José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

El presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) parece decidido a vivir una ficción. No sólo se niega a asumir que su rol (ser presidente) es el más político de una democracia (aún de una defectuosa como la peruana), si no que se resiste a leer los mensajes que la realidad le envía, como si ésta se basara en simples deseos u opiniones de unos cuantos. Un afán escapista que no ayuda a brindar un entorno propicio a su gestión.

Tantas veces Pedro Pablo

Si algo ha demostrado PPK como presidente es que sus arrebatos verbales como candidato (“no ha hecho nada en su perra vida” sobre Verónika Mendoza, por citar un caso) no eran algo aislado.

Instalado en Palacio de Gobierno, Kuczynski ha acumulado una larga serie de dislates. Por ejemplo, “si quieren fumar su troncho, no es el fin del mundo, pero la droga dura sí es grave”; o “a mí francamente no me preocupa que haya un poquito de contrabando, a quién le importa eso”. También ha formulado aseveraciones sin mucho asidero. “Al peruano que va en su combi al trabajo, la política le importa un pepino”, frase refutada por un 84% de encuestados que estaban en desacuerdo con tal enunciado, según GfK.

La más reciente afirmación presidencial tiene que ver con el considerable deterioro de su popularidad (19% en agosto, según GfK). “No creo en esa encuesta. Para bajar de 32% a 19% tiene que pasar algo catastrófico. No ha pasado nada catastrófico”, dijo Kuczynski a RPP el viernes último. Para el presidente, la larga huelga de maestros no parece haber significado algo catastrófico.

Entre la soledad y el desamor

Pero aunque no lo quiera ver (“Si viviera de encuestas, estaría manejando el auto, mirando el retrovisor. Yo miro para adelante”, dijo también el mandatario a RPP), la aprobación de Kuczynski es innegablemente menor, aún entre quienes votaron por él en la segunda vuelta de 2016. Según GfK, entre agosto del 2016 y agosto del 2017, PPK ha perdido 41 puntos porcentuales entre todos los encuestados (de 60% a 19%) y 53 puntos entre los que votaron (84% a 31%), reproduciendo una tendencia muy similar, sólo alterada en el último mes.

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Haciendo las proyecciones al porcentaje alcanzado por PPK en la segunda vuelta de junio (46.9% de los votos emitidos, 50.1% de votos válidos), el desamor parece instalado entre los ‘ppkausas’. El 31% de 46.9% es 14.6%, un porcentaje aún menor que el alcanzado por PPK en la primera vuelta (17.2% de los votos emitidos).

La popularidad ja, ja

Pero la popularidad presidencial, ciertamente, es sólo uno de los varios indicadores del desempeño político de una gestión gubernamental. De hecho, algunos analistas sugieren que podrían estar sobrevalorados y que un presidente como Kuczynski, que desdeña la medición de cifras, podría atreverse a comprobar su sobrevaloración. Carlos Meléndez, por ejemplo, cree que PPK podría tener la audacia de su colega brasileño Michel Temer, que empujar ambiciosas reformas a pesar de estar aquejado, como Kuczynski, por una baja popularidad.

Una reforma para PPK

Desde el lado económico, Roberto Abusada plantea que, efectivamente, no hay razón para la “depresión colectiva”, a su juicio “injustificada”. Pero admite que “el panorama económico después del rebote del 2018 no se presenta auspicioso si no se termina la prolongada sequía de reformas que está frenando nuestro progreso”.

En vez de abocarse a varias, Abusada plantea una. “Me atrevo a recomendar al presidente empezar las indispensables reformas con la parte más potente —y quizá más fácil— de una reforma laboral: trabajar denodadamente en lograr el cambio en la interpretación que el Tribunal Constitucional (TC) ha hecho del artículo 27 de la Constitución”. Según Abusada, “el resultado de los fallos del TC ha contribuido no sólo a que el empleo informal sea la forma prevalente en que el peruano accede al trabajo sino que, dentro de lo que llamamos empleo formal, la contratación por tiempo indefinido está en vías de extinción”.

Antigobierno

Es claro que, al margen de sus cifras a aprobación, Kuczynski requiere superar el inmovilismo que la sobrevivencia trae consigo. Urge plantear reformas, que tienen innegables costos y para las que el panorama actual resulta altamente complejo. Alguien que lo conoce mucho dijo alguna vez que Kuczynski estaba encantado de ser presidente. “Lo que no le gusta es gobernar”, complementó. Como si ser virrey (“el presidente del Perú es una mezcla de gerente, administrador y virrey… El virrey asiste a los desfiles, ceremonias y misas”) fuera lo que más disfruta.

Esta entrega parafrasea el título del libro de memorias de Alfredo Bryce Echenique (Permiso para vivir), subtitulado provocadoramente Antimemorias. Ojalá lo que queda de la administración Kuczynski no recuerde su subtítulo.

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