José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

Es aún imprevisible el impacto de los escándalos de corrupción en la actividad empresarial. En días recientes, Graña y Montero, una de las empresas emblema del país, vio el desplome de sus acciones y cambió su liderazgo, luego de que se supiera que Jorge Barata, exrepresentante de Odebrecht en el Perú, indicó ante la fiscalía que Graña y Montero estaba al tanto del pago de coimas para la adjudicación de la IIRSA Sur.

Al margen de los desenlaces, las empresas en particular y los gremios empresariales en su conjunto deberían ser audaces y plantear medidas que trasciendan las acciones de maquillaje bien intencionado que han caracterizado, lamentablemente, al sector productivo en los últimos años.

Casos individuales

Desechar, por ejemplo, la tibia reacción que se tuvo cuando, en abril del 2015, el vicepresidente en funciones de la Confiep, Lelio Balarezo, fue condenado por defraudación tributaria. Aunque, como lo expresara en su momento el mortificado presidente del gremio, Martín Pérez, éste era “un caso individual”, la alta posición ocupada demandaba una reacción más tajante. En mayo siguiente se reemplazó a Balarezo en la directiva, pero no se emitió ningún comunicado para zanjar directamente el tema.

Recién un año después, en abril del 2016, Pérez fue algo más determinado: “Nosotros deslindamos y rechazamos las conductas empresariales de Balarezo. Él no representa a ningún empresario honesto del país. Si hay alguien que quiera delinquir, que se retire de los gremios y si no, lo retiraremos nosotros. No tenemos que apañar a nadie que cometa delitos”, declaró a El Comercio.

Hoy Balarezo, quien permanece prófugo, ha sido incluido en el programa de recompensas del Ministerio de Interior. Comprensiblemente la sospecha de apañamiento no ha desaparecido del todo.

AFIN a la espera

Tampoco fue tan decidida la reacción de la Asociación para el Fomento de la Infraestructura (AFIN) frente a las crecientes denuncias en torno a la empresa —en algún momento asociada— Odebrecht.

Como se sabe, Marcelo Odebrecht fue capturado por la policía brasileña en junio del 2015. Pero aquello no parecía importar a AFIN, al menos no de manera pública. Prefirió esperar. Un comunicado del gremio indica que, a enero del 2017, “ninguna empresa de Odebrecht ni ninguna otra empresa imputada en el caso Lava Jato, o consorcio controlado por estas firmas está asociada a AFIN”.

Recién en febrero, ante las presiones de diversos analistas, AFIN indicó: “Necesitamos instituciones que funcionen limpiamente. Todos, incluido el sector privado, tenemos que jugar nuestro respectivo rol, y hacer el más serio esfuerzo para combatir la corrupción de manera total y frontal, para lo cual se debe individualizar y castigar a los corruptos”.

Visión de los ejecutivos

Pero si los gremios han sido algo tibios en la reacción, más preocupante parece la visión sincera de altos ejecutivos del sector privado. Un estudio de Jorge Daly y Óscar Navas (2015), de Centrum, basado en una encuesta a más de cuatrocientos altos ejecutivos de empresas peruanas, muestra que una preocupante mayoría de ellos (86.1%) cree que los gremios empresariales no están interesados en combatir la corrupción.

(Fuente: Daly y Navas, 2015)

(Fuente: Daly y Navas, 2015)

Es aún imprevisible el impacto de los escándalos de corrupción en la actividad empresarial. En días recientes, Graña y Montero vio el desplome de sus acciones, luego de la publicación de las declaraciones de Barata.

El estudio identifica, además, la alarmante funcionalidad que hallan los ejecutivos peruanos en la corrupción. “No arroja evidencia de que el ejecutivo peruano ‘sufre’ o padece las consecuencias de la corrupción”, ya que “no la percibe como obstáculo principal para la marcha de su negocio”. Es más un facilitador que una “carga onerosa”. Así, el ejecutivo peruano “convive suscrito a un pacto implícito con funcionarios públicos que lo obliga a renunciar a una porción de sus ingresos o rentas que no es significativo”.

Éstas son las visiones que se deben cambiar, pensando en el largo plazo. La alta tolerancia a la corrupción no sólo la acalla sino que la alienta.

Quedar mal

Hoy se espera un cambio en el liderazgo de uno de los principales gremios empresariales y que se activen algunas embrionarias iniciativas, como el Consejo Privado Anticorrupción. Vale la pena procurar romper esa añeja costumbre de no hacer mucha bulla: ir contra la dañina tradición de nunca quedar mal con nadie.

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