José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

Las recientes informaciones sobre los servicios que brindó la empresa Westfield Capitals a Odebrecht, del miércoles 13 de diciembre, han puesto al país en una grave crisis política. El presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) ha tenido una insuficiente reacción, anunciando que atendería en persona a la comisión congresal que investiga el caso Lava Jato, lo que claramente no supera la tensión.

A pesar de los encendidos llamados a la renuncia del presidente, y de las tempranas alarmas de diversos analistas, el desenlace está aún por verse. Lo único claro hasta el momento es que PPK y su entorno más cercano han mostrado serias falencias políticas, para un momento particularmente sensible de la historia contemporánea del Perú.

Me entró la calentura y me fui poniendo blanco como bola de naftalina

El caso Lava Jato, que tiene casi un año de haber aterrizado en las siempre movedizas arenas de la política peruana, tiene el nocivo signo de abarcar a todo el espectro político, en todos los niveles del gobierno. No es poca cosa que el presidente que inició este milenio (Alejandro Toledo) enfrente un proceso de extradición; que su sucesor (Alan García) no termine de convencer a la ciudadanía de su inocencia, a pesar de sus indudables dotes retóricas; ni que el más reciente mandatario (Ollanta Humala) permanezca en prisión preventiva.

En el caso del presidente Kuczynski, sus problemas no se traducen tanto por lo que hizo en el pasado (“un privado que se gana la vida, como lo he hecho durante mi carrera profesional, que está entrando a su año 57”, en sus propias palabras), sino por la impresión que dejan sus idas y venidas sobre el tema. Hoy su situación se torna cada vez más álgida, mientras su futuro palidece.

Caí redondo, como una guanábana

Pero si sus contradicciones eran ya un problema, la falta de reflejos que ha mostrado su entorno es también clamorosa. A las reacciones tardías de los asesores palaciegos, se sumó un gabinete silente, con la digna excepción del también congresista Pedro Olaechea, de mesurada participación en el debate parlamentario, la noche del miércoles 13. En la bancada oficialista, fue particularmente clamoroso ver la soledad del hiperactivo Juan Sheput, cuando sus colegas abandonaron el hemiciclo, tras un altercado entre Héctor Becerril y el propio Sheput.

La eventual caída del presidente no depende solamente de la decisión de sus opositores, si no de la coherencias de sus huestes.

Será la presión o me ha subido la bilirrubina

La mayoría parlamentaria, por su parte, ha aprovechado estos flancos para incrementar la presión. Si antes la voz de la disidente Yeni Vilcatoma era solitaria y aislada, sin mayor soporte, el mensaje de Daniel Salaverry fue algo más determinado, aunque evitando asumir la responsabilidad de propiciar una vacancia. “Creemos que ha llegado el gobierno que reflexione y que tome la mejor decisión pensando lo que es lo mejor para los peruanos y para el país”, dijo Salaverry.

La mañana del jueves 14, Luz Salgado matizó la posición de la bancada, aunque dejó en claro que la mayor parte de la bancada espera la renuncia del presidente. “No hay acuerdo formal, pero la mayoría está pidiendo eso, porque la situación del presidente es insostenible con todo lo que está saliendo”, dijo Salgado. Las palabras posteriores de Salaverry confirman ello: “he conversado casi con el 90% de los miembros de la bancada y todos están en la misma línea, porque además es lo que está sintiendo el pueblo peruano”.

Curiosamente, es el Frente Amplio, en las antípodas de Fuerza Popular, el primer grupo político que ha pedido debatir la vacancia, con todas sus letras. La petición incluye llamados a elecciones generales y constituyentes para la elaboración de una nueva constitución.

“¡Alguien se apiade de mí!”, grité perdiendo el sentido

La presión trasciende lo político. Los medios de comunicación de todas las tendencias y formatos buscan explicaciones claras, sin moderar el entendible ánimo por ganar primicias. Los empresarios, ya demostradamente decepcionados del presidente, se impacientan por el marasmo que aún se siente los distintos espacios, a pesar del favorable entorno internacional.

Como si fuera poco, la ciudadanía muestra cada vez más reparo frente a la figura presidencial. Un reciente sondeo de GfK, realizado en noviembre, grafica el deterioro de su imagen. Ante la pregunta sobre la posibilidad de que Kuczynski hubiera recibido sobornos de parte de Odebrecht, 3 de cada 4 encuestados (73%) creía que tal situación sí se había dado. En enero, el número era mucho menor (43%).

Percepción sobre recepción de sobornos por parte de los presidentes peruanos, desde 1990
¿Cree usted que (nombre) cuando ejerció un cargo público recibió o no coimas por parte de Odebrecht? Se incluye solo la respuesta “SÍ”

(Fuente: GfK/Elaboración propia)

Además, el incremento en el caso de Kuczynski para el periodo observado (+30) se asemeja mucho al de Toledo (+28), percibido como receptor de sobornos por 9 de cada 10 encuestados (90%).

Pero en el entorno presidencial parecen no tener sentido pleno de esto.

No me digan que los médicos se fueron

Así vistas las cosas, la única constatación clara parece ser la falta de dotes políticas para enfrentar el mayor escándalo de corrupción, desde la caída del fujimorismo.

En la campaña electoral, Kuczynski se mostró como un tipo de fortuna. Hoy se confirma carente de virtud… y de fortuna. Tormenta perfecta que le llaman. Nunca tan atinado la letra de ‘El Niágara en bicicleta‘,  el merengue de Juan Luis Guerra: “No me digan que los médicos se fueron/ No me digan que no tienen anestesia / No me digan que el alcohol se lo bebieron / Y que el hilo de coser / Fue bordado en un mantel…No me digan que las pinzas se perdieron / Que el estetoscopio está de fiesta / Que los rayos X se fundieron / Y que el suero ya se usó /Para endulzar el café”.

LinkedIn