José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

Hace poco más de un año, en abril de 2016, el fujimorismo consiguió una resonante victoria en las urnas. Por primera vez desde el 2001, gracias a una disciplinada y eficiente campaña, logró representantes en todos los distritos electorales, lo que se patentó en una abultada mayoría parlamentaria.

Desde que se inició este gobierno, se han evidenciado las limitaciones de un gobierno tecnocrático. ¿Qué puede decirse del fujimorismo, esa mayoría altisonante, cuando no anónima? ¿Es cierta la acusación de “obstruccionista” tan usada en semanas recientes? Más importante, ¿qué cosecha hasta hoy ese partido en formación que es Fuerza Popular?

¿Qué hiciste, abusadora?

El miércoles 24 de mayo, en una reacción algo tardía a la sorpresiva renuncia de Martín Vizcarra al MTC, el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, hizo una envalentonada declaración. Con su característico tono jadeante, Zavala se quejó del rol de la mayoría fujimorista, diciendo: “Una cosa es el control político, otra es el abuso de poder. Una cosa es fiscalizar, otra cosa es obstruir”.

Como se sabe, Vizcarra se fue renunciando por voluntad propia. La queja pudo corresponder a otro momento. En la circunstancia escogida, sin embargo, aparecía como una acusación desproporcionada.

Chantaje duro

La semana que pasó, la tensa relación fujimorismo-oficialismo volvió a ser tema de portada. En el debate en el Pleno del jueves 15 de junio, el congresista Luis Galarreta, vocero de Fuerza Popular, aludió a un supuesto “chantaje” del ministro de Economía, Alfredo Thorne al contralor Edgar Alarcón. Indignado, exigía la presencia inmediata de Thorne, a pesar de que el ministro iba a asistir a la Comisión de Fiscalización del Congreso al día siguiente. “No vamos a continuar [con la sesión plenaria] si el ministro [Thorne] no viene inmediatamente”, dijo Galarreta.

El vocero oficialista Juan Sheput encontró algo rudas estas formas. Las describió como “un acto de prepotencia política” que “no se condice con lo que significa la democracia”. Horas después, vía una carta, Thorne indicó que no asistiría por problemas de agenda.

Tras una reunión de Junta de Portavoces, se decidió que Thorne fuera citado al Pleno y ya no asistiera a la Comisión de Fiscalización. El viernes 16 se dio un pleno extraordinario por tal motivo.

Imagínate que yo no soy yo

Otro aspecto criticado reiteradamente por el Ejecutivo son las sucesivas citaciones que reciben altos funcionarios, en especial ministros. La alusión de Fernando Zavala a la obstrucción viene de estas citaciones, precisamente.

Pero, como bien lo demostrara el periodista Martín Hidalgo en El Comercio a inicios de este mes, tal acusación no tiene sustento. Usando indicadores de la Oficina de Gestión de la Información y Estadística del Congreso, Hidalgo concluye que durante el primer año del segundo gobierno de Alan García (2006-2011), los ministros fueron citados 245 veces, muy por encima de las citaciones en un periodo similar en la gestión de Ollanta Humala (2011-2016, 195 veces). En el primer año de gobierno, ambos Congresos (los que enfrentaron García y Humala) superan de lejos las cifras correspondientes a PPK en el mismo plazo: 178 ocasiones.

La injusta acusación de obstrucción puede deberse a su abrumador peso y a la precariedad de su oponente. La relación García-oposición fue el enfrentamiento de un Ejecutivo respaldado por un partido organizado, frente a una bancada inexperta (los 45 congresistas de la UPP-PNP). Humala, en tanto, presentó un Ejecutivo novato aunque respaldado por una bancada numerosa, que –sobre todo en sus primeros tiempos– incluyó experimentados cuadros propios o aliados (izquierdistas, Perú Posible hasta el final, Acción Popular ocasionalmente).

Hoy, en cambio, cualquier alto funcionario que visite el Pleno puede sentirse, con razón, huérfano de apoyo si ese día Juan Sheput o Carlos Bruce están ausentes. Están frente a frente una mayoría opositora abrumadora y un oficialismo con pocos recursos. Ello hace que las preguntas de algunos representantes del fujimorismo, muchas de ellas impertinentes, puedan resultar sobredimensionadas. En este punto, para juzgar con justicia al fujimorismo, hace falta imaginarse que no es el fujimorismo.

Colaboración eficaz

Un punto resaltado tanto por parlamentarios de oposición como por oficialismo han sido los numerosos esfuerzos que han sacado adelante conjuntamente. Se ha mencionado la investidura, la delegación de facultades, la Ley del IGV y, más recientemente, la Ley de la creación de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios.

Aunque en el campo político no han faltado roces y escaramuzas entre oficialismo y oposición, esta colaboración apática ha funcionado en la esfera legislativa. Ello la distingue, claramente, de la tensa relación que caracterizó al periodo previo al autogolpe de abril de 1992.

Percepciones

Al margen de las acusaciones que reciba, es evidente que el fujimorismo ha visto que su percepción ha variado desde que asumió las riendas del Congreso, un poder tradicionalmente desprestigiado. El desgaste se ha dado a pesar de que la lideresa del Fuerza Popular, Keiko Fujimori, mantiene importantes cifras de aprobación (42% en mayo, según GfK; 40% en junio, según Ipsos Perú).

En mayo último, GfK incluyó consultas sobre la percepción que se tiene de todas las bancadas, comparándolas con las mismas preguntas realizadas en septiembre de 2016. Aquí se reproduce sólo la correspondiente al fujimorismo. Las cifras decrecen en todos los rubros, incluyendo aquellos que denotaban a una lideresa fuerte o impositiva (“está obligada a votar según lo que manda su líder”, de 31% a 20%) o una bancada tendiente al fraccionamientos (“se dividirá con facilidad”, de 30% a 8%).

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Más importante, la percepción ciudadana parece castigar al fujimorismo por una visión algo egoísta del país o por su falta de visión. En la pregunta “está buscando lo mejor para el Perú”, el porcentaje decrece de manera importante, de 31 a 16 por ciento. En lo que concierne a la visión del país (“tiene un plan claro para el desarrollo del país”), y a pesar de que Keiko Fujimori anunció que se cumpliría con el plan de gobierno desde el Parlamento, la cifra también ha bajado considerablemente, de 22% a 9%.

Un ángel, un diablo

El inmenso e indudable poder del que goza hoy el fujimorismo lo reta a medir cada paso que da y a optar por un camino coherente. Al igual que el Ejecutivo, hoy parece carecer de una visión que sustente su accionar político. Si quiere dejar algún legado, le tocara forjar una identidad sólida que trascienda coyunturas menudas y actuar consecuente.

De otra manera, el voto popular no dejará de ser ese azúcar amargo de la derrota ajustada tras la victoria abrumadora. Hacia los votantes, podría resonar entonces la tonadilla noventera de la cantante mexicana Fey: “Eres azúcar amargo / Un ángel, un diablo / Maldito embustero / Cómo duele saber que te pierdo”.

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