José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

La crisis desatada por la difusión de audios que comprometen a altas autoridades de la judicatura y de la política nacional le ha dado evidencia a una creencia extendida sobre las irregularidades que suelen darse en los ámbitos judiciales. Si bien las instituciones judiciales suelen tener poca credibilidad entre la ciudadanía (como lo muestran reiteradas encuestas de opinión), es la primera vez en mucho tiempo que los desarreglos judiciales verbalizados son conocidos ampliamente, gracias al rol fiscalizador de la prensa. Pero, ¿está realmente todo podrido como invitan a pensar los repugnantes audios?

Me sobran mil razones para darme cuenta que ya te falló la cuenta

Tal invitación es persuasiva si se comprueba que se ha avanzado poco frente a la corrupción y el manejo político sistematizado heredado de las décadas previas. En tiempos recientes, el país ha presenciado esfuerzos importantes por forjar un sistema que garantice confiabilidad, como el trabajo de la Comisión Especial para la Reforma de la Administración de Justicia (Ceriajus), entre 2003 y 2004, o reformas garantistas como la implementación del nuevo Código Procesal Penal desde julio de 2006.

La realidad, bien patentada por el vacío e inocuo Acuerdo Nacional por la Justicia de noviembre de 2016 brinda mil razones para que el escepticismo se instale, al perder la cuenta de todas las iniciativas emprendidas sin ningún resultado. De hecho, otra idea de tiempos recientes, la Comisión de Alto Nivel Anticorrupción, es actualmente presidida por el renunciante Duberlí Rodríguez, todavía cabeza del Poder Judicial.

Ese pañuelo negro que cubre tu cara que quiere tapar la fachada

La constitución de la comisión Wagner, la semana pasada, levantó severas críticas de sectores que identificaron un sesgo político. Pero son cuestionamientos excesivos si se ve la trayectoria de Allan Wagner como servidor público, siendo su rol más destacado el de líder del equipo peruano en la disputa diplomática con Chile, zanjada en La Haya.

Lo que sí vale la pena ver con atención son las visiones interesadas de la realidad, que suelen creer que la administración de justicia es buena cuando sanciona a un rival político y mala cuando lo absuelve. Al formular sus recomendaciones, la comisión Wagner debe procurar alejarse de tener sesgos, esos pañuelos negros que cubren fachadas según sus intereses.

Que si te vieron por aquí, que si te vieron por allá

Por lo demás, y evitando aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”, es propicio poner el tema en perspectiva comparada y constatar que el Perú no es el único país de la región que afronta un problema similar. La falta de independencia judicial es algo que se ve por aquí y por allá.

El reporte del World Economic Forum (WEF) sobre independencia judicial más reciente ubica al país al mismo nivel que Colombia o México, aunque rezagado respecto a Chile. Comparado con los extremos (Finlandia y Venezuela como más y menos independiente, respectivamente), el Perú y la mayor parte de sus aliados se ubican más cercanos a la falta de independencia, una situación que deben mejorar con prontitud.

Pregunta: En su país, ¿qué tan independiente es el sistema judicial de las influencias del gobierno, los individuos o las empresas? (1 es nada independiente y 7 es totalmente independiente)

Desde las alturas ya no te puedo ver

El debate se ha centrado en las alturas, ya que el escándalo involucra a un juez supremo y a la totalidad del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). Ello, sin duda, invita al desaliento y nubla la mirada, ya acortada desde las alturas.

Vale la pena, por ello, poner la vista en los operadores judiciales que han realizado su trabajo, a riesgo de su propia integridad. Sin duda el rol más destacado es el que jugaron el juez Cerapio Roque Huamancóndor y la fiscal Rocío Sánchez, quienes hicieron posible las escuchas legales que hoy desnudan la corrupción.

Tanto tiempo perdí gastando tinta y papel

Es aún incierto si el escándalo tomará mayores dimensiones. Pero sin duda el sistema de justicia parece haber tocado fondo. Es hora, pues, de dejar de mirar sólo a las alturas y ver el sistema en su integridad. La opinión pública seguramente apoyará los pasos decididos que se tomen. Forjar un sistema ajeno a las presiones políticas es quizás muy ambicioso, pero la historia juzgará con gratitud a quien se atreva a iniciar la titánica tarea. Para hacerlo, mejor alejarse de las posiciones interesadas, a uno y otro lado del espectro político.

En esta circunstancia, recordar el lamento de Manolito y su trabuco quizás sea de gran utilidad: tanto tiempo que perdí gastando tinta y papel / para ahora venir a ser sólo un juguete de ti, de ti.

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