José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

El actual debate en torno a la reciente renuncia de Martín Vizcarra al Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) debería abrir espacio a una discusión más amplia sobre el gabinete en su conjunto, enfocado en sus roles de actores políticos dinámicos y no en el distante accionar de un funcionario pasajero.

Rol constitucional

Estos dos roles (el político y el funcional) son descritos en la Constitución. Se detalla que los ministros deben validar los actos presidenciales, ya que éstos son nulos sin tal refrendo (artículo 120). Además, los ministros son “individualmente responsables por sus propios actos y por los actos presidenciales que refrendan”, aun cuando hayan votado en contra en el Consejo de Ministros. La única salvedad es “que renuncien inmediatamente” (artículo 128).

Cayó Vizcarra

Tras una bamboleante gestión en torno al destino del aeropuerto de Chinchero, la mañana del último lunes presentó su renuncia Martín Vizcarra. Es el tercer ministro que deja el cargo en el actual gobierno. Lo antecedieron Mariano Gonzales (Defensa) y el defenestrado Jaime Saavedra (Educación), cuya gestión se inició con el gobierno anterior. También se debe incluir en el grupo a Jorge Nieto, que dejó Cultura para hacerse cargo de Defensa.

Sin entrar en detalle de la discusión sobre lo justo de sus partidas,  tanto Gonzales como Saavedra extendieron sus respectivas agonías, creando espacio para el deterioro de la figura presidencial. Gonzales extendió su partida por un lapso de casi dos semanas: entre que tomó conocimiento del reportaje de Panorama que originó su salida y la juramentación de su sucesor, mediaron 14 días. En tanto, entre las primeras denuncias en torno a la gestión de Saavedra y su censura final mediaron 25 largos días.

Uno es ninguno

No son los únicos ministros que han enfrentado problemas, muchos de ellos responsabilidad total de ellos mismos: Patricia García en Salud y su gestión frente a la epidemia del dengue en el norte; Carlos Basombrío y algunos traspiés en su gestión, como la del falsamente acusado autor del incendio en Larcomar, Jorge Nieto y las nunca probadas denuncias de reglaje; José Manuel Hernández y sus cuestionables nombramientos en Agricultura, por nombrar sólo los que han recibido mayor cobertura mediática.

Nuevamente, los reputados ministros que tomaron el mando incidían en deslices que fueron pasados por agua tibia por una opinión pública indulgente o acaso distraída.

Gabinete de flujos

Cuando se inició el gobierno, los más entusiastas de referían al consejo de ministros como “un gabinete de lujo”. Pero tras diez meses es claro que estamos lejos de tal aspiración.

Sólo hablando de popularidad, los ministros parecen haber sido más yunques que empujan la popularidad presidencial hacia abajo que cometas que la hagan subir. La excepción de esta evolución se dio tras la emergencia ocasionada por los huaicos y desbordes. Entre febrero y marzo, los ministros subieron su popularidad de 23% a 30%, incremento que  se trasladó hacia la presidencia ente marzo y abril (de 31% a 42%). El resto del tiempo, han estado muy distanciados, cuando no silentes.

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Los límites de la tecnocracia

Si algo demuestra la actual crisis es que la gestión tecnocrática tiene serias limitaciones, sobre todo ante los desafíos políticos que plantearon los resultados electorales del año pasado y los recientes desastres. Al mantenerse un enfoque tecnocrático, se entraña el riesgo de una inestabilidad recurrente, cuando aún faltan más de cuatro años de gestión. Y, como se sabe, no deben esperarse resultados distintos persistiendo en hacer lo mismo. ¿Se animará el presidente a darle un nuevo cariz a su trajinado elenco?

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