José CarlosRequena
Riesgo político Por José Carlos Requena

Con el pasar de los días, y a pesar del claro repunte en los sondeos de opinión, el entusiasmo por la democracia plebiscitaria planteada por el presidente Martín Vizcarra parece haber decrecido. De ello dan fe las pocas adherencias que despiertan algunas de sus propuestas y el silente acompañamiento de la mayor parte del gabinete Villanueva.

De los limitados recursos con los que contaba el presidente para hacer política, recurrir directamente a la población se presentaba como el menos oneroso y también el más seductor. Pero no será fácil mantener el ánimo ciudadano a tope.

Frío frío, como el agua de río

El pueblo, que hoy parece haber recuperado algo de fe en el presidente, se muestra apático. Aunque Vizcarra y algunos voceros gubernamentales se refieran al “clamor ciudadano” que espera reformas, lo cierto es que tal pedido aún no se traduce en un hecho tangible. De hecho, hasta hoy no se ha visto una multitudinaria manifestación en apoyo al referéndum. La población anda más calmada que agua de arroyo.

O caliente, como agua de la fuente

El debate, en cambio, se ha tornado caliente. El más reciente episodio ha sido la tardía reacción de quien lidera, al menos formalmente, la oposición. Keiko Fujimori volvió a usar sus redes sociales para replicar, algo extemporáneamente, las propuestas del presidente Vizcarra. Las palabras de Fujimori anticiparon la gran calentura que puede llegar a adquirir el debate. Una temperatura que puede modularse según la voluntad lo diga, como en las llaves de una grifería.

Tibio, tibio, como un beso que calla

El marcado repunte de Vizcarra en los sondeos de opinión (+11 puntos porcentuales entre julio y agosto) ha causado gran entusiasmo en círculos oficialistas. No les falta razón: es una recuperación inédita en los jefes de Estado elegidos desde 2001 durante los cinco primeros meses en el cargo. A estas alturas, la aprobación de todos los demás presidentes había empezado ya su tendencia decreciente; solo con Alan García este indicador se había detenido.

Solo observada la cifra final, sin embargo, el panorama es menos auspicioso. En la medición del quinto mes en el cargo, Vizcarra (46%) solo supera a Alejandro Toledo (30%) y tiene una aprobación similar a la de Pedro Pablo Kuczysnki (48%) y Ollanta Humala (47%). En el mismo plazo, García presentaba la mayor aprobación (52%).

Puesta en perspectiva, la situación de Vizcarra tiene esa sensación de agua tibia, sin que quede claro aún si tal estado se acerca más a la frialdad o la calentura.

Y se enciende, si es que acaso le quieres

El impulso que le quiere dar Vizcarra al tema parece carecer, por ahora, del soporte político necesario para hacerlo llegar a buen puerto. Tanto la bancada como el gabinete muestran un tímido respaldo, con voces aisladas que no terminan de consolidar un coro armónico. Como todo en política, en el actual debate sobre la reforma, la voluntad jugará un rol importantísimo. Que el debate se termine de encender depende de que los actores políticos se decidan, y de que Vizcarra responda los gestos.

Y sin saber, es una vía láctea

Lo complejo de la iniciativa gubernamental es la incertidumbre de la consulta popular y las gestiones previas. De alguna manera, el gobierno se jugaría todo su prestigio en las negociaciones y las urnas. Todavía el Congreso tiene cierto control de la situación, ya que las propuestas serán debatidas en la Comisión de Constitución y en el Pleno. No hay certeza de que el trámite no tenga sobresaltos. Aún si se avanzara dentro de la planeado, las urnas pueden dar la espalda a los planteamientos del gobierno, lo que lo dejaría en una posición muy incómoda.

Por otro lado, de ser exitoso el resultado, el gobierno podría enfrentar presiones por poner otros temas a consulta. Sin saberlo, el debate podría terminar convertido en una suerte de vía láctea política: una galaxia de intereses y expectativas, ante la que poco se puede hacer.

Átame al pulgar derecho de tu corazón

Vizcarra ha optado prontamente por uno de los pocos recursos con los que contaba. Es legítimo. Lo que le toca a él y a su entorno es dimensionar las reales responsabilidades que tal decisión entraña. De otra manera, corre el riesgo de honrar ante el pueblo la tonada del sumiso enamorado que Juan Luis Guerra reseña en su canción Frío, frío: “Tu amor me parte en dos el occidente/ Me clava de repente / Y me convierte en masa que se amolda / A una ilusión ardiente / Dime si mastico el verde menta de tu voz / O le pego un parche a mi alma / Átame al pulgar derecho de tu corazón / Y dime como está mi amor en tu amor”.

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