José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

Hace menos de dos semanas, el gobierno enfrentó un incidente que concluyó con la caída del primer gabinete. Leída por muchos como un blindaje, por otros como una salida honrosa, la desprolija presentación de la cuestión de confianza que hiciera Fernando Zavala terminó de graficar los límites políticos exhibidos en sus casi catorce meses al frente de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM).

¿Qué trae la incorporación de Mercedes Aráoz al Ejecutivo, al margen de su protocolar rol como vicepresidenta?

Yo sé que no tengo palabras

Casi tan pronto asumió la gestión, Mercedes Aráoz procuró marcar distancia del estilo de su predecesor. “Que no digan que nuestros ministros no están en la calle”, dijo. Extendió esta voluntad aún fuera de Lima. Sólo en su primera semana, Aráoz salió dos veces de la capital. En Piura supervisó los avances en los trabajos de reconstrucción, mientras en que Arequipa lideró los esfuerzos de Ejecutivo por alentar el repunte de la actividad minera. Comprensiblemente, ha querido sostener que las políticas públicas planteadas en el primer año mantendrán continuidad.

Las primeras reuniones sostenidas con la bancada fujimorista han mostrado gran cordialidad, pero su llegada a PCM no era de los desenlaces más buscados por Fuerza Popular.

En un gesto que Fernando Rospigliosi (El Comercio, 23/09) y otros observadores consideran errado, Aráoz se ha apresurado a pedir disculpas por los agravios de la intensa campaña del 2016. En efecto, lo más prudente, dado todo el arsenal que se expone en momentos electorales, habría sido dejar que el tiempo haga su trabajo. En este caso en particular, mejor no tener palabras.

Tal vez lo puedan entender

Si de relanzamiento de trata, los cambios en las sillas en el gabinete no terminan de ser legibles, ya que combinan la poca novedad con el conformismo. Si bien se ha roto parcialmente la tendencia que había prevalecido en los cambios ministeriales (un ánimo endógeno), la mayoría de nuevos ministros no ha despertado gran expectativa, lo que contrasta con el aporte de Aráoz.

Los dos cambios endógenos (personas que ya colaboran con la administración) son coherentes, aunque poco audaces. En el MEF, se espera que Claudia Cooper mantenga los pilares de la política económica, planteados en el Marco Macroeconómico Multianual presentado por Fernando Zavala, de quien fue viceministra. En tanto, el regreso del congresista Carlos Bruce al Ministerio de Vivienda luego de más de una década muestra lo limitado de las opciones presidenciales.

Entre los cambios exógenos, ha primado el desconcierto. Idel Vexler (Educación) y Enrique Mendoza (Justicia) exhiben experiencia en sus respectivos sectores, pero representan, de distinta manera, un marcado cambio a lo que había planteado el Ejecutivo hasta ahora. Aunque Vexler se ha esforzado en decir que la reforma educativa continuará, lo cierto es que los matices que se planteen quizás terminen por alterarla radicalmente. En Justicia, Mendoza ha mostrado tradicionalmente posiciones muy distintas a los de su predecesora, lo que anunciaría cambios importantes en varias oficinas. Dada su limitada experiencia en gestión pública y en el sector que encabeza, es menos claro lo que se buscaba con la incorporación de Fernando D’Alessio en Salud.

Mis palabras son balas

Otra consecuencia del cambio de gabinete ha sido la reducción de actores parlamentarios. Con Aráoz y Bruce, son cuatro los congresistas que ahora son ministros, lo que ha dejado a la bancada con 13 miembros totalmente dedicados a la labor parlamentaria. Los que han dejado momentáneamente la bancada son dos de los más articulados voceros del oficialismo, lo que quizás termine por recargar las funciones de los voceros Vicente Zeballos y Juan Sheput, una oportunidad también para exponer sus habilidades retóricas.

Sólo sé que te vi salir

Donde sin duda se notará este impacto es en la Comisión de Economía, presidida por Carlos Bruce hasta su designación. La de economía es la comisión más importante de las tres que tiene el oficialismo (las otras son Justicia y Comercio Exterior), y fue presidida por la hoy premier Araoz en la legislatura previa. Quien ha tomado la posta ante la sorpresiva salida de Bruce es Guido Lombardi, a quien no se le conoce experiencia en temas referidos al sector productivo.

A mí siempre me toca perder

Aunque en los primeros días del gabinete Aráoz ha primado la calma, lo más probable es que esta situación cambiará indefectiblemente tarde o temprano, ya que la oposición tiene pocos estímulos para colaborar con un oficialismo debilitado que no termina de dejar en claro sus objetivo.

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Así también parece entenderlo la mayoría de la población. Seis de cada diez encuestados (58%) cree la relación entre Ejecutivo y Legislativo seguirá igual, mientras que sólo cuatro (37%) piensa que habrá mayor colaboración. El pesimismo pues es mayor. Como si la situación se empeñara en replicar la tonada de Vicentico y Celia Cruz: “ay viejo, en este juego/a mí siempre me toca perder”.

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