cuando se trata de cambiar la percepción que la población tiene de él.

LinkedIn